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Calles con nombre propio

San Miguel, la calle de los históricos

Será una de las calles más pequeñas del Casco Antiguo, pero de las pocas que ha sabido conservar el comercio tradicional de toda la vida. Comercios que rozan los cien años y que la gente los elige porque saben que allí estará lo que buscan

Desde la izda., Román Zazpe Garijo, Maite Romero Cunchillos y Pedro José Valencia Ollo, de Ferretería Irigaray
Desde la izda., Mª Carmen Acarreta Serrano y los hermanos Mª Carmen y Antonio Irizibar Martínez, de Droguería Emilio López.
Actualizada 18/06/2020 a las 08:25

"Somos esa droguería antigua de siempre, donde se puede encontrar de todo”, explica Antonio Irizibar Martínez, de Droguería Emilio López S.L, que inició su andadura en 1905 y de la que la familia Irizibar cogió las riendas hace una treintena de años. Desde un champú hasta el pincel más fino para pintar, el abanico es tan amplio que sólo se puede equiparar en internet. “Y ahí está el problema. Con la crisis sufrimos como todo el mundo, pero la venta on line nos ha destrozado porque la gente encuentra de todo en cualquier sitio”, explica Antonio, que también achaca un 5% de pérdida de ventas por los cambios de tráfico en el centro. “En artículos de Bellas Artes hay grandes piezas en las que el cliente necesita coche y aunque se ha explicado lo de los pases, al final la gente busca la comodidad”. ¿El secreto para mantenerse tantos años? “Pues la amplia oferta porque trabajamos Bellas Artes, temas de campo, perfumería... Y asesoramos desde como quitar una mancha al tipo de planta que mejor se adapta a un jardín”.

“Como Irigaray, no hay”, dice Pedro José Valencia Ollo, empleado en esta ferretería abierta en 1877. “Esa es una rima que se ha dicho mucho de nosotros porque aquí la gente sabe que tenemos de todo. Para combatir las grandes superficies y la venta online te tienes que especializar en esos productos difíciles y ofrecer asesoramiento. Por eso nos viene tanta gente de Pamplona como de los pueblos, saben que de aquí no se irán con las manos vacías”. Pedro José, tras el escaparate, considera que sigue siendo una calle de trasiego. “Estamos en una encrucijada en el Casco Viejo y eso se nota”, dice en referencia al trazado de San Miguel que une la plaza de San Francisco de Asís con el paseo Sarasate atravesando la populosa plaza de San Nicolás.

En Alimentación Torrens celebrarán el siglo este mayo y lo harán las propietarias desde hace siete años, Iranzu Iriarte Amigot y Carmela Catalán Díaz. “Cuando se jubiló el dueño, como lo conocíamos y estábamos en paro, le propusimos arrendar el negocio. Ya sabíamos donde nos metíamos. El ser autónomo es meter muchas horas para tirar hacia adelante y buscar este toque especial para diferenciarte de la competencia”. En su caso buscan productos de pequeños agricultores. “O tener la oferta en el momento justo. Así, en la matanza hay pimentón y el txantxigorri siempre a punto para tortas”. Y eso hace que su clientela no sólo sea la del barrio de toda la vida, y ahora sus hijos, también del resto de la ciudad y de pueblos.

Una especialización que igualmente ha convertido en sello de la casa Mariángeles Carmona Campal, en su mercería San Miguel, abierta hace 22 años. “Además de la venta, hacemos todo tipo de arreglos, desde un paraguas, pasando por un bolso y de ropa. Y eso provoca que tu clientela no sólo sea del Casco Antiguo, también del resto de Pamplona y de los pueblos. El pequeño comercio se tiene que especializar para sobrevivir, pero también es muy sacrificado porque no sólo son las horas de venta al público, están aquellas otras en casa para los arreglos”. Y variedad. “Viene gente de otros lugares que les aconsejan entrar aquí. Seguro que lo tienen, les dicen. Y sí, lo tengo”, ríe.

 

LIGADA AL HOSPITAL

La calle San Miguel debe su nombre al hospital así denominado situado en la esquina con San Gregorio y del que ya existen datos en el siglo XIV, según indica José Joaquín Arazuri en su libro Pamplona, calles y barrios. También era una calle donde en el siglo XVII los varones pobres disponían de una cama y, justo al lado, doce viudas ofrecían por caridad alojamiento gratuito.


CASA VICARIAL

A partir del siglo XVIII ese hospital se convirtió en casa vicarial. Hay datos que hablan de un estado ruinoso en 1751, por lo que el vicario vivía en una casa frente a la parroquia de San Nicolás, propiedad del Monasterio de Leyre. El edificio pasará a manos particulares en 1891, cuando lo compró Martín Irigaray en pública subasta por 25.000 pesetas. Así comenzaba uno de los negocios más longevos de Pamplona, Ferretería Irigaray.


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