Testimonio

Una carta escrita con la mirada y el miedo: "Solo pedimos seguridad"

Una familia lleva más de 20 días atrapada en su casa porque el fuego dejó inutilizado el ascensor. Dos de los tres hijos padecen distrofia muscular

Distrofia muscular
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Abdellah, de 22 años, escribe su dispositivo de seguimiento ocular. Al fondo, su hermanoIVÁN BENÍTEZ
Distrofia muscular

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Iván Benítez

Publicado el 28/06/2026 a las 05:00

La situación que vive esta familia les ha llevado a realizar una petición clara a las administraciones: necesitan una vivienda adaptada que les permita vivir con seguridad. Para dos hermanos con movilidad reducida y dependencia de oxígeno, depender de un ascensor supone un riesgo constante. Para explicar lo que están viviendo, Abdellah, de 22 años, ha querido escribir esta carta utilizando su dispositivo de seguimiento ocular:

"Soy una persona con discapacidad y me desplazo en silla de ruedas. Además, necesito utilizar oxígeno por las mañanas y por las noches. Mi hermano también utiliza oxígeno y también se desplaza en silla de ruedas.

Les escribo estas palabras con respeto, pero también con el corazón lleno de preocupaciones, esperanza y la ilusión de que alguien pueda escuchar nuestra situación. Vivimos en un segundo piso. Cada día que pasa sentimos que nuestra vivienda se ha convertido en una montaña difícil de subir para una familia que solo desea vivir con tranquilidad. Mi hermano y yo somos jóvenes. Nos gusta la naturaleza, nos gusta ver el cielo, pasear cuando nuestra salud nos lo permite y disfrutar de las pequeñas alegrías de la vida. Sin embargo, muchas veces sentimos que las barreras de nuestro hogar nos impiden vivir con la libertad.

Khalid
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Ioseba Nuin, fisioterapeuta de EM Navarra, extrae las flemas de KhalidIVÁN BENÍTEZ
Khalid

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El pasado 1 de junio vivimos una experiencia que nunca olvidaremos. Hubo un terrible incendio. Aún recuerdo el miedo que sentí. Pensaba en mi madre, pensaba en mi hermano pequeño y rezaba para que nadie resultara herido. Por suerte, había vecinos en sus viviendas y pudieron reaccionar. Pero a veces me pregunto qué habría ocurrido si muchas familias hubieran estado de viaje o fuera de casa. Quizá hoy estaríamos hablando de una tragedia mucho mayor. Desde aquel día, el miedo sigue dentro de mí. Como personas con movilidad reducida y dependientes de oxígeno, vivimos con la preocupación de no poder reaccionar a tiempo ante una emergencia.

Después del incendio fuimos trasladados a un centro. Pensé que sería un lugar donde podría descansar después de todo lo vivido. Sin embargo, me encontré muy triste. La cama era tan dura que apenas podía dormir. Pasaba muchas horas solo. A veces nadie venía a preguntarme cómo estaba o si necesitaba algo. Quizá algunas personas piensen que eso no es importante, pero para mí sí lo es. Yo también soy una persona. Tengo sentimientos. Tengo miedo, tengo tristeza y también necesito compañía. No puedo pasar demasiado tiempo solo. Necesito hablar con alguien, sentir que no estoy abandonado, escuchar una voz amable que me pregunte cómo me encuentro.

Lo que más me dolía era estar lejos de mi familia. No quería separarme de mi madre ni de mis hermanos. Mi madre es una mujer fuerte y valiente que lucha cada día por nosotros. Sin embargo, verla sufrir también me hace sufrir. Cuando el ascensor no funciona, ella carga con preocupaciones que ninguna madre debería soportar. Cada avería se convierte en un problema enorme. Mi hermano y yo tenemos numerosas citas médicas y dependemos de una vivienda accesible para poder acudir a ellas con seguridad y dignidad. Por eso creemos que necesitamos una vivienda en planta baja o una vivienda completamente adaptada.

También creemos que es imprescindible contar con una alarma contra incendios que pueda avisarnos rápidamente en caso de emergencia. Después de lo ocurrido, no podemos evitar sentir miedo cuando pensamos que una situación similar podría repetirse. No les escribo para pedir privilegios. Les escribo porque queremos vivir con seguridad. Queremos vivir cerca de nuestra familia. Queremos tener la tranquilidad de saber que, si ocurre una emergencia, podremos salir a tiempo. Queremos una vivienda donde no tengamos que depender del funcionamiento de un ascensor para entrar o salir de casa.

A veces siento que la vida nos ha puesto demasiados obstáculos, pero sigo creyendo en la bondad de las personas y en quienes trabajan para ayudar a los demás. Por eso le escribo hoy. Porque necesito que alguien escuche nuestra historia y comprenda que detrás de estas palabras hay dos hermanos que luchan cada día por vivir con dignidad.

Le pido, desde el fondo de mi corazón, que nos ayude a conseguir una vivienda en planta baja y adaptada a nuestras necesidades. No solo sería una casa. Sería tranquilidad. Sería seguridad. Sería la posibilidad de vivir sin miedo y con la dignidad que toda persona merece. Gracias por escuchar nuestra voz".

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