Pamplona

Dos accidentes en 24 horas en el antiguo convento de Aranzadi alertan del deterioro extremo de este asentamiento con decenas de personas sin hogar

Al menos setenta hombres, varios de ellos muy jóvenes, sobreviven entre ruinas, frío, basura, ratas y altos consumos de drogas en un edificio ocupado que está generando inseguridad en Pamplona y seria preocupación policial

El interior del edificio se encuentra en un estado de abandono en el que la basura se acumula por todos los rincones

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El interior del edificio se encuentra en un estado de abandono en el que la basura se acumula por todos los rinconesiván benítez

Iván Benítez

Actualizado el 07/12/2025 a las 19:20

El grave accidente ocurrido este domingo por la mañana en el interior del antiguo convento de las Agustinas, en Aranzadi (Pamplona), el segundo en apenas dos días, ha vuelto a poner de manifiesto una realidad social que inquieta especialmente a los cuerpos policiales y a los vecinos: la situación límite en la que malviven alrededor de 70 personas sin hogar refugiadas en el edificio, un escenario que además está generando problemas de seguridad en la ciudad.

El acceso al interior de este inmueble confirma la preocupación policial. El antiguo convento se encuentra profundamente deteriorado y se ha transformado en un asentamiento improvisado, con tiendas de campaña en el exterior e interior. Entre ratas, basura, orines, excrementos, filtraciones de agua y el frío que anticipa el invierno, la precariedad es absoluta. La sensación es que la administración los ha dejado ahí. Buena parte de los ocupantes se encuentra bajo los efectos de sustancias estupefacientes.

Este domingo, varios de ellos mostraban al periodista el hueco donde hubo un ascensor, hoy convertido en un vacío de tres plantas que supone un peligro constante. El sábado, un hombre de 30 años sufrió una caída desde una altura similar. Pese a la aparatosa caída, salió por su propio pie y recibió el alta médica ese mismo día. El accidente de este domingo, sin embargo, ha sido “muy grave”, según confirmaban los presentes  fuentes policiales, algunos de ellos visiblemente alterados ante la presencia del reportero. “No temen a nada ni a nadie; es la situación a la que han sido abocados”, comentaba un viandante.

Uno de los jóvenes, en un castellano fluido, guía al periodista por el interior: habitaciones empapadas por filtraciones, suelos resbaladizos y escaleras sin ningún tipo de protección. El riesgo de caídas, cortes o derrumbes es continuo. En cualquier momento puede pasar otra desgracia.

Entre quienes observan desde fuera y quienes conviven en el entorno surge la misma pregunta: si se ordena el desalojo del edificio, ¿adónde irán las decenas de personas que sobreviven en él?

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