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Me quedo en el pueblo

Ekai tiene capítulos pendientes

Lastrados por la covid, Jesús Rebollo e Isabel Leache resisten en el bar que abrieron los abuelos en 1978, al que ellos sumaron restaurante y hotel

Jesús Rebollo e Isabel Leache, el viernes, frente al restaurante y hotel Ekai.
Jesús Rebollo e Isabel Leache, el viernes, frente al restaurante y hotel Ekai.
Actualizada 21/03/2021 a las 06:00

La historia del hotel Ekai se edificó por despacio, con muchas páginas asentada en las raíces, y a la que le faltan aún capítulos por recorrer. La pandemia ha sido protagonista inesperada e inoportuna de uno demasiado largo y con tintes ásperos hasta las lágrimas, pero no quieren que sea el punto final a 43 años, al esfuerzo de dos generaciones en un concejo de 84 vecinos censados en la huella del aserradero del Irati; un hórreo, joya de la arquitectura civil; la iglesia románica y sus pinturas murales.

En Ecay de Lónguida hubo una venta. La recuerda de niña Isabel Leache Goñi, 62 años. Sería parada de trabajadores y de viajeros soñadores un poco como los que describía Cela en su ‘Viaje a la Alcarria’. Isabel es la cuñada de Jesús Rebollo García. Él nació en Pamplona y vivió veranos y domingos felices en Ecay, el pueblo de su madre, con la abuela Toribia Alzórriz. Contaba 12 años cuando sus padres, Luis y Alicia, abrieron un pequeño bar junto a la antigua venta. Era 1978. Jesús estudio Periodismo, su hermano José Luis, el marido de Isabel, Derecho, los dos ayudaban en casa fines de semana y veranos, se criaron entre pucheros y mesas. Cuando a los padres les llegó el retiro hubo que decidir y Jesús se quedó, en el pueblo y tras la barra del bar. Le acompañó en la aventura Isabel, en la cocina, con los guisos que aprendió de su suegra y de la tía Charo. La cocina lenta que aún conservan. “Lo que sabemos hacer”, atajan sin alharacas ni adornos baldíos. Era 1989. En el 96 construyeron la planta baja del restaurante actual. Un año después, la primera, con un hotel de doce habitaciones y más tarde, la segunda, con otras ocho alcobas. Emprendieron entretanto otros caminos, abrieron en 2000 un restaurante en el polígono de Aoiz que debieron cerrar a los trece años lastrados por la crisis. Y un restaurante en Oroz Betelu. “Pero la vida es muy distinta al otro lado del túnel de Nagore, el mal estaba hace 30 años... y sigue ahí”, se refiere Jesús, 54 años, a la despoblación. Y no quiere que sea mal endémico.

Atienden unos apartamentos turísticos en Aoiz, han cincelado, en fin, una vida arrimada a la tierra y a quienes la visitan, que ahora son gotas en un mar. “En 2020 facturamos un 50% menos. Este año las cosas van.... con el cierre perimetral no hay clientes en el hotel. Y tiene gracia que los franceses puedan cruzar la frontera sin problema y no puedan venir del País Vasco o la Rioja”, sostiene Jesús el sentir de los 20 hoteles con encanto asociados en Rekrea en Navarra, “con la misma filosofía e idénticos problemas”. En el restaurante, con el aforo al 30% y las medidas en vigor, cada nuevo día es un rompecabezas. “Hacemos lo que tenemos que hacer, respetar la norma”, salvan como pueden la raquítica línea.

Isabel y Jesús emplean a veinte personas, la mayoría mujeres del valle de Lónguida y de Aoiz, que llevan años con ellos. Pero la pandemia dibujó demasiados ERTEs. “Todos menos tres tuvieron que quedarse en casa, las hemos ido rescatando y ahora restan cinco”, detalla Jesús que “las ayudas no llegan y los gastos, todos”. “Proponen créditos ICO, pero eso es pan para hoy y hambre para mañana y volver a endeudarte para salir adelante”, considera.

En el hotel las habitaciones esperan huéspedes, entre semana llegan algunos trabajadores, pero el cierre de Gamesa resultó “brutal”. El discurso de Jesús es pesimista, pero hilvana un hilo de esperanza, de que con alguna ayuda, puedan mantener el equilibro de un modo de vida rural. “El problema es que uno va cumpliendo años y hace falta relevo”, explican que en casa, de momento no lo tienen.


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