Historia

¿Desde cuándo hay un cuerpo de bomberos en Pamplona?

Estaba formado por doce hombres: los diez faroleros encargados de encender el alumbrado público, más otros dos procedentes del grupo de barrenderos

Ejercicios de los bomberos en la Plaza del Vínculo
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Ejercicios de los bomberos en la Plaza del Vínculo
Ejercicios de los bomberos en la Plaza del Vínculo

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Juan José Martinena

Actualizado el 18/06/2024 a las 23:58

Las primeras noticias de un cuerpo de bomberos en Pamplona se remontan al año 1815. Según Pedro García Merino, estaba formado por doce hombres: los diez faroleros encargados de encender el alumbrado público inaugurado en 1799, más otros dos procedentes del grupo de barrenderos. Con anterioridad a esa fecha, este servicio tan necesario lo desempeñaban voluntarios pertenecientes a la antigua cofradía de San José y Santo Tomás. Para llevar a cabo las tareas de extinción de incendios contaban con una máquina construida en París en 1786. Aquel reducido grupo de bomberos, con unos medios tan precarios, no podía cumplir de manera satisfactoria con la importante misión que tenían encomendada, ya que su capacidad de acción era muy limitada. Hubo que esperar treinta y un años para que mejorase la situación.

LA MUTUA SE ESTABLECIÓ EN 1846

En 1846 se constituyó en Pamplona la Sociedad de Seguros Mutuos contra Incendios, la cual propuso al Ayuntamiento la creación por su cuenta de un cuerpo de bomberos, comprometiéndose a su sostenimiento mediante una subvención municipal de 6.000 pesetas anuales. Con esa cantidad la nueva entidad abonaría sus jornales a los integrantes del cuerpo y adquiriría también el material necesario para llevar a cabo su cometido. La iniciativa se aprobó y dicha cantidad se mantuvo invariable más de setenta años hasta 1920, fecha en que la mutua denunció el contrato, alegando que con ese dinero resultaba ya imposible mantener un cuerpo formado entonces por 114 hombres.

EL CUERPO DE BOMBEROS DE HACE UN SIGLO

La Guía de Navarra de Ángel Saiz-Calderón para los años 1921-1922, después de aclarar que el cuerpo de bomberos de Pamplona era posiblemente el único de España que por su especial régimen y funcionamiento se distinguía de todos los demás, explica y justifica el aumento de la ayuda municipal a la sociedad que lo mantenía, acordado en 1921: “Comprendiendo el Ayuntamiento la justicia de la solicitud de la Mutua, y satisfecho por su parte de la seriedad con que ésta venía cumpliendo las obligaciones del contrato, se procedió en enero del corriente año a la formalización y firma de nueva escritura, por la cual la sociedad, mediante una subvención de 12.000 pesetas anuales, se compromete a sostener un cuerpo de bomberos compuesto de un jefe facultativo, un inspector de bombas, un practicante, un fontanero, cuatro jefes de brigada, seis cabos, dos cornetas y sesenta zapadores bomberos”. Y añadía para terminar esta noticia: “Con la firma de la nueva escritura han coincidido importantes reformas en el cuerpo; entre otras, la confección de nuevos uniformes que serán estrenados en los ejercicios generales del próximo otoño”. Dichos ejercicios tenían lugar en la plaza del Vínculo y en ellos, ante la presencia de numeroso público y de una representación municipal, los bomberos demostraban su destreza en acceder a los pisos altos con las clásicas escaleras extensibles de madera, y a la vez se comprobaba el funcionamiento de mangueras y motobombas. Por entonces integraban la plana mayor Secundino Erroz, jefe facultativo, José Pastor, jefe administrativo, y Joaquín Jiménez, inspector de bombas.

En 1924 la plantilla había registrado algún aumento, los jefes de brigada habían pasado de cuatro a seis, los cabos de seis a ocho y los bomberos de sesenta a setenta. Había además un guarda de almacén, Domingo Urtasun, y un avisador; y contaban con los servicios de un practicante, que era el Sr. Lorenzo Basarte.

UNOS MIL EDIFICIOS ASEGURADOS EN 1924

La referida Guía de Saiz-Calderón, en su edición para los años 1924 y 1925, incluía algunos datos más acerca de la Sociedad de Socorros Mutuos contra incendios de Pamplona. El más significativo, sin duda, era que dicha entidad aseguradora, “tiene una responsabilidad mutua social que asciende a la muy respetable suma de treinta millones de pesetas” y que por esas fechas estaban asegurados en ella unos mil edificios. Por entonces componían la junta directiva Álvaro Galbete como presidente, Teodoro Lizasoain como vicepresidente; José Trías era contador, Teófilo Lázaro, tesorero y José Pastor, secretario. Figuraban como suplentes de los cuatro primeros cargos Antonio Udobro, Vicente Díaz, Pedro Mayo y José Roldán.

Todas las casas aseguradas en aquella mutua lucían en su fachada en lugar bien visible, generalmente encima del portal, una placa ovalada de fondo negro con el escudo de la ciudad en su centro y la leyenda Seguros Mutuos de Pamplona. A este respecto hay que decir que en los últimos años, con motivo de las obras de rehabilitación que se vienen realizando en gran parte de las casas del casco antiguo, se han ido retirando docenas de ellas; unas han acabado en tiendas de anticuarios, otras las han guardado los propietarios de los inmuebles, y por último algunas han ido a parar al vertedero.

