Sociedades
50 años en Echavacoiz: "El buen ambiente se percibe desde que entras por la puerta"
La sociedad deportiva cultural cumple 50 años con unos 2.300 socios, y el orgullo de ser motor deportivo y punto de encuentro social en un barrio obrero


Actualizado el 18/09/2026 a las 08:00
La sociedad deportiva cultural Echavacoiz celebra su 50 aniversario en este barrio pamplonés y este viernes 19 de septiembre lo celebran con un programa en el que prevén reunir a las personas que en este tiempo han contribuido a crear y mantener el tejido social de la entidad. El barrio tiene 5.412 vecinos y pasó a formar parte del término municipal de Pamplona en 1953. La capital navarra suma diecinueve piscinas de verano, cuatro públicas y quince clubes privados. Estos últimos fueron los primeros en aparecer: Club Tenis Pamplona (1918), A.D. San Juan (1962), Amaya (1965), luego llegarían las promovidas por el gobierno foral: Guelbenzu, Larrabide, San Jorge y Aranzadi. En medio de esta cronología nació la de Echavacoiz. Se colocó la primera piedra el 12 de octubre de 1975. Su origen está en Udaberri, un grupo de jóvenes con inquietudes Era entonces un barrio joven, con muchas familias y niños, en una época socialmente complicada. Cubrió la necesidad de un espacio propio donde hacer deporte, disfrutar del ocio, reunirse y convivir.
José Luis Gorría, ex miembro de la junta directiva, socio fundador y veterano: "Esto es como una gran familia"


Cuenta José Luis Gorría Rodríguez, 86 años, que en 1973 se celebró la primera reunión en la iglesia Nuestra Señora del Pilar, presidida por Francisco Boleas, en la que se presentó al ayuntamiento la idea de construir unas instalaciones deportivas en Echavacoiz
“La idea parte del grupo de montaña Udaberri, del equipo de fútbol que jugaba en el campo de la fábrica Inquinasa y de los vecinos del barrio. Surgió por la necesidad de hacer algo por y para el barrio”, explica.
En 1976 se inauguran las instalaciones: un barracón, un campo de fútbol y las piscinas. “El recuerdo que tengo es que éramos varios grupos de amigos que nos juntábamos con los miembros de la Junta para pensar en qué y cómo hacerlo. Inicialmente se pensó en el campo de fútbol, ya que había muchos jóvenes que lo practicaban y era una manera de reunirlos y que hicieran deporte. Recuerdo muchas reuniones en una bajera que era el club juvenil del barrio, todos los jóvenes colaborábamos”, rememora José Luis Gorría y añade: “Algo a destacar era que no hubo ninguna discusión, riñas ni discrepancias, lo que sí hubo fueron muchos almuerzos, risas, trabajo, equipo, diálogo y compañerismo. Recuerdo especialmente los auzolanes retirando escombros padres e hijos, adultos y niños todos juntos trabajando”.


“Eso sí, los gastos los pagábamos cada uno. Era un barrio de obreros con muchas familias que tenían muchos hijos y qué mejor, que unas instalaciones para hacer deporte, socializar y divertirse. Recuerdo al primer trabajador de mantenimiento, siempre con una sonrisa, sin horario y dedicación plena. También a los dos primeros presidentes Francisco Boleas y Máximo, que supieron tener a todo el mundo en su sitio, sin perder el control. Fueron momentos muy difíciles”, subraya Gorría.
“Actualmente está el presidente Martin Martínez Quintana que da gusto verle cómo traba trabaja para la sociedad, sin desmerecer a ningún otro presidente o su trabajo y mantenimiento, sobre todo el económico ya que hemos vivido momentos económicos muy duros”, evidencia, pero incide en que el club “es una gran familia que siempre ha estado al servicio del barrio”. “Recordando especialmente a los que ya no están con nosotros”, concluye su relato.


