LIBRO

Un libro recoge la historia de las fiestas de la Rochapea desde el s. XVI

  • Bernardo Apesteguía publica su primer libro tras casi 40 años de investigación

Bernardo Apesteguía sentado en el puente de Santa Engracia, con el de Oblatas, detrás.
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Bernardo Apesteguía sentado en el puente de Santa Engracia, con el de Oblatas, detrás.eduardo buxens
Bernardo Apesteguía sentado en el puente de Santa Engracia, con el de Oblatas, detrás.

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pilar fdez. larreaPamplona

Actualizado el 26/12/2014 a las 06:00

“A todo el que se haya sentido alguna vez rochapeano” dedica su libro ‘Historia de las Mecetas de un barrio. Siglo XVI-1950”, Bernardo Apesteguía Domaica. La obra se acabó de imprimir en Pamplona el lunes y recorre en 317 páginas pasajes de las fiestas de la Rochapea, de cuando se asemejaban más a las de la Cuenca que a las de la ciudad. Entiende el autor que por el efecto frontera de las murallas. Y de ahí mecetas, de mecetear, de mozo, de muete, del nombre que se daba a las fiestas en los pueblos.


Bernardo Apesteguía, 61 años, lo confiesa y, además se le nota, está enamorado de su barrio, de la Rochapea. Llegó a él con 2 años, hasta entonces vivió en Cirauqui, de donde era su padre. Su madre es de Berriozar, “muy cuenca”. Vivieron en Santa Engracia primero, en El Salvador después y sólo guarda buenos recuerdos de una infancia en la que las madres les mandaban a jugar a la calle hasta el oscuro. De esa época y de tantas otras recoge historias el libro que presentó el martes en la Peña Rochapea, de la que fue uno de los fundadores en 1979 y donde ahora es socio número 1. La obra quiere ser la primera de una colección que ha bautizado como ‘Jus la Rocha/Rochapea/Arrotxapea’. Trabaja ya en el segundo tomo del mismo tema (1951-2015) y tiene en mente otras dos, ‘Iglesia y Escuelas del Ave María’ y ‘El deporte en el barrio (siglo XX)’. Pero habrá muchas más. De eso no tiene duda. Porque los libros son, en fin, el fruto de años de investigación centrada en el barrio. Lleva casi cuatro décadas enfrascado en una afición que, de algún modo, sus vecinos comparan con un Síndrome de Diógenes. “A mí no me gusta tirar nada que tenga relación con el barrio: cualquier papel, documento, foto antigua....todo lo guardo”. Y así, “como una hormiguita”, ha hecho un legado de un barrio que ahora suma 28.000 vecinos entre las vías del tren y el cauce del Arga.


Apesteguía es electricista, autónomo con más de 40 años de vida laboral. Todavía le queda camino hasta la jubilación. Pero, igual que hasta ahora, invertirá buena parte de su tiempo de ocio en los archivos, en el Diocesano y en el General de Navarra, sobre todo, concentrado en la historia menuda de la Rochapea y sus gentes. La que contaban las crónicas y también la que le han transmitido los vecinos. Recogió el testimonio de muchos, algunos ya fallecidos, como Epifanio Aldunate, conocido vecino de la calle Errotazar y uno de los rostros que ilustra la portada del libro, en una imagen de 1928 donde aparece con otros hijos de hortelanos, como él. Otras 120 fotografías ilustran el interior, muchas son antiguas, y una veintena, obra de Alberto Crespo.


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De alguna manera, Bernardo, Berni para sus vecinos, comparte con ellos años de hemeroteca y archivos. “A mí es lo que me enseñaron mis padres de crío, a compartir. No es más que eso”, considera. “Este primer libro, con unos 40 anexos, se puede decir que es historia pura y dura, no hay colaboraciones, salvo algún testimonio, pero para los siguientes tengo pensado pedir ayuda a unas 25 personas rochapeanas” anuncia. La obra está desde el martes en librerías del barrio, y en algunas del Casco Antiguo y el Ensanche.


Entretanto, seguirá colaborando, como desde hace casi dos décadas, con la revista Ezkaba, donde escribe artículos de perfil histórico bajo el seudónimo Bad. “Es malo en inglés, pero en realidad son mis iniciales”, sostiene entre risas. Subraya Apesteguía la labor de esta publicación. “Sólo la vocación puede permitir que salga adelante todos los meses y van ya 9.500 números”, apunta.

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