Todos los Santos en Pamplona

Las flores envuelven el recuerdo de los difuntos en el cementerio de San José

Miles de personas cumplen con la tradición y acuden al camposanto de Pamplona en busca de un momento personal con familiares y amigos

Fotos de la celebración de Todos los Santos en el cementerio de Pamplona. /
Fotos de la celebración de Todos los Santos en el cementerio de Pamplona. /Jesús Garzaron

Noelia Gorbea

Actualizado el 01/11/2023 a las 16:09

Cúmulo de sentimientos contrapuestos, donde la solemnidad de muchos confronta con una manera de mirar diferente, la de quienes sonríen compartiendo anécdotas de quienes, por el motivo que sea ya no están entre nosotros. Los cementerios transmiten sensaciones complicadas de definir. 

Una especie de paseo por la eternidad donde el Día de Todos los Santos se sigue haciendo fuerte en el corazón de aquellos que necesitan un momento a solas con abuelos, primos, hermanos, padres, madres, hijos... Dolor que de alguna manera, trata de aderezarse a la compañía que regalan flores, fotografías y pequeños amuletos que nos recuerdan que la vida, de la manera que sea, sigue.

Y son ellos, quienes este 1 de noviembre han acudido al cementerio de San José de Pamplona para recordar a los suyos, los que insistían en que la muerte no se supera, sino que se interioriza. “Echar de menos es tan necesario como importante”, matizaba Asunción Berrade, viuda de Ricardo Dorronsolo. 

Así, en un camposanto donde las incineraciones ya superan con creces a los enterramientos (el 80%), miles de fieles a las tradiciones no dudaron en participar durante todo el día en un ritual que cada uno interpretó a su manera. “Nos gusta venir en familia y después ir al vermú”, indicaba María de los Ángeles Arriazu.

Con la mirada puesta en un cielo de nubes y claros, el panorama era evidente: lápidas limpias, panteones a rebosar de flores, velas por doquier y muchísimos recuerdos amontonados a lo largo y ancho de San José. “Es un día especial en el que quieres visitar a tus seres queridos”, coincidían unos y otros. Con experiencias tan diversas como casuísticas en la vida, los hermanos Villar Alfaro reflexionaban a los pies de la tumba de sus padres, fallecidos en accidente de tráfico. “Hace ocho años aunque parece que fue ayer”, valoraban Jesús y Alberto.

Como también miraba concentrada Josune García hacia el nicho de su tía Loli. “Mis padres viajaban mucho por trabajo y ella me cuidó durante prácticamente toda mi niñez”, recordaba esta pamplonesa de ‘toda la vida’. Pero no solamente adultos, sino que los más pequeños también tuvieron su espacio. “Mamá, ¿por qué la gente se sube a esas escaleras gigantes?”. La pregunta, de labios de Martina Ilundáin, despertó sonrisas. “Es para la gente que tiene a sus familiares en la parte superior y no llega a dejar las flores”. La respuesta, de Carolina Mateos, contentó a la pequeña, que prefirió seguir concentrada en su muñeca de Frozen.

EPITAFIOS ESPECIALES

​Día de Todos los Santos. Pamplona. Miles de personas entrando y saliendo del cementerio municipal de San José. Pensando en sus familiares y, sin darse cuenta, quizá compartiendo mucho más de lo que parece. Y es que basta fijarse en los pequeños detalles para darse cuenta de que muchos de los epitafios grabados denotan mucho más que una simple despedida. Es el caso de recordatorios tan expresivos como el de Mertxe Iriarte. Quererte fue tan fácil que olvidarte es imposible. También llamaban la atención las despedidas de Antonio de la Merced (Nos vemos en el cielo); la de Martzelo Barbería (Quien ha escuchado la voz de las montañas nunca la podrá olvidar); o el texto en memoria de Álvaro Murillo: Hay quien vive poco tiempo y toca el corazón de otro para siempre. Palabras que, sin duda, son especiales para las familias que ayer acompañaban a quienes ya no están. “Nos gusta pensar que ellos nos ven, escuchan y saben que seguimos recordándoles”, contaba Cecilio Romero, con un ramo de rosas amarillas para su mujer. “Eran sus favoritas”.

Pero no solo eso, sino que también tuvo lugar el tradicional responso al músico Pablo Saraste. Fue la música del cuarteto de cuerda de la Orquesta Sinfónica de Navarra, compuesto por Anna Siwek y Maite Ciriaco, violines; Carolina Úriz, viola y Tomasz Przylecki, violonchelo, la que caló profundo en el cementerio de San José. Y es que, como marca la costumbre, el Ayuntamiento de Pamplona celebró el tradicional responso en su memoria.

Ahí, en su mausoleo, la alcaldesa Cristina Ibarrola, junto a miembros de todos los grupos de la corporación municipal, agradecieron el legado del compositor, guardando un minuto de silencio donde también hubo palabras para todas las personas enterradas en el camposanto a través de una pequeña homilía del párroco César Magaña. Incluso pudo verse, en un comedido segundo plano, al ex alcalde de la ciudad, Enrique Maya.

Aprovechando el 600 aniversario del Privliegio de la Unión, desde el consistorio se obsequió a los descendientes del hijo predilecto de la capital con el Sello de Pamplona. “Agradecemos la fidelidad a este acto y sabemos que Pablo Sarasate estaría muy orgulloso este año, ya que nació en el burgo de San Nicolás”, rememoraba su biznieto Rafael como portavoz de todos los presentes. Los aplausos hicieron el resto.

Raúl Sagaseta
Pamplona
“Mi mujer adoraba las dalias y yo se las compraba cada vez que habíamos discutido. Y siempre funcionaba”

Irune Sánchez
Barañáin
“Mis hermanos y yo venimos todos los años para visitar a nuestros padres, que ya murieron hace bastantes años”

Igor Luquin
Pamplona
“Aquí visitamos a la familia de mi mujer y después vamos a Medigorría, donde está la mía”

Kike Valentín Jiménez
Pamplona
“Es un día extraño porque pasas momentos muy tristes pero también los disfrutas en familia. En mi caso, es tradición ir a comer todos juntos”

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