Iván Villafranca Bejarano, socio joven, usuario y deportista: "Desde niño he estado vinculado a la sociedad"


Iván Villafranca tiene 20 años y es socio de Echavacoiz “desde siempre”. “Sí, desde pequeño he estado muy vinculado a la sociedad, así como lo estaba mi familia. Como consecuencia toda mi vida ha estado prácticamente ligada a esta entidad”, explica y tiene claro que lo que más le gusta es “el ambiente que hay”.
“Es cierto que no es una de las sociedades más grandes de Pamplona, pero creo que precisamente esa es una de sus mayores virtudes. Al ser más pequeña, nos conocemos todos y eso hace que haya un ambiente muy familiar, cercano y unido entre los socios. Al final, eso hace que no haya malos rollos y se pueda disfrutar de la instalación con mayor confianza”, sostiene Iván.
El deporte ha sido un pilar en estas dos décadas. “Empecé en karate con 5 años, cuando mi madre me llevó a practicarlo por primera vez. Al principio la verdad es que el deporte no me llamaba especialmente la atención, pero siempre tuve un gran vinculo tanto con el maestro como con mis compañeros los cuales son parte de mi grupo cercano de amigos a día de hoy, y eso hizo que siguiera año tras año. Con el tiempo me fui enamorando también del deporte, manteniendo ese buen ambiente con los compañeros. A día de hoy el karate sigue siendo el deporte que practico y, además, tengo la oportunidad de representar a la sociedad cuando voy a competir fuera”, explica.
Preguntado por lo que supone la sociedad para él, lo tiene claro: “Para mí es un lugar muy especial porque prácticamente he crecido aquí. He pasado muchísimos momentos con mi familia y conocido a gente increíble que a día de hoy tengo la fortuna de llamar amigos. Creo que forma parte de mi vida y de mi manera de entender el deporte y el compañerismo.”
Martín Martínez Quintana, presidente de la SDC: "El buen ambiente se percibe desde que entras por la puerta"


La SDC Echavacoiz fue desde el principio construida y gestionada por sus propios socios. Comenzó con unos 900 y en aquellos primeros años el fútbol tuvo un protagonismo especial como uno de los grandes puntos de encuentro de la juventud del barrio. Martín Martínez Quintana es ahora el presidente y explica que cuentan con unos 2.300 socios.
“En nuestra etapa de mayor crecimiento llegamos a 5.600 o 5.650 socios. La pérdida posterior estuvo muy relacionada con la evolución demográfica. Muchos jóvenes crecieron, se marcharon a otros barrios para acceder a una vivienda, formaron sus familias fuera de Echavacoiz y el barrio no tuvo durante años un crecimiento suficiente para compensar esa salida. La pandemia agravó todavía más la situación y llegamos a 1.900 socios”, explica Martínez y añade: “Estamos recuperándonos y afrontamos el futuro con ilusión”.
Menciona también un punto de inflexión: la reforma. “Se modernizó la gestión y se apostó por nuevas instalaciones y actividades. En torno a 2002 se construyó la piscina cubierta y sobre ella el pabellón deportivo. Esto permitió recuperar actividades durante todo el año y abrir la puerta a nuevas propuestas como la natación en invierno, el baloncesto, el fútbol sala, el baile o el gimnasio”. “Hoy somos mucho más que una piscina, un espacio para el deporte, relacionarse, disfrutar y hacer vida social. Tenemos actividades dirigidas a diferentes edades y necesidades. La escuela de kárate lleva 25 años y la de natación cerca de 15.
“Son proyectos profesionales y con continuidad, que han acompañado a varias generaciones y transmiten disciplina, esfuerzo, respeto, compañerismo y responsabilidad. Queremos seguir actualizando nuestra oferta y adaptándonos a las necesidades de los socios. Entre los proyectos de futuro está retomar la escuela de fútbol, no solo como actividad deportiva, sino también como proyecto educativo, recuperando parte del espíritu de los comienzos”, avanza.
“El crecimiento de Echavacoiz supone una gran oportunidad para la sociedad, pero también un reto. La llegada de nuevas familias y jóvenes puede ayudarnos a recuperar parte del tejido social que el barrio ha ido perdiendo. Estamos cerca del Complejo Hospitalario, de las dos universidades y de una zona que va a experimentar una importante transformación. Queremos seguir desarrollando y actualizando los proyectos deportivos, con especial importancia para los deportes de equipo. Al mismo tiempo debemos cuidar a nuestra población actual, que poco a poco se va haciendo mayor”, reflexiona.
“Si preguntamos a nuestros usuarios cómo definirían la SDC Echavacoiz, probablemente se repetirían tres ideas: familiar, cercana y como en casa. La simpatía y el buen ambiente se perciben prácticamente desde que entras por la puerta. Ese buen rollo es una de nuestras principales señas de identidad. Lo hemos heredado de generaciones anteriores y lo queremos conservar”,, subraya.
“Conservar nuestra esencia no significa quedarnos anclados. Queremos modernizar la sociedad sin perder aquello que la hace especial: que cuando entras por la puerta sientas que estás en casa”.