Sangüesa
Los tesoros de hojalata de Nicolás Navallas
El artesano sangüesino expondrá en la casa de cultura sesenta piezas manufacturadas en su taller durante el confinamiento. Elementos habituales en los hogares hasta la década de los cincuenta, cuando el plástico desterró el uso de la hojalata


Actualizado el 11/12/2020 a las 06:00
Vitalidad, alegría, ingenio y habilidad. Son cuatro palabras que definen muy bien a Nicolás Navallas Martiz. Sangüesino “de toda la vida” que acaba de cumplir los 96 y que es pura actividad. “Yo, desde que me jubilé, no he perdido el tiempo”, asegura con rotundidad en su taller de la calle Santiago, donde en ese momento de su vida retomó la que es su verdadera pasión: el oficio de hojalatero en el que se formó de chaval y que tuvo que abandonar en torno a 1950, “con la llegada del plástico”, para dedicarse a la fontanería. Rodeado de verdaderas joyas artesanas creadas por él mismo en las últimas décadas, “todo piezas únicas”, desde recreaciones a pequeña escala de monumentos locales, a cántaros o faroles como los que se empleaban antaño, ahora se dispone a mostrar su labor en la casa de cultura.
‘Las cosas de Nicolás. Exposición de hojalatería’ estará abierta del 17 de diciembre al 10 de enero y mostrará sesenta piezas de hojalata creadas por Navallas durante el confinamiento primaveral por el coronavirus. “Se me hizo casi corto, había mucho donde trabajar”, asegura con ironía, concediendo, eso sí, que lo que más echó en falta fue poder salir a pasear cada mañana una hora al amanecer, o a acudir a la misa diaria.
Además de las herramientas del maestro hojalatero, en la muestra se podrán ver piezas hoy de etnografía, pero que se empleaban hasta hace no tanto en los hogares. Entre ellas, medidas de vino, cántaros de leche, bebederos de gallinas, caloríferos para calentar las camas, marcas para la masa de pan que se llevaba a hornear al panadero o faroles de carro. Todo de hojalata. Y, cada una, vendrá acompañada de una explicación con su nombre y el uso que tenía.
Nicolás Navallas, que fue aprendiz de hojalatero con Ricardo Estabolite, conserva un cuaderno de su puño y letra, fechado en 1945, con plantillas y medidas de los utensilios más habituales que se encargaban por aquel entonces. “En cuanto aprendí el oficio, me puse por mi cuenta, aunque eran los tiempos de la posguerra y no resultó fácil. Estaba todo racionado y era muy complicado conseguir material, como chapas de zinc, o gasolina”, rememora. “Ganaba 7 pesetas a la semana”, añade.
Viudo de Esther Echarte, de Gallipienzo, a quien visita cada mañana en el cementerio, Nicolás Navallas tiene 4 hijos (Javier, Agustín, Ángel y Esther) y 6 nietos. Ha vivido siempre en Sangüesa, donde es muy conocido por su carácter afable, y suma amigos de todo el mundo gracias a la especial ubicación de su taller, junto a la iglesia de Santiago, que (salvo este año) siempre tiene las puertas abiertas.
“A esta bajera se han adentrado cientos de turistas y peregrinos del Camino de Santiago. A alguno, además, toca ayudarle, orientarle o darle un café caliente, y quedan encantados. Tengo infinidad de postales de agradecimiento”, asegura, mostrando una amplia carpeta con algunas llegadas de Chequia, Venezuela o hasta las Islas Mauricio.
OBRAS DE ARTE
El taller de Nicolás Navallas, en el que se trabaja “todo el año” y que “solo se recoge un día, el 11 de septiembre, para el almuerzo del cohete de fiestas”, es un pequeño museo lleno de obras de arte únicas. Mediante el trabajo manual de la hojalata, el cobre, el zinc o el plomo, la estancia atesora piezas que impresionan al visitante como un Belén que recrea, al estilo de una maqueta, la Sangüesa de los siglos XII-XIV, con su muralla medieval, el Castellón en el monte de Santa Margarita o la gran noria junto al batán próximo a la ermita de la Nora. “Fueron 2 años de trabajo, todo en plomo e historiado. Lo empecé con Esther, pensando en los nietos”, repasa.
Asimismo, en la estancia se diseminan piezas tan especiales como un cántaro de cobre que incluye en su interior réplicas de las torres y espadañas de las ermitas locales, o un libro también de cobre que contiene a pequeña escala todos los monumentos locales. Asimismo, pueden admirarse recreaciones en plomo de monumentos sangüesinos de gran tamaño, como la casa consistorial, el arco de Carajeas o la iglesia de San Salvador, así como rincones locales en los que se ha representado a lo largo de la historia el Misterio de Reyes. Y también, como aficionado que es, confeccionó una serie de detalles taurinos.
“No he vendido nunca nada, y eso que me han ofrecido cantidades importantes. Son piezas únicas. Solo he regalado algunas, sobre todo a la familia”, repasa Navallas. Asimismo, y de forma altruista, ha trabajado para dotar por ejemplo de cascos y corazas a los romanos de la procesión de Semana Santa de Pamplona, o de faroles a las de Artajona, Aibar o Peralta. También realizó cofres, cálices y coronas para el Misterio de Reyes local. “Con los agradecimientos o que ofrezcan misas por la mujer me doy por pagado”, sentencia quien, de reojo, mira al lema que preside una de las paredes de su taller: ‘Mi sueño es morir joven con una edad muy avanzada’.
