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Cáseda

San Zoilo, ermita con marca

Hasta 133 marcas de cantería diferentes ha registrado y analizado el investigador Simeón Hidalgo Valencia en las piedras de la ermita de San Zoilo de Cáseda. Un estudio que ahora ve la luz a través de un libro que se apoya desde la localidad.

Desde la izda.: Simeón Hidalgo Valencia, autor de la publicación, y Luis Sola Pérez, vicepresidente de la Asociación Cultural Ermita de San Zoilo de Cáseda.
Desde la izda.: Simeón Hidalgo Valencia, autor de la publicación, y Luis Sola Pérez, vicepresidente de la Asociación Cultural Ermita de San Zoilo de Cáseda.
Actualizada 07/10/2020 a las 06:00

Estaban ahí. A la vista. Unas más accesibles, otras más escondidas. Los sillares de la ermita de San Zoilo de Cáseda atesoran cientos de marcas de cantería. Puntas de flecha, luceros de 6 u 8 puntas, cruces griegas, triángulos, patas de oca, escuadras... Símbolos grabados en la piedra durante la construcción de este templo gótico que buscaban enviar un mensaje y que ahora el investigador Simeón Hidalgo Valencia ha registrado y analizado en un estudio que ha sido publicado gracias al impulso local.
“Teníamos una deuda pendiente con la historia. En San Zoilo, todo el que tuvo algo que ver con su construcción dejó su impronta en la portada (Luis Hutín, el obispo Barbazán...), pero los grandes olvidados eran los canteros que manufacturaban las piedras, y que se significaron dejando marcas. Ahora, gracias a Simeón, esta deuda queda saldada”. Así lo reconoce Luis Sola Pérez, vicepresidente de la Asociación Cultural Ermita de San Zoilo de Cáseda, que ha promovido la publicación del libro ‘Las marcas de cantería en San Zoilo de Cáseda’, obra financiada por el Ayuntamiento.

El libro se vende en el consistorio y comercios casedanos a 10 euros. “Ha quedado magnífico, y además aporta sorpresas. Se pensaba que las marcas de cantería eran para cobrar por piedra realizada, pero el autor apunta otras posibilidades”.

Simeón Hidalgo, de 71 años, es conocido por su pertenencia a la junta de la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa y por haber publicado más de una decena de libros, esencialmente sobre patrimonio. “Este trabajo sobre San Zoilo lo hice en parte en 2012 y 2013, y ahora lo he ampliado y rehecho. Llevo 30 años centrado en las marcas de cantería, podría decirse que es mi tema”, asegura quien en 2009 ya publicó el libro ‘Canteros románicos por los caminos de Navarra’.

 

MARCAS MAYORITARIAS

Para realizar este trabajo, Valencia dedicó una semana a labores de observación de los sillares de San Zoilo, apuntando las marcas encontradas por cada zona del templo. “Están tanto dentro como fuera, y para las partes más altas empleé fotografías que luego ampliaba”.

Afirma Hidalgo que San Zoilo (siglos XIV-XV) “es bastante particular frente a otros edificios” que ha estudiado. “He encontrado 1.084 sillares marcados con un total de 133 marcas distintas. Hay 8 marcas mayoritarias, y la mayoría de ellas se repiten a lo largo del tiempo que duró la construcción”, repasa.

“Es curioso, porque una minoría de marcas aparece en la mayoría del trabajo, mientras que la mayoría de marcas de San Zoilo aparecen solo una vez. Eso va contra la teoría de que las marcas se harían para cobrar por piedra labrada, pues de ser así, algunos cobrarían muy poco”, argumenta.

De todas las analizadas, la marca más recurrente, “encontrada en 188 sillares distintos”, refleja una punta de flecha. “Dejando de lado la teoría tradicional del cobro, podría analizarse que es una marca que busca ofrecer protección, pues esencialmente se encuentra en las zonas norte y oeste del templo, las que de forma simbólica refieren, respectivamente, a la oscuridad y al ocaso o la muerte”, apunta.

En su estudio, Simeón Hidalgo ha comparado las marcas de San Zoilo con las de otros edificios que también había analizado, confirmando que “hay ciertas marcas que se repiten”. “Entre ellas, la escuadra, la equis, la flecha sencilla, el lucero o estrella de seis...”. En el libro, por ejemplo, se comparan las existentes con las de otros edificios de diferentes épocas constructivas como el Monasterio de la Oliva, el Monasterio de Fitero, el palacio de Tiebas, la iglesia de San Saturnino de Artajona, el palacio de Olite o el palacio real de Pamplona, hoy Archivo General. “Yo tengo mi listado de las 50 marcas más comunes en edificios históricos. Y, por ejemplo, la Oliva y San Zoilo tienen 20 marcas comunes”, dice.

Asimismo, remarca el autor que “algunas aparecen ya en los petroglifos (diseños simbólicos grabados en rocas) de hace 10.000 años, y están por todo el mundo”. “Por eso, huyendo de las tesis tradicionales, concluyo que las marcas de cantería no eran simplemente para que el cantero cobrase un trabajo, o para señalar los sillares que financiaba una familia, como también se dice”, expresa. “Más bien considero que pudieran tener un perfil simbólico, como protección por ejemplo, aunque se desconoce su significado real. Hay que abrir el abanico, comparar mucho... Es un mundo muy rico que desconocemos y poco a poco lo vamos desencriptando”.

Resalta también que “el tamaño de las marcas era más grande en el románico que en el gótico posterior”. “En San Zoilo, por ejemplo, hay 49 ‘eles’ grandes, que podrían ser de un edificio románico anterior, lo que confirmaría que sí hubo una iglesia previa a la gótica”, dice. Asimismo, en el libro se recogen las marcas de cantería del puente medieval (“más antiguas”), de la iglesia parroquial (“hay pocas”) y de la casa del antiguo hospital.

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