Comercio
Jacinto Rodríguez se jubila y pone fin a 140 años de historia de Encuadernaciones Alfaro
El Casco Antiguo de Pamplona pierde este viernes un negocio centenario, que alberga una guillotina del siglo XIX tan fiable como las modernas


Publicado el 06/10/2026 a las 05:00
La calle del Carmen de Pamplona alberga un negocio centenario, un pequeño taller de encuadernación de libros con una "pieza preciosa", una guillotina fabricada en Alemania en el siglo XIX, que pesa media tonelada, tiene dos cuchillas y funciona mediante engranajes. "Hay gente que entra solo para mirarla. Me encanta esta máquina, la veo más segura que las modernas. Tardas más que otras en hacer el trabajo, pero no echo nada de menos la tecnología actual", explicaba Jacinto Rodríguez Vinuesa, el artesano encuadernador que la ha utilizado en los últimos años. Quien desee ver como se guillotina un libro tiene de plazo hasta este viernes 9 de octubre porque Encuadernaciones Alfaro cierra por jubilación. Pondrá fin a 140 años de historia y cuatro generaciones.
Encuadernaciones Alfaro apenas tiene 22 metros cuadrados en el número 2 de la calle del Carmen. Tras el mostrador se ve la guillotina, la prensa y un volvedor de lomos para redondearlos. Llevan más de un siglo. El negocio fue fundado por Víctor Alfaro, que se estableció en 1880 en Pamplona para encuadernar la biblioteca de un importante personaje de la época. Entonces no podía imaginar que su legado continuaría hasta el siglo XXI. A él le sucedió su hijo Aníbal, que una vez asentado en lo que hoy es el local de Encuadernaciones Alfaro, transmitió todos sus conocimientos del oficio a su hijo Jesús, que se tuvo que hacer cargo del taller siendo muy joven debido al fallecimiento de su padre.
Jesús, Chuchín para todo el que le conocía, pasó toda su vida entre las paredes del taller, con su guillotina del siglo XIX, la prensa y el burro de madera y sus paletas de dorar al fuego con el pan de oro para poner los títulos en los libros. No sólo destacaba por su gran profesionalidad, sino también por su calidad humana y su infinita paciencia. Él fue el ejemplo a seguir por sus hijas Pilar y Raquel, que tras su fallecimiento, continuaron con ese negocio artesano instalado en la Calle del Carmen por su abuelo Aníbal. A los años Jacinto, casado con Raquel, se hizo cargo del taller de su suegro. "Siempre me ha gustado cualquier cosa que se hacerla con las manos. Es un poco romántico, lo sé, pero es un trabajo bonito porque estás en la elaboración desde el principio hasta el final", decía en una entrevista a este periódico hace una década. Jacinto no tiene relevo porque los hijos han tomado otros caminos.
Los que le conocen destacan que Jacinto aprendió el oficio con gran destreza, a tratar los libros con delicadeza y convertir un puñado de hojas en el libro más elegante de la estantería y por supuesto a continuar con esa calidad humana que se respira cuando entras en el viejo local de la Calle del Carmen. Con la jubilación de Jacinto, finaliza ese ciclo de un negocio totalmente artesanal que con las nuevas tecnologías ya no tiene cabida para que continúe, pero que en todos aquellos que han pasado por la encuadernación, se mantendrá en el recuerdo. Quien tenga un libro encuadernado por Alfaro tiene en sus manos un pequeño tesoro, una obra de arte.