La amabilización abarrota de coches la Rochapea y apenas se puede aparcar

  • El Ayuntamiento se plantea implantar zona azul, aunque los residentes demandan soluciones sin coste
  • Vecinos urgen al consistorio una solución por las consecuencias del efecto frontera con el casco viejo

La amabilización abarrota de coches la Rochapea y apenas se puede aparcar
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La amabilización abarrota de coches la Rochapea y apenas se puede aparcarJosé Carlos Cordovilla
La amabilización abarrota de coches la Rochapea y apenas se puede aparcar

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Noelia Gorbea

Actualizado el 20/01/2018 a las 06:00

Faltan minutos para las nueve de la mañana y Maitane Azpíroz Eseverri, vecina del barrio de la Rochapea desde hace ocho años no sabe qué hacer. Se debate frente a la ventana del cuarto de uno de sus hijos, que ya está en el colegio. Toca ventilar. El olor de la noche se concentra en la habitación y se expande por el pasillo. Gira la manilla y el ruido que entra a raudales por el resquicio se vuelve un tormento, afirma. Día tras día, desde que el Ayuntamiento de Pamplona puso en marcha el Plan de Amabilización en el centro de la ciudad.

Desesperada y a la espera de que el consistorio revele qué decidirá como solución a los problemas del barrio, entre los que se encuentra la posible implantación de la zona azul para fomentar la rotación de vehículos, Maitane descuelga el teléfono.

“Necesitamos una solución ya, no podemos esperar porque la situación en el barrio cada vez es peor”, indica a la interlocutora, periodista en Diario de Navarra.

Pero su caso no es el único. Una visita matutina a calles como Río Arga, Bernardino Tirapu, Juslarocha o Errotazar confirma la complejidad de encontrar hueco para estacionar. Y mientras un coche circula para aparcar, el reloj sigue adelante, al igual que el depósito de la gasolina y la emisión de gases contaminantes. Una vuelta. Otra. Y va la tercera sin suerte.

Además del estrés que este circunloquio genera a diario en buena parte de los residentes en el barrio de la Rochapea, a simple vista cualquiera puede hacerse eco del incesante ruido que supone el ir y venir de decenas de coches. Uno tras otro. Sin descanso.

“Esto es así desde las nueve de la mañana, aunque a última hora de la tarde el problema vuelve para aparcar”, sostienen Bicente Nueva y su mujer Katie. Y argumentan que son los trabajadores del casco viejo los que originan el desbarajuste.

“Vienen aquí porque en el centro es imposible aparcar. Y claro, nos dejan ‘vendidos’ a los que lo necesitamos de verdad”, añade la pareja, visiblemente molesta.

Este blindaje hacia el vehículo privado en el Casco Antiguo multiplica la densidad de tráfico en la Rochapea. Es un hecho. Y este efecto dominó agrava los problemas de aparcamiento ya existentes en el barrio. “El cruce de Oblatas y el puente del Vergel en su salida hacia Labrit es una locura, un embudo”, declara el vecino José Ramón Plaza Zalbide. “Decenas de coches pasan sin descanso buscando aparcamiento incluso hasta Marcelo Celayeta”, cuenta.

Esperando en descalzos

Eso sin contar, y así lo constatan los vecinos, las largas colas para hacerse con un sitio en el ascensor de Descalzos. “Parece que regalan algo a según qué horas”, bromea Milagros Sandúa, jubilada. “Yo no tengo prisa, pero hay gente que se pone muy nerviosa”, dice. Bicicletas, las menos, pero sí decenas de personas que necesitan llegar puntuales a sus respectivos puestos de trabajo, colegios o cualquiera de las obligaciones exigidas por la rutina del día a día.

Es por ese motivo que la posibilidad de implantar zona azul en el barrio, algo impensable hace unos años, podría ser una de las soluciones a los dilemas de la Rochapea. “Quizá sea la opción menos mala, porque está visto que así no podemos seguir”, recalca Maitane, quien recuerda ‘mejores tiempos’.

No obstante, dadas las alternativas existentes con anterioridad en el barrio, con espacios disuasorios, los vecinos apelan a alternativas sin coste antes de la llegada de la zona de estacionamiento limitado.

A la hora de ir al colegio, mejor salir con tiempo, y más con lluvia
Quienes acuden a diario a llevar a sus hijos, sobrinos o nietos a los centros escolares hablan de embudos, además de tráfico en Cuatrovientos


Lo califican como uno de los puntos negros del barrio. Es el cruce de Cuatrovientos. “Llevamos años con este problema. Es una odisea llegar hasta el colegio Patxi Larrainzar, al menos en mi caso”, indica Martina Arriba Cuesta, abogada residente en el barrio de la Rochapea. Como conductor es imposible aclararse con el cruce y, si vas de San Jorge hacia el Decathlon, no hay manera de salir...”, mantiene.

“Si esperamos a que desaparezca la vía del tren pueden pasar veinte años”, añade. Otro “peligro” para quienes residen en la zona es circular por el Puente del Vergel desde la Rochapea al pasar de cuatro carriles a dos a la altura del colegio El Redín, lo que provoca un embudo de tráfico. “Hay que salir con tiempo, y ya no te digo nada si llueve o nieva. Entonces ya terminas medio enfadada”, admite Ana Guembe, madre de dos niños.

El panorama genera estacionamiento de vehículos en doble fila, algo que los usuarios entienden pero de manera puntual. “No me importa esperar a las nueve de la mañana cuando los críos van al colegio, pero me parece un despropósito que se permita que coches aparquen en doble fila casi a cualquier hora”, comentaba enfadado Mikel Ander Goñi, en relación a la calle Joaquín Beunza.

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