Todos los Santos
Las cremaciones y el sábado restan afluencia de visitas al cementerio de Pamplona
Un paseo por el Campo Santo revela historias curiosas, panteones homenaje y el homenaje íntimo a aquellos que ya no están
Publicado el 02/11/2025 a las 05:00
La creciente opción de cremaciones- en la que las cenizas no siempre acaban en los incinerarios del cementerio- y que el 1 de noviembre cayera en sábado que propicia las escapadas de fin de semana restó afluencia al campo santo de Pamplona en la festividad de Todos los Santos. Así lo apreciaban los empleados desde las oficinas del cementerio, los agentes de Policía Municipal desplegados en la zona para regular el tráfico y las personas que se acercaron para llevar flores a sus difuntos.
En una jornada en la que el amago de lluvia apenas fue real desde las 8 de la mañana hasta las 7 de la tarde en la que se abrió el cementerio; el mismo horario previsto para mañana, festividad de Fieles Difuntos, en las que habrá misa a las 12.45 y a las 17 horas, esta última oficina por el arzobispo. A partir del lunes y hasta el 31 de marzo, con el horario de invierno, la puerta principal se cerrará a las seis de la tarde y el resto a las cinco y media.
Al igual que el año pasado, el Ayuntamiento permitió el acceso de vehículos por la carretera del cementerio procedente de la rotonda de la calle Orcoyen con Biurdana, pero no desde la zona de Berichitos ni de la avenida de Navarra. El aparcamiento disuasorio a pie de esta avenida de 186 plazas ofreció una rotación fluida a lo largo de toda la mañana. Como es habitual en esta fecha, la mayoría de panteones, nichos, incinerarios y tumbas aparecían con flores, por eso resaltaba a la vista la desnudez de ornamentación en la práctica totalidad de las 432 cruces que ocupan el recinto habilitado en el cementerio para los soldados del lado nacional muertos durante la Guerra Civi.
Casi todos con nombres y apellidos, pero también hay inscripciones de “soldado desconocido” o “muerto por España” junto al “joven”. Una excepción era Simón Inza Irurzun, que con 25 años murió en el frente de Guadalajara el 25 de agosto de 1936 y en cuya tumba había un tiesto de flores frescas. Como en la de José Benito Goñi. Tampoco había flores, como era de esperar, en la parte del campo santo destinada a los enterramientos musulmanes. Por eso sorprendía encontrar en la tumba de Sara Sbaa, una joven fallecida a los 31 años en 2019, un centro floral de color lila con un mensaje escrito a mano en el que se leía: “Te queremos mucho, Sarita. Blanca, Martina y Daniel”. Lo lógico para una comunidad religiosa que no celebra la festividad de Todos los Santos, pero una sobriedad chocante para el panteón de las Hermanitas de los Pobres donde a la falta de flores hay que añadir la ausencia de nombre en este enterramiento común en la calle de San Román del cementerio. La misma calle a la que a escasos metros se asoma el panteón-capilla de la familia de Pedro Mayo. Construido en 1881, en su interior, dos candelabros de madera sujetaban sendos cirios, junto a una vela roja al lado de un pequeño Cristo y, suspendido el techo, una réplica de un botafumeiro con otra vela.
PANTEONES HOMENAJE
Otro gran espacio del cementerio es el que se destinó al panteón homenaje que el Ayuntamiento de Pamplona mandó construir para los 308 vecinos y vecinas fusilados tras el golpe militar de 1936; una lista a los que se unen los también fusilados en 1938 por organizar la fuga del la cárcel de San Cristóbal. Esta relación de nombres se inicia con Vicente Abad Vergara, un riojano casado con dos hijos y fusilado sin celebración de juicio en Cadreita. Las dos mujeres que figuran en esta relación de represaliados son María Socorro Crespo Piñera, natural de Santander, casada y de 56 años y María Camino Oscoz Urriza. De esta última es más conocida su biografía; era maestra, afiliada a UGT y secretaria del Partido Comunista de Pamplona, a la que mataron a tiros a los 26 años edad cuando le llevaban hacia Urbasa. Su cuerpo sigue desaparecido.
En las cercanías, se encuentra la tumba del pequeño Jesús Ander López Sánchez, fallecido con 10 años en 2020, cuya familia le recuerda con una lápida en la que escriben cuánto le echan de menos. Este sábado, aparecía profusamente adornada con elementos infantiles propios de la festividad de Halloween, junto a otros que parecen formar parte de la ornamentación del resto del año: coches, muñecos, una caja de canicas y un trofeo. Una decoración original que hacía a muchos detenerse para mirar el enterramiento de este niño; en cambio, no sorprendía otro elemento no habitual en los cementerios pero que sí se repite en varios nichos o panteones del de Pamplona: el pañuelico rojo de San Fermín. Este sábado se podía ver, protegido por un plástico y atado a la cruz que preside el panteón de la familia de Mina Ibero, como también se había colocado en el nicho de Pedro Santiago Gil Pulido.
RESPONSOS A SARATE Y TOMÁS CABALLERO
La familia del músico Pablo Sarasate volvió a organizar ayer el responso del que tradicionalmente se ocupaba el Ayuntamiento hasta que EH Bildu llegó a la alcaldía junto, esta legislatura, con Geroa Bai y Contigo Zurekin. El párroco de San Nicolás y San Saturnino, César Magaña, se encargó del responso por un doble motivo: por estar a cargo de la parroquia a la que pertenecía Sarasate -nacido en la calle San Nicolás-y por llevar la iglesia de San Saturnino, a la que se circunscribe el Ayuntamiento de Pamplona. El recuerdo al músico contó con los biznietos de su hermana Francisca, Lourdes Trías Mundet y los hermanos José, Miguel y Luis Rodríguez Trías, a los que se sumaron ediles del grupo municipal de UPN. Además, los violinistas Ana Radomska y Cristian Ifrim, interpretaron la melodía rumana que Sarasate compuso para la reina de Rumanía. “Nos gusta mantener una tradición (responso)de más de cien años”, dijo la familia. También hubo otro responso para el edil de UPN asesinado por ETA Tomás Caballero.
