Personas sin hogar
El Ayuntamiento de Pamplona niega el auxilio a un joven de 21 años que duerme en la calle a cero grados
Sufyan duerme desde hace meses con un saco y una manta en la orilla del Arga entre zarzas y maleza. La noche del 30 de diciembre no pudo aguantar más el frío y acudió al Centro de Atención a Personas Sin Hogar de Trinitarios en busca de una ayuda que denegaron. Este joven pone rostro a las más de cien personas sin hogar en las mismas circunstancias.
Actualizado el 01/01/2025 a las 18:48
La noche del 30 de diciembre, a las 21:30 horas, el termómetro marca cero grados en el centro de Pamplona, junto al río Arga, con casi un 100% de humedad. Sufyan, un joven marroquí de 21 años, asoma su gorro de lana desde un refugio improvisado entre ramas y zarzas. “Aquí duermo, sí”, confirma ante el asombro de Asun, voluntaria de la asociación Apoyo Mutuo, y de un periodista del Diario de Navarra. Ambos no dan crédito a lo que ven.
Este lugar, que más parece una madriguera, es el hogar de Sufyan desde hace cuatro meses, después de un periplo desgarrador cruzando Europa. En su trayecto, voló desde Marruecos a Turquía y pasó por Bulgaria, Serbia, Hungría, Austria y Francia. Fue atacado por perros de la policía búlgara en un bosque, viajó oculto en remolques de camiones y se rompió una pierna. Tras sobrevivir a todo esto, su llegada a Navarra lo ha enfrentado a una nueva lucha: la falta de acogida en pleno invierno.
Con la luz del teléfono, Sufyan muestra las pocas pertenencias que tiene bajo el puente del Vergel, a escasos metros del río. Una manta, un saco de dormir y una colchoneta son su única protección contra el frío. Además, viste un gorro de lana, unos guantes y una chaqueta vaquera. “Cada día busco un sitio”, explica resignado. Su única comida en 24 horas ha sido algo de bollería que recibió gracias a Apoyo Mutuo, una asociación que opera en los márgenes de las instituciones.
Más de 100 personas duermen esa noche a la intemperie en Pamplona, soportando temperaturas bajo cero. Sufyan es solo el rostro visible de una realidad que sigue siendo ignorada por las administraciones públicas. Tanto por el Gobierno de Navarra como el Ayuntamiento de Pamplona.
Preocupada, Asun decide llamar al 112.
—SOS Navarra, buenas noches.
—Buenas noches. Estoy con un chico de 21 años que duerme al aire libre, en la orilla del río Arga, con apenas un saco de dormir y una manta. El termómetro marca cero grados y me da pavor que pase la noche así.
—¿Ha intentado ir al albergue municipal?
—Sí, pero le dijeron que no había sitio.
—En el 112 no gestionamos estos temas. Llame al 092, la Policía Municipal.
Asun suspira, pero no se rinde. Llama al 092.
—Buenas noches. Estoy con un joven de 21 años que está durmiendo a la intemperie. Me parece inhumano que tenga que quedarse aquí. ¿No hay forma de encontrarle un lugar?
—Si hay sitio en el albergue de Trinitarios, lo acogerán. Pero tiene que ir él mismo.
Con las instrucciones claras, Sufyan y Asun se dirigen al albergue municipal. Sufyan entra solo. Poco después sale con la misma respuesta de siempre: “No hay plazas disponibles”.
Asun, indignada, vuelve a llamar al 092.
—Les he llamado antes. Estamos en Trinitarios, pero no le pueden ayudar porque no tienen sitio. El frío es insoportable.
—El albergue debe gestionar una solución. Dígales que el Departamento de UPAS lo confirma.
Asun y Sufyan intentan nuevamente, pero la respuesta sigue siendo negativa. Según el albergue, las 58 plazas están ocupadas. La única opción que ofrecen es comprarle un billete de autobús para enviarlo a otra ciudad como Logroño o San Sebastián. Sufyan, derrotado, vuelve al agujero entre zarzas donde pasará otra noche gélida.
La situación de Sufyan no es aislada. El periódico El País ha publicado esta semana que un juez de Barcelona ha obligado al Ayuntamiento de Badalona a proporcionar refugio inmediato a personas sin hogar tras dejarlas en “completo desamparo”. Este fallo judicial podría marcar un antes y un después en la protección de este colectivo, pero, mientras tanto, Sufyan sigue luchando por sobrevivir en las calles de Pamplona.
“Hace mucho frío en la calle. Mucho frío. Una vida muy difícil”, murmura el chico, consciente de su cruda realidad. “Yo solo quiero estudiar”.