EL PARQUE Y LAS OFICINAS, EN LA CALLE ESLAVA

Desde finales del siglo XIX y hasta la municipalización del servicio de bomberos en 1958, la sociedad tenía su parque y oficinas en la calle Eslava número 9, cerca de la esquina con Jarauta. El edificio, ya desaparecido, se construyó en 1885, con arreglo al proyecto del maestro de obras José Aramburu Elizaga. María Larumbe, en su libro El academicismo y la arquitectura del siglo XIX en Navarra, destaca su figura y su labor constructora de la del resto de maestros de obras que por esa época trabajaban en Pamplona, y dice de él que llevó a cabo todo tipo de encargos, si bien en su obra predominan las fachadas sencillas. “Sin embargo, fue muy importante su actuación en la nueva calle Eslava, para la que diseñó varias casas de fachadas muy dilatadas y ornamentadas al estilo de Ansoleaga, con sus dinteles, ménsulas, balcones, etc.”

Hay que matizar que la calle Eslava no era nueva en sentido estricto, sino renovada, pero en cierto modo se puede considerar como tal, después de las importantes obras de reforma y ampliación llevadas a cabo por el Ayuntamiento en 1879, que transformaron la antigua belena del burgo de San Cernin, estrecha y oscura, en una calle amplia, ventilada y alegre, que pronto se vio animada por la presencia de numerosas tiendas y comercios. Esa notable mejora urbana se realizó a costa de derribar, total o parcialmente, las casas del lado izquierdo, desde la plaza de San Francisco hasta la fuente de la calle Descalzos. Dicha fuente, que antes estaba en la plazuela de Santo Domingo, la trasladó el Ayuntamiento a su actual ubicación dos años antes, en 1877, poco antes de ensanchar la calle, razón por la cual, como ya hizo notar el Dr. Arazuri, se encuentra descentrada respecto a la alineación de las casas del lado que se renovó, una de las cuáles era la de la Sociedad de Seguros Mutuos contra incendios, construida como ya hemos dicho en 1885. Dos años antes, el 10 de marzo de 1883, el Consistorio acordó dar a la calle el nombre del ilustre compositor don Hilarión Eslava.

En el Archivo Municipal se conserva el plano de la casa que nos ocupa, que la citada María Larumbe considera un buen ejemplo de la arquitectura pamplonesa de finales del siglo XIX. La fachada presentaba tres alturas. En la planta baja se abrían once huecos: cinco puertas, de las que una daba acceso al almacén y otra a la portería, y seis ventanas; en la planta principal, también de once huecos, dos balcones, dos balconcillos sin resalte y siete ventanas y en la segunda planta, más baja de techos y medio abuhardillada, once ventanas mucho más pequeñas que el resto. El tejado era a cuatro aguas.

CUATRO COCHES Y DOS MOTOBOMBAS

En 1957, cuando estaba a punto de municipalizarse el servicio de bomberos, dejando de estar a cargo de la Mutua, el parque móvil con que contaba ésta lo formaban cuatro coches y dos motobombas. El vehículo más antiguo era una camioneta marca Ford, matrícula NA 845, adquirida en 1924, que todavía se conserva en buen estado. El segundo y el tercero, un camión marca Unic, matrícula NA 2132, y una camioneta, adquiridos respectivamente en 1929 y 1930. El más moderno era otra camioneta algo más grande, de 16 caballos de potencia, marca Dodge y matrícula NA 3280, que se compró en 1931, gracias a que ese año –el de la República- el Ayuntamiento aumentó la subvención a la Mutua hasta la cantidad de 20.000 pesetas. Los coches iban pintados con el característico color rojo y equipados con la clásica escalera de madera y la no menos clásica campanilla, aunque para estas fechas esta ya no se hacía sonar tirando de la cadenilla, sino por medio de un botón que iba colocado en el tablero de mandos.

Además de estos cuatro coches, la Sociedad de Socorros Mutuos contra incendios de Pamplona disponía también de dos motobombas y una escalera articulada de madera de 18 metros. En aquellos tiempos en que en la mayoría de las casas las cocinas -llamadas económicas- eran de carbón o de leña, una gran parte de las intervenciones de los bomberos eran para apagar y deshollinar las chimeneas cuando se quemaban, cosa que solía ocurrir bastante a menudo.

Por entonces, el jefe era Joaquín Iñarra y el subjefe, Miguel Huarte. Además del Sr. Iñarra, vivían en la casa de la calle Eslava los hombres que formaban con carácter fijo el retén de guardia por las noches, con sus respectivas familias. El servicio se prestaba en dos turnos de ocho horas, con cinco bomberos por la mañana y otros cinco por la tarde. El más veterano era Juan Usunáriz, que llevaba 36 años, desde 1921 en que entró con 23. El jornal que percibían aquellos sufridos profesionales era de 38 pesetas, por lo que algunos lo completaban dedicándose a otros oficios en sus horas libres.      

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