Salud mental

Antígona: cuando los jóvenes toman la palabra

Un proyecto reúne en Berriozar a 28 jóvenes de Navarra y Andalucía para convertir sus experiencias sobre ansiedad, identidad, soledad, relaciones o pertenencia en una creación teatral que busca abrir espacios de diálogo y prevención en salud mental

Un momento del ensayo de este miércoles en la escuela de música de Berriozar
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Un momento del ensayo de este miércoles en la escuela de música de BerriozarSERGIO MARTÍN
Un momento del ensayo de este miércoles en la escuela de música de Berriozar

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Noelia Gorbea

Publicado el 04/09/2026 a las 05:00

Hay cuestiones de las que no siempre resulta fácil hablar. La ansiedad, la soledad, las relaciones familiares, la presión social, la construcción de la propia identidad o la sensación de no encontrar un lugar al que pertenecer forman parte de la realidad de muchos jóvenes. Pero ¿qué ocurre cuando, en lugar de pedirles que escuchen a los adultos hablar sobre ellos, se crea un espacio para que sean ellos quienes tomen la palabra?

De esa pregunta parte Antígona, un proyecto impulsado por Galkidea y Fundación Proponte, que reúne esta semana en Berriozar a jóvenes de Navarra y Andalucía alrededor de las artes escénicas, la convivencia y la salud mental. “No es únicamente una obra de teatro”, explican Viki Gracia Narvaiz, Antonio Reina García y Nerea Elso; impulsores de una iniciativa que reúne a 14 jóvenes de Navarra y otros 14 de Andalucía.

Con edades entre 16 y 25 años, acompañados por un equipo multidisciplinar en el que participan psicologos y educadores, entre otras disciplinas, la selección de los participantes se realizó con la colaboración de centros educativos que imparten enseñanzas vinculadas a las artes escénicas (Plaza de la Cruz, Alaitz y Corella). “No se busca solamente talento artístico sino jóvenes que conecten con la propuesta, que se implicarse voluntariamente. Porque una de las particularidades de Antígona es que las historias no llegan de fuera: nacen de aquello que sus protagonistas han vivido, sentido o necesitan contar”, valora Nerea Elso.

DE ESPECTADORES A ALGO MÁS

Durante el proceso de convivencia y creación, los participantes abordaron cuestiones relacionadas con la salud mental y la construcción de la identidad. Los jóvenes dejan de ser únicamente los destinatarios de una actividad de sensibilización para convertirse en quienes construyen el mensaje. “Y les encanta porque lo sienten suyo”, añade Viki Gracia.

La experiencia de estas semanas también ha reforzado una de las convicciones que están detrás del proyecto: cuando existen espacios de confianza y sin juicio, los adolescentes hablan. Frente a la imagen del chico o chica hermética, sus impulsores reivindican la necesidad de generar contextos en los que puedan expresarse y ser escuchados. Y ese espacio no solo tiene consecuencias sobre la obra. Sus responsables destacan la evolución personal de los nuevos actores.

PREVENIR

No podemos olvidar que la filosofía que sostiene el proyecto parte de una preocupación: no esperar a que una dificultad emocional se convierta en una crisis para intervenir. Sus responsables señalan una realidad que observan en su trabajo: servicios de salud mental cada vez más saturados y centros educativos que se encuentran con alumnado que atraviesa situaciones de malestar y ante el que no siempre saben cómo responder. Frente a ello, proponen generar espacios preventivos para expresar qué les ocurre y qué necesitan.

Es por ello que las representaciones de Antígona no pretenden ser el punto final. “El proyecto está concebido como el comienzo de un recorrido más amplio”, anuncian con entusiasmo, al saber que, además de en Berriozar, actuarán en Tudela. “Y en todos los colegios o casas de Cultura de las que nos quieran llamar (enfocado a ESO y Bachillerato)”, expone Nerea.

El propósito es que la creación artística pueda convertirse en una puerta de entrada para hablar de suicidio, ansiedad, identidad, relaciones, salud mental o pertenencia desde un lenguaje próximo a los propios jóvenes. Porque quizá una de las claves de Antígona esté precisamente ahí: conseguir que quien se siente al otro lado, en una butaca, en un aula o en un instituto, pueda reconocerse en alguna de esas historias y descubrir que aquello que le sucede también puede ser contado.

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