Incidentes
La violencia convirtió las tiendas de Iturrama en refugio para la gente
A muchos les pilló en las calles del barrio de Iturrama el estallido de la violencia, por lo que corrieron a refugiarse a establecimientos


Publicado el 01/11/2025 a las 05:00
Hoy Iturrama no parecía haber sido la víspera por la tarde el principal escenario de la “batalla campal” entre jóvenes abertzales contrarios a la visita de Vito Quiles y la Policía Nacional. Según contaban los vecinos, tras el encontronazo, las calles tranquilas del barrio -el más envejecido de Pamplona, reflejado en el último estudio de población- estaban en zonas como Pedro I o calle Iturrama plagadas de cascos de botella rotos, contenedores tirados, algunos de ellos incluso quemados.
“Hacía mucho que no se veía una estampa así en Pamplona, y menos en Iturrama”, comentaba María José Uriel, de Farmacia Uriel Rubio en chaflán entre las calles Iturrama e Íñigo Arista. “Entró un chaval joven, con la mano herida, y nos preguntó si podíamos curársela. Nada más hacerle pasar, comenzamos a ver gente corriendo por la calle y la policía. Entonces nos dimos cuenta de que era un manifestante. Aquí el follón duraría un cuarto de hora y no cerramos porque se veía a la gente pasando tranquila”.
Casi al lado, se encuentra Frutería Pilar, donde trabaja Ana Prados. “Vivo en Abejeras y allí ya se concentró un grupo enorme de gente joven todos de negro y con capuchas. Y pensé, estos desde luego no van a hacer deporte”, decía con humor. Luego le tocó vivir cómo se volcaban contenedores y las carreras. “Pero lo que es miedo, miedo, no pasé. Porque era todo en la calle, no se lanzaba nada contra los escaparates. Eso sí, le dimos refugio a una señora mayor”.
Y en el ecuador de la calle Iturrama, el ambiente se enardeció. O quizá las familias con niños pequeños que estaban en el parque infantil junto al establecimiento Colchonería Aznar se asustaron más por la vulnerabilidad de los pequeños. “Aquí entraron un señor mayor, tres adultos, dos niños en silleta y otros cuatro pequeños más. Estaban muy asustados pero una madre lograba tranquilizarlos y se los llevó al fondo de la tienda para que no oyeran y vieran todo por la cristalera. Quizá el peor momento fue cuando un bote de humo impactó contra el cristal. Pero aún así, esta mujer consiguió que los niños que comenzaron a gritar bajaran la voz”, recordaba Carol Maldonado Manterola, sobre los treinta minutos que echó la cerradura y estuvieron todos dentro.
Casi enfrente, en la óptica Visual Eyes, Saioa Martínez Nagore, Leire Serrano Sagaseta de Ilurdoz y Nerea Moreno Capilla vivían una situación similar de ser testigos de carreras y cargas policiales. “Nos dijimos, si esto va a más, bajamos la persiana y cerramos. Pero sólo fue necesario echar el pestillo”. Allí buscaron cobijo dos mujeres con otros dos niños. “Nos preguntaron si podían entrar y por supuesto que les dejamos. A nosotras nunca nos había tocado ver algo así pero una de las mujeres comentaba que hace años en Pamplona sí le había ocurrido varias veces y por eso le daba tanto miedo”.
RÁPIDA LIMPIEZA
En la bocacalle donde se unen la calle Iturrama con la de Pedro I vive Enriqueta Jiménez Jiménez desde hace 57 años y nunca le había tocado ser testigo de un enfrentamiento así. “Me asomé a la ventana y me dieron ganas de llorar. Por el miedo no fui ni a gimnasia. Veías los contenedores tirados, dos ardiendo, el de vidrio con las botellas por el suelo que ellos utilizaban para tirárselas a la policía...”, narraba. “El olor de plástico quemado llegaba hasta nuestro piso. Menos mal que los bomberos llegaron pronto, apagaron las llamas y limpiaron todos los restos”.
La cafetería Amona de Bidane Lafón Los Arcos, en la calle Pedro I, fue otros de los lugares que buscó la gente para protegerse. “Yo no estaba y me llamaron las dos chicas de la tarde para decirme lo que estaba ocurriendo. Les dije, vosotras y vuestra seguridad es lo primero, así que cerrad la puerta”. El establecimiento tenía las mesas ocupadas pero también había cola de gente esperando fuera para recoger la bebida encargada para llevar. “Y pasaron todos dentro”.
Según le contaron, el paso de cebra junto a la acera a la que asoma su cafetería se convirtió en una banda de separación entre los manifestantes y la policía. “Y unos lanzaban botellas y los otros respondían con botes de humo. La policía cargó enseguida y eso hizo que los otros se replegaran y corrieran hacia más arriba, hacia la calle Iturrama”. Tras ellos, quedó ese rastro de humo, vidrio y algunos coches con abolladuras ya que allí hay una pequeño aparcamiento en rotación. “Pero esta mañana estaba todo tan normal, como si no hubiera pasado nada”.