Patrimonio

La lucha de Óscar Vidaurre por mantener el último de los tres palacios medievales de Burlada

El constructor está empeñado en que no se pierda entre ruinas Casa Dorrekoa, el último de los tres palacios medievales de Burlada que queda en pie. ¿Y cómo? Quiere que el Ayuntamiento asuma su titularidad

Óscar Vidaurre Orayen, en el interior del palacio de Burlada
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Óscar Vidaurre Orayen, en el interior del palacio de Burlada
Óscar Vidaurre Orayen, en el interior del palacio de Burlada

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Myriam Munárriz

Publicado el 21/01/2024 a las 05:00

Un solar privado, cedido en uso al Ayuntamiento de Burlada como aparcamiento, desbarató los planes del constructor Óscar Vidaurre Orayen. Su intención era convertir una casa señorial ubicada en el pueblo antiguo, en la calle San Juan Bautista, en cinco apartamentos con sus garajes. 

Y la única manera de acceder a los estacionamientos era a través de la pared posterior, la que da a este estacionamiento al aire libre. “Cuando vi que debido a su titularidad era imposible, paré el proyecto, miré la casa, me fijé más en los detalles y decidí investigar”. Contrató al Gabinete de Arqueología y Estudios Históricos Trama y gracias a ellos descubrió que estaba en posesión del único de los tres palacios medievales de Burlada que queda en pie.

¿Y por qué se hizo con la propiedad? Óscar cuenta que está especializado desde hace diez años en reformar viviendas antiguas con estructura de madera para convertirlas en pisos. “Yo no derribo, yo rehabilito y siempre de la mano de Príncipe de Viana”. 

Como en Pamplona ya no quedaban de este tipo de bloques, su radio de acción se amplió a la comarca de la capital y descubrió esta antigua casa hidalga -aún no sabía que era un palacio- en venta. 

Fachada principal del Palacio de Dorrekoa
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Fachada principal del Palacio de DorrekoaBuxens
Fachada principal del Palacio de Dorrekoa

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“Una parte estuvo habitada hasta hace cinco años por un señor que se dedicaba a las antigüedades. No sé si había sido dueño. Yo a quien se lo compré fue a una francesa que debía descender de por aquí y que se había enamorado de la casa. La adquirió para hacerse una vivienda pero su marido no estaba por la labor”.

Príncipe de Viana sólo le obligaba a mantener la fachada exterior, que en Catálogo Monumental de Navarra se describe así: “Cuerpo horizontal flanqueado por dos torreones y distribuido en altura por dos niveles. En la fachada de sillarejo y sillar puerta de medio punto centrada y a su izquierda ventanas con forja antigua en el piso inferior y en el superior cuatro ventanas, dos al cuerpo central y una en cada torreón, la del izquierdo geminada de arcos conopiales”. Arcos típicos del tardogótico y fechados en el siglo XV.

El constructor decidió retirar los elementos añadidos recientemente para rescatar el patio interior. “Las paredes internas estaban tapadas con maderas y se había puesto un falso techo. Los que vivían ocupaban sólo un ala del palacio, por lo que un muro impedía ver el resto del edificio y este patio”, describe Óscar, que poco antes de Navidad acudió al Ayuntamiento para entrevistarse con la alcaldesa Berta Arizkun (EH Bildu)

“Le he comentado la importancia de este inmueble por lo que estará dispuesto a vendérselo a Burlada. Aún estoy esperando la respuesta”, dice. Sí reconoce que requiere de una gran inversión, que él por su parte minimizará. “Porque voy a consolidarlo. Me he enganchado a este palacio y no quiero que se caiga. Ese es mi único plan, mantenerlo en pie, aunque el Ayuntamiento no lo quiera adquirir”.

El palacio, también conocido como casa Garralda ocupa 274 metros cuadrados de planta, que llegan a 392 metros cuadrados si se añade la vivienda anexa en su parte posterior. Un espacio que tiene su propia historia, y triste además. Conocido como Casa Urrizola sus últimos moradores fueron el matrimonio formado por Lucas Urrizola Iriarte y Margarita Azparren Olaberri y sus dos hijos canteros, Jerónimo y Santiago. 

En 1936, con 33 años, Santiago fue detenido nada más producirse el golpe militar y llevado a la cárcel de Pamplona de donde se le sacó para fusilarlo en septiembre en el cementerio de Tiebas. Sus restos no aparecieron.

Y de los moradores de la parte noble, Trama cree que fueron los Dorre, una de las familias importantes del Burlada medieval junto a los San Martín y los Monreal a tener de la documentación de la época . 

“No nos deja de llamar la atención que aún se denomine casa Torre (Dorre) a la contigua a nuestro palacio, y que por el documento de 1829 sabemos que una casa contigua al palacio pertenecía a una rama de esta familia. La familia de la casa también se apellida Torre”.

Un apellido que, dicen desde este gabinete, no fue el que bautizó al palacio, sino al revés de ahí la importancia del inmueble revestido de su propia nobleza . “Dorrekoa significa la casa de la torre. El palacio, originalmente, era una torre o tenía una torre. Si la casa, por contra, hubiera tomado el nombre de la familia que la habitaba, se hubiera llamado Dorrearena o Dorrenea: la casa de los Dorre”.

Las torres subrayaban la hidalguía de las casas y, por tanto, de sus moradores. Además de constituir una fortaleza defensiva en los tiempos convulsos que vivió el Reyno de Navarra antes de su incorporación a la corona de Castilla. 

En muchos casos, se ordenó tirar esas torres pero para no olvidar su pasado se hacían construir otras de menor tamaño, como las de Dorrekoa a ambos lados del palacio. Su labor ya no era bélica, sino que se adaptaron a las nuevas ocupaciones de los grandes señores: la tierra, sirviendo de almacenes para el cereal.

La fiebre del ladrillo mató a los palacios

Burlada es un municipio que cuenta actualmente con casi 20.000 habitantes, siendo el quinto mayor poblado de Navarra. Pero antes de la expansión industrial, y por tanto demográfica, se trató de un enclave pequeño que a principios del siglo XX apenas sobrepasaba los 200 vecinos. Y entre las pequeñas casas de los ganaderos y agricultores destacaban sus tres palacios, el de San Martín conocido como Casa Pabollet, a pie del Camino Real y que miraba hacia la Basílica de San Salvador; un caserón gótico junto a la vieja iglesia de San Juan (ubicados en el emplazamiento que ocupa la parroquia del mismo nombre) bautizado como Casa del Acerdiano o Arcipreste, que pertenecía a la catedral de Pamplona, y Dorrekoa. Los otros dos fueron derribados en los años 50, cuando el suelo para construir valía más que la historia.

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