Pasaka
Pelota en el claustro de la catedral de Pamplona
Cuatro pelotaris, vestidos con sotana, jugaron este sábado un partido de pasaka en el sobreclaustro de la catedral de Pamplona
Actualizado el 29/10/2023 a las 10:12
Sentir el golpe limpio y recto. Aprender a resistir. Sentir la alegría, el sudor y el cansancio. El sonido de la pelota, eso es lo que recuerdo”. Este sábado, a las 11.45 horas, comenzó el I Encuentro de la asociación NAPIKE con Iglesia y Pelota.
El sobreclaustro de la Catedral dividido por una red de 1,20 metros de altura, una pelota de 245 gramos y cuatro pelotaris fueron los protagonistas del partido de pasaka. Julen Chiapuso y los hermanos Jon, Ibai y Andoni Urbieta, divididos por parejas y originarios de las localidades