Vivir en la calle
Decenas de personas sobreviven en tiendas de campaña en plena ola de calor en Pamplona: estas son algunas de sus ubicaciones
Un recorrido por los asentamientos surgidos tras el desalojo de Aranzadi muestra cómo decenas de personas sin hogar afrontan las altas temperaturas de estos días entre la maleza, bajo puentes, en zonas inundables, rodeados de basura y sin acceso estable a recursos básicos, mientras las administraciones reafirman su compromiso con la acogida


Publicado el 23/06/2026 a las 05:00
La ola de calor que estos días golpea Navarra deja al descubierto una realidad que parece haberse normalizado en los márgenes de la capital del bienestar.
Un paseo por Pamplona el 20 de junio, Día Mundial del Refugiado, basta para comprobar cómo decenas de personas sin hogar, muchas de ellas desalojadas el 13 de abril del edificio abandonado de Aranzadi —más de un centenar de personas fueron expulsadas entonces—, tratan de sobrevivir en asentamientos improvisados, especialmente en el entorno del río Arga.


El contraste con aquel día de abril resulta elocuente. Si durante el desalojo llovía y el termómetro apenas superaba los seis grados, ahora las vidas de estas personas se enfrentan a temperaturas superiores a los 35 grados. Un calor extremo que agrava unas condiciones de vida ya de por sí precarias.


LA MIRADA DE UNA JOVEN
Entre los refugios de lona que aparecen en recovecos inimaginables destaca la mirada de una joven española de 19 años, la única mujer en una comunidad formada mayoritariamente por hombres migrantes procedentes de Argelia, Marruecos y Mali.


Este recorrido por algunos de los asentamientos surgidos tras el desalojo de Aranzadi —que no son todos los existentes en la ciudad— comienza en las inmediaciones del cementerio y sigue el curso del Arga hacia el centro urbano. Las tiendas de campaña aparecen ocultas entre la vegetación, bajo puentes, en rincones de difícil acceso e incluso en zonas inundables del cauce. Quienes viven allí permanecen expuestos no solo al calor extremo, sino también al riesgo de que una tormenta de verano provoque una crecida repentina del río.
Lonas, telas y sábanas apenas ofrecen protección frente al sol. Sin acceso directo al agua potable, sin posibilidad de lavar la ropa y sin alimentos frescos, la supervivencia cotidiana se reduce a latas de tomate, pan duro y unas condiciones de salubridad marcadas por la acumulación de basura y la presencia de mosquitos y ratas.


GRUPO DE MALIENSES
La situación resulta especialmente visible en el caso del grupo de ciudadanos malienses que permanece desde hace semanas instalado bajo uno de los árboles de la Vuelta del Castillo, frente a la Casa Misericordia. Allí, cerca de una treintena de personas espera acceder a un programa de protección internacional sin que, por el momento, su situación haya experimentado mejoras sustanciales.
Su día a día depende en gran medida de la solidaridad. Son los vecinos quienes les proporcionan alimentos, ropa y apoyo cotidiano. Carecen incluso de un lugar seguro donde guardar sus pertenencias y continúan a la espera de una plaza en un recurso de acogida que, según denuncian distintas entidades sociales, se encuentra saturado.


ACTIVACIÓN DE PROTOCOLO
La imagen de estos campamentos contrasta con los mensajes institucionales difundidos en los últimos días. El Ayuntamiento de Pamplona anunció el pasado 19 de junio la activación del protocolo especial para personas sin hogar ante episodios de calor extremo. El dispositivo contempla la ampliación de plazas en el Centro Integral de Atención a Personas Sin Hogar de Trinitarios, que funciona como refugio climático entre las 12.00 y las 19.00 horas.
Las personas que acceden a este recurso pueden utilizar salas comunes, duchas y otros servicios básicos, además de recibir la comida del mediodía. Sin embargo, sobre el terreno surgen dudas acerca del alcance real de estas actuaciones.
Varias de las personas sin hogar consultadas por este periódico en distintos asentamientos aseguraban el 20 de junio desconocer la existencia del protocolo municipal o afirmaban no haber recibido información sobre los recursos extraordinarios habilitados. Ese desfase entre los recursos anunciados y el conocimiento efectivo de quienes podrían beneficiarse refleja la sensación de distancia entre las medidas institucionales y la realidad cotidiana.


COMPROMISO DE ACOGIDA
Mientras decenas de personas continúan viviendo en tiendas de campaña o durmiendo al raso en distintos puntos de la ciudad, el Gobierno de Navarra reiteraba la semana pasada su compromiso con la acogida y la integración de quienes llegan huyendo de conflictos bélicos, persecuciones o situaciones de extrema vulnerabilidad.
El Ejecutivo foral aprobó el pasado 17 de junio una declaración institucional en la que reafirma su "compromiso inquebrantable" con las personas refugiadas y reivindica la necesidad de garantizar una acogida digna. El texto recuerda que más de 117 millones de personas se encuentran desplazadas forzosamente en el mundo y pone en valor la labor desarrollada por las entidades sociales que trabajan en Navarra.
Entre las declaraciones institucionales y las tiendas de campaña, la ola de calor ha vuelto a sacar a la luz una realidad que permanece a la vista de cualquiera que recorra la ciudad. Una realidad que, en pleno siglo XXI, sigue encontrando refugio bajo una lona.



