Suceso
Afectados por la explosión en Noáin: "No te haces a la idea de que sólo te queda la ropa que llevabas"
Tras más de un año fuera de sus casas, la economía familiar se resiente ante la falta de un apoyo para afrontar el alquiler y los gastos extraordinarios


Actualizado el 11/04/2026 a las 12:41
En la vivienda de Joaquín Olza Arizaleta, un empresario de la construcción de 54 años, y su mujer Sonia Redondo Velasco, monitora escolar de 52, es donde empezó el desastre aquel 13 de enero de 2024. “Antes de la explosión nuestro piso ardió", dice la pareja. Y a pesar de este año largo fuera de casa y haberlo perdido todo – “salimos con lo puesto, ni tan siquiera un abrigo”- se dicen afortunados. “A nosotros un amigo nos ha dejado el piso por lo que no tenemos que pagar alquiler. Y paradójicamente, aquel día nos tocó la lotería porque Leyre está viva”. Leyre es su hija de 23 años, que estaba en casa cuando comenzó a quedarse adormecida en el sofá. No lo sabía, claro, pero era el gas el que le estaba dejando aletargada. “Y me dio por salir. Y fue entonces cuando explotó”, recuerda la joven. Tras aquella primera deflagración, y con una vivienda ya en ruinas, les dijeron que podían entrar. “Olía mucho a gas pero aseguraron que era algo normal. Mi hijo estaba arriba y como no me fiaba mucho le dije que bajara ya. Salimos del portal y nos fuimos hacia la izquierda. Entonces estalló el portal. Si nos da por ir hacia el frente, se nos cae todo encima”
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“Es muy chocante dejar tu casa con la limpieza hecha, las cosas recogidas, la comida preparada y, de pronto, no queda nada”, comentaba Sonia. “Y fíjate, tres meses antes habíamos visto por la tele lo de la Dana y decíamos, pobre gente”, añade Joaquín. “Subimos los dos a intentar rescatar a los vecinos, y ahí estaba su hija entre los escombros”, recuerda Sonia sobre el hogar de Manu Apezteguía Alzugaray, de 51 años y responsable de Recursos Humanos, y Beatriz Dufur Ibiricu, de 51. “Mi hija tuvo fracturas en la cabeza y mi mujer multitud de huesos rotos. Por eso inicialmente tu única preocupación, y aún lo sigue siendo, es que ellas estén bien. Piensas poco en lo que has perdido”. Pero pasan los meses y hay que afrontar los gastos de un día a día. “Pago de alquiler 1.300 euros, a lo que se suma la hipoteca. Tengo un seguro contratado que me responde por un año de inhabitabilidad. Y mes a mes tienes que ir a reclamarlo”. Ahora que se acaba define la situación – “no se me ocurre otra palabra”- como “muy jodida”. “Te tienes que apretar mucho el cinturón. ¿Vacaciones? ¿Cine? Ni soñarlo. Lo único que me permito y porque le hace bien es la cuota de deporte para mi hija”.