Ucrania en Navarra
De huir de la guerra de Ucrania con dos hijos a quedarse en la calle en Pamplona
Tras dos años en un programa de acogida, Yana y sus dos hijos, de 10 y 8 años, tuvieron que salir el 6 de marzo del piso que compartían con otras familias refugiadas


Actualizado el 13/03/2024 a las 16:24
Dos años después de llegar a Pamplona huyendo de la guerra de Ucrania, Yana, de 30 años, y sus dos hijos, Sasha y Maxim (10 y 8) se han visto obligadas a dejar el seis de marzo el programa de acogida que gestiona una entidad religiosa para personas refugiadas, y se han quedado en la calle en lugar de ser dirigidos a un programa de transición.
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Este programa de acogida les ha proporcionado durante estos dos años un techo compartido con otras familias de otras nacionalidades además de un sustento económico básico para poder vivir y estabilidad psicológica. “Llevaban tiempo avisándonos de que debíamos abandonar el piso”, admite Yana, “el problema es que nadie alquila nada con niños”. Y sin trabajo y sin renta garantizada, en un contexto social en la que nadie alquila nada a madres con menores, el Ayuntamiento de Pamplona ha tenido que intervenir para luego dejarles a su suerte en una habitación de hostal en la comarca de Pamplona sin ningún tipo de manutención, así lo denuncia la Asociación Apoyo Mutuo, que los acompaña desde entonces.
Hoy, sin desayuno, sin comida, sin cena, sin un lugar donde hacer las tareas, los niños se alimentan a base de bocadillos de queso y macarrones que hierve en la cocina del piso de un amigo que vive en una habitación y que le permite guardar la ropa en su maletero de un coche. Otras organizaciones que trabajan con personas refugiadas no dan crédito a lo sucedido. Entienden que debían haber pasado a una “programa de transición”, explican.
Según ha podido confirmar este periódico, el programa de transición para personas vulnerables se encuentra sin plazas y el Defensor del Pueblo ha recibido ya la queja por lo sucedido.
Yana refugiada ucraniana de 30 años: "Nadie alquila nada a madres con niños"
En el umbral de la habitación del hostal en el que se hospedan estos días Yana y sus dos pequeños también se encuentra Mikel Otazu, un maestro jubilado además de voluntario de Apoyo Mutuo, asociación encargada de acompañar a las personas más vulnerables en los mismos márgenes. “Estamos humanizando a los animales y deshumanizando a las personas. Eso es indignante”, lamenta Otazu. “Lo que les sucede a Yana y a sus dos hijos es el problema de todas las mamás emigrantes con niños que están buscando un techo en Pamplona”. Por ello, ante una realidad que se enquistó hace años y que se agrava por la falta de alquiler, Apoyo Mutuo ha querido dejar por escrito su denuncia ante el Defensor del Pueblo. En este expediente, “la Unidad de Barrio no se están adoptando las medidas precisas”, aseguran. “No se les ha apuntado al programa EISOVI (Equipo de incorporación Social a través de la Vivienda) a pesar de haberlo solicitado. Tampoco se le ha prestado la asistencia necesaria para poder inscribirse en el censo de solicitantes de vivienda protegida. Únicamente se le ha entregado un bono de 15 días que no tiene cocina ni las condiciones para que pueda vivir una unidad familiar”, dice el escrito, solicitando que se supervise el programa de acogida y que se asesore en atención a sus condiciones.
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Yana se sienta junto a la ventana, mientras los niños juegan sentados a lanzarse un peluche. Ella, criada en un orfanato al abandonarla su madre con 10 años, les observa. “Hace justo dos años estábamos saliendo de las bombas”.
Vivir así es vivir en un cuarto...
Sientes que estás en la calle, sin cocina, sin lavadora, con el colegio a una hora...
¿Cómo fue la huida de Ucrania?
Empezaron a caer las bombas, cogí a mis hijos y los traje a Pamplona. Vinimos aquí solos, en autobús. Conocía esta ciudad porque yo me he criado en un orfanato y había estado aquí un verano, con diez años. Aquí nos acogió un hombre con dos hijos en una casa. Luego nos ayudaron en otras organizaciones. Vivimos en Estella tres meses y después nos incluyeron en un programa de acogida en Pamplona.
¿En qué consistía el programa de acogida?
Compartíamos piso con otras familias. Mis niños tenían su propio cuarto, nos daban 100 euros al mes para gastos de bolsillo y otros 180 para alimentos.
¿Y qué ha pasado?
Un año y seis meses después nos dijeron que nos teníamos que buscar la vida. Sin renta garantizada, sin ningún tipo de ingresos... y es tan difícil encontrar vivienda en Navarra. Al salir del programa no recibes nada, así que estoy en cero. He solicitado la renta garantizada pero no llega.
¿Volvería a Ucrania?
No podemos volver hasta que termine la guerra. Allí tengo una madre enferma de cáncer que vive en una habitación. La situación es muy dura.
¿Cómo se siente?
Ante todo, soy madre (llora). Tengo que luchar por ellos. Estamos en la calle.
(Su hija Sasha la abraza y participa en la conversación).
Sasha, ¿qué recuerdos tienes de Ucrania?
Mis tíos, mis abuelos, mis amigos, muchas personas... No quiero volver.
¿Cómo se vive en una habitación?
Mal, porque no hay dinero para comprar comida, no hay cocina... Nos estamos aburriendo. (Su hermano se cubre la cabeza con un peluche, está muy nervioso)
Yana, ¿cómo es el día a día?
Nos levantamos, un vaso de leche, vamos al colegio, preparo algo de comer en casa de un conocido. Los niños no tienen comedor en el colegio. Salen a la una y a las tres hay que volver. Estudiamos sobre la cama y la mesa. Salimos al parque para que se muevan n poco y a las nueve a dormir. Así estaremos 15 días. Yo sigo buscando habitaciones, pero nada. En cuanto escuchan que hay niños, nadie te alquila nada.
¿Una habitación es un hogar?
Nos conformamos con una habitación. Así voy a tener cerca una cocina y voy a poder calentar comida a mis hijos. Como siga alimentándoles con bocadillos y macarrones durante mucho tiempo voy a estropear sus estómagos.
¿Qué habéis comido hoy?
Bocadillos de queso.
¿Hay más familias ucranianas en situación parecida en Navarra?
Hay muchas como nosotros.