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San Fermín de Aldapa

Y San Fermín txiki se hizo grande

La Comparsa de Gigantes y Cabezudos cumplió con su visita al Casco Antiguo, inmerso en una tarde de fiesta con música y mucha gente

Actualizado el 29/09/2019 a las 08:28
¿El buen tiempo? ¿Ganas de fiesta? ¿Un programa trufado de actividades? Lo cierto es que los 27 grados de temperatura y los escenarios al aire libre -en Navarrería, la calle Carmen y, para la Pamplonesa, en la plaza del Ayuntamiento- hizo que este sábado, 28 de septiembre, San Fermín de Aldapa, el txiki, se celebrara a lo grande. Calles cuajadas de gente y no sólo para ver la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, que arrastraba a su propio gentío en el recorrido que desde las seis y media de la tarde hizo por el Casco Antiguo.
Tras sus pasos, las familias con los más pequeños mientras que los jóvenes disfrutaban de los bares, la calle y la música en vivo. Y para quienes buscaban más quietud, a partir de las ocho de la tarde, se contó con el concierto de La Pamplonesa bajo la batuta de Jesús Garísoain. El subdirector de la banda regresaba así a un escenario al que hace casi tres meses despertó a la fiesta de San Fermín.
La comparsa había irrumpido en la ciudad una hora y media antes, cuando salió de su sede de la estación de autobuses a las cinco de la tarde. “Nunca nos falla la gente”, comentaban desde la formación, que ayer contaba con 60 personas encargadas de portar a los gigantes, zaldikos, cabezudos y kilikis junto a 27 gaiteros. Y entre ellos estaba Susana Sánchez de la Majestad Serón, cargando con un zaldiko. “He entrado este año en la comparsa así que todo es nuevo para mí. Quise formar parte porque me considero de Pamplona de pura cepa y esto es inimaginable. Lo estoy viviendo y disfrutando a tope”. Y ya tiene una primera fecha especial: el 11 de julio de 2019. “Ese día todas las chicas de la comparsa bailamos a los gigantes”.
Cerca de ahí, Amaia Aranguren Aramburo, de 2 años, se reía a carcajadas. Y era de las pocas niñas tan pequeñas que lo hacía en un frente a frente con Caravinagre y a pesar de que el kiliki le daba con la verga en la cabeza. “Es que ya está acostumbrada a venir y le gustan mucho, como a mí”, decía Iosu Aranguren Garralda. “No, a quien le gustan más es al aita, ¿a qué si Ione?, preguntaba la madre Usue Aramburo Lecumberri, a lo que la pequeña asentía. “De hecho, no nos movemos de aquí hasta que consigue que le pegue el kiliki”, añadía ella entre risas.
Una afición compartida por Nicolás Bandrés Juanarena, de 5 años y disfrazado del gigante africano. “Pero vamos, que le daría igual cualquier otro porque es un forofo de los seis”, explicaba su padre Roberto Bandrés Soto, mientras la madre del niño, Rosa Juanarena Echeverz asentía. “Es que ya no son sólo los de Pamplona; vamos también a los barrios de Pamplona y hasta a pueblos de la comarca para ver sus comparsas. Es debilidad lo que tiene”, decía la pareja.
Y el pequeño, aprovechaba que la comitiva se había parado en la calle Aldapa para meterse bajo las faldas de los gigantes. Otros arrastraban a sus padres para que les hicieran unas fotos y los que estaban en los bares salían para hacerse un “selfie” con el kiliki más cercano. Hasta reponer fuerzas para interpretar un vals, como ya antes lo habían hecho a la altura del Gayarre, en la calle Dormitalería y en el Caballo Blanco.
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