Reportaje
Un cementerio de vagones en Pamplona
Tres vagones de Euskotren, cedidos en 2017 al Ayuntamiento de Pamplona para el Parque del Tren de Trinitarios, permanecen olvidados en la parte trasera de un almacén municipal en Mercairuña, junto al Centro Penitenciario


Actualizado el 19/10/2025 a las 00:04
Dos bancos de madera pintados de verde al sol. Canastas de baloncesto. Hierros de todo tipo: aparcabicis, señales de tráfico que advierten de obras, casetas municipales que dan la bienvenida a las “mejores fiestas del mundo”. Hierros y más hierros, retorcidos y amontonados. Hierbas altas, zarzas, maleza en general. Una valla, parcialmente caída, que debería delimitar el recinto. Camiones aparcados en la carretera de entrada. Un agricultor maniobra con su tractor en la parcela contigua. Y, al fondo, la cima del monte Ezkaba.


En la parte trasera de Mercairuña, entre Eroski y el Centro Penitenciario, se levanta una nave municipal de mobiliario urbano donde se acumula todo este inventario del olvido. Entre los hierros, algo destaca: un tren de cercanías azul, de tres vagones y con cabina. Vandalizado con grafitis, el convoy se hunde poco a poco en el abandono, víctima de una gestión que, por ahora, no ha encontrado andén. José Luis, agricultor de Berriozar, lleva cuatro décadas trabajando los campos colindantes. Se acerca a la valla caída del almacén y, al contemplar el tren, reflexiona en voz alta: “Pensé que los habían traído para desguazarlos, pero eso ya costaría mucho dinero. ¿Por qué no los reutilizan?”, plantea, abriendo una posibilidad que en otras partes del mundo ya es una realidad.
En distintas ciudades, los viejos vagones han encontrado segundas vidas: hoteles, albergues, talleres o viviendas. En Reino Unido funcionan como cafeterías o bibliotecas; en Alemania y Países Bajos, como oficinas compartidas; en Asia, como restaurantes o aulas educativas. En Suecia se han reconvertido en refugios para excursionistas, y en Londres el proyecto Village Underground transforma antiguos vagones del metro en estudios creativos. En Bruselas, el Train Hostel acoge viajeros dentro de trenes restaurados. Aquí, en cambio, los vagones duermen entre la maleza, convertidos en chatarra.


UN TREN OLVIDADO
Para comprobar si alguien recordaba aún este convoy y entender por qué sigue abandonado, este periódico contactó primero con el gabinete de comunicación de Renfe. Desde allí confirmaron que no les pertenece y, tras analizar las imágenes, sugirieron que podría tratarse de una unidad histórica. La misma consulta se trasladó al almacén municipal del Ayuntamiento de Pamplona, donde la respuesta fue similar: “No sabemos”, señalaron, derivando la cuestión al gabinete de comunicación municipal. Desde ese departamento, sin embargo, no ha habido respuesta a la petición de acceso al recinto. Aun así, un trabajador del almacén se aventuró con una hipótesis: “Quizá se trajeron para colocarlos junto a unas vías que hay en Artica”, comentó.
La primera pista firme llegó desde la Asociación Navarra de Amigos del Tren. “Los vagones pertenecían a Euskotren y fueron enviados aquí por petición del Ayuntamiento de Pamplona”, explican. “El Departamento de Transportes del Gobierno Vasco los cedió con la intención de instalarlos en el Parque del Tren de Trinitarios”. En principio, debían ocupar el espacio donde más tarde se levantó el actual Centro de Interpretación del Ferrocarril. Pero el proyecto nunca se materializó y el tren quedó relegado al olvido. El traslado exigió camiones especiales y un gasto considerable. Desde entonces, los vagones son propiedad municipal, aunque hoy nadie parece asumir su destino. “Nadie ha sabido qué hacer con ellos”, lamentan desde la asociación, que en su día propuso darles un uso decorativo o funcional.


UN CONVOY CON HISTORIA
El director del Museo Vasco del Ferrocarril, Juanjo Olaizola, precisa el origen del tren: “Se trata de una unidad eléctrica de la serie 3512, formada por un coche motor, un remolque intermedio y otro con cabina. Son trenes de vía estrecha, alimentados a 1.500 voltios en corriente continua”. Euskotren, operador ferroviario del País Vasco, dispuso de quince unidades de este tipo, construidas en 1977 por CAF (Beasain) con equipamiento eléctrico de la alemana AEG. La primera entró en servicio el 5 de mayo de 1978 y circuló por las líneas del “Topo” (San Sebastián–Hendaia) hasta 1991, además de por la línea Bilbao–San Sebastián y el ramal Amorebieta–Bermeo hasta 2013. Modernizados con aire acondicionado en 2001, los últimos ejemplares se retiraron en julio de 2013.
UN PROYECTO INACABADO
La hemeroteca guarda la clave del enigma. El 17 de mayo de 2017, este periódico tituló: “Euskotren cede dos vagones en desuso para el Parque del Tren de Trinitarios”. Ese día, el Ayuntamiento de Pamplona y Eusko Trenbideak–Ferrocarriles Vascos S.A. firmaron un convenio para ceder dos vagones de la serie 3.500, ya fuera de servicio, destinados al futuro parque temático del tren.
La Junta de Gobierno Local aprobó el acuerdo, que fijaba un plazo máximo de dos meses para la entrega. Los vagones, valorados en unos 30.000 euros cada uno, serían transportados a Pamplona a costa del Ayuntamiento (unos 9.500 euros). El plan inicial contemplaba reconvertirlos en sala de conferencias y bar, integrados en el complejo, sustituyendo así parte del edificio principal. Euskotren dio de baja las 15 unidades de la serie 3.500 entre 2011 y 2013, tras recibir nuevo material rodante. Los tres vagones que llegaron a Pamplona fueron guardados en dependencias municipales mientras se preparaba su acondicionamiento.
Pero aquel tren azul, oxidado y dormido desde hace años, sigue sin vía. Hoy, algunos colectivos sociales lanzan una idea: ¿por qué no darles una segunda vida? Proponen convertirlos en refugios temporales para personas sin hogar, combinando sostenibilidad y solidaridad. Sería una forma de transformar el acero olvidado en espacio digno. Más que una solución técnica, una manera de rescatar lo que ya existe.

