Inseguridad
El grito de un barrio de Pamplona que vive con miedo: “Está abandonado”
Ocho jóvenes fueron detenidos el pasado sábado por su implicación en dos violentas reyertas con cuchillos, botellas y palos en distintos puntos de Pamplona. Una de las peleas tuvo lugar en el barrio de Echavacoiz, donde los vecinos llevan meses conviviendo con el miedo, la violencia y un edificio abandonado que se ha convertido en símbolo del olvido institucional


Actualizado el 07/04/2025 a las 07:43
De momento, son ocho los jóvenes de origen magrebí detenidos por la Policía Municipal de Pamplona en relación con dos violentas reyertas que tuvieron lugar el pasado sábado por la tarde. Los enfrentamientos, registrados de forma simultánea en varios puntos de la ciudad, estuvieron marcados por el uso de cuchillos, botellas y palos
El primer altercado se produjo en torno a las 15:30 horas en el edificio de la antigua ikastola Jaso, en el barrio de Echavacoiz. Hasta allí se desplazaron patrullas de la Policía Municipal y de la Policía Foral, que identificaron a varios de los implicados ocultos entre la maleza. En total, fueron identificadas 18 personas.
Apenas media hora después, hacia las 16:00 horas, se produjo un segundo incidente en una bajera de la calle Descalzos, donde se efectuaron las detenciones. Los arrestados irrumpieron en el local armados con cuchillos y palos con la intención de desalojar a otros dos compatriotas que se habían instalado previamente en el lugar.


Durante toda la tarde se sucedieron réplicas de estos enfrentamientos en distintos puntos de la capital y su comarca. Incluso en el servicio de Urgencias del Hospital de Navarra se vivieron momentos de tensión entre heridos de ambas reyertas, consecuencia de ajustes de cuentas pendientes. La violencia no se disipó hasta bien entrada la madrugada. Testigos en las inmediaciones de la antigua ikastola aseguraron haber oído fuertes discusiones hasta altas horas de la noche, aunque en esta ocasión no fueron a más.
A lo largo de 2025, este edificio abandonado fue escenario de varios incidentes violentos. El 3 de febrero de 2025, la Policía Municipal de Pamplona detuvo a un hombre de 26 años acusado de tentativa de homicidio. Tras una discusión con otro joven de 24 años en la planta baja, el detenido vertió un líquido inflamable y prendió fuego. La víctima sufrió heridas en el rostro y fue trasladada a un centro sanitario, mientras que el agresor fue arrestado en el lugar. El lunes pasado se produjo un nuevo incidente violento, con otra persona acuchillada y un detenido.
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HORAS DESPUÉS
Con la llegada de la mañana, ayer domingo el barrio parecía despertar de una pesadilla. Algunos vecinos se animaron a salir a pasear, pero al alcanzar la zona de la reyerta, muchos evitaban mirar directamente y aceleraban el paso. “No queremos hablar”, se excusaban ante la presencia de los medios de comunicación que se habían desplazado al lugar para recoger testimonios.
Solo uno de ellos, Diego, de 37 años, accedió a hablar. Lo hizo decidido: “No podemos más. Se respira miedo. Yo solo bajo con el perro, si no, no vendría hasta aquí”. Diego denuncia un cambio drástico en la convivencia desde que, hace un año y medio, se rompieron el muro y la valla del patio exterior del antiguo centro educativo. “La gente que tiene niños está muy preocupada. Echavacoiz es un barrio abandonado en Pamplona. Así nos sentimos. La inseguridad ha hecho que dejemos de pasear por esta zona. ¿La única solución? Tapiar todo, hasta la última ventana”.


"AQUÍ DENTRO TAMBIÉN PASAMOS MIEDO"
Al poco tiempo, varios jóvenes salían del edificio abandonado. Rechazaban hablar, salvo uno: Khalil, de 27 años, que accedió a atender a este periódico y a dos cámaras de televisión. En un correcto inglés, contó que llegó a España en patera tras licenciarse en Derecho en su país de origen. “Sueño con seguir estudiando algo relacionado con el trabajo social, para ayudar a otros inmigrantes”, explicó.
Khalil también expresó el miedo que se vive dentro del edificio: “Aquí dentro también pasamos miedo. Hay un grupo de unas quince personas —de las cuarenta que podemos estar— que toman muchas pastillas y son muy violentos. Se pelean por robos y por controlar las habitaciones. Si nos desalojan, no sabemos dónde iremos. No sé qué va a pasar con nosotros”.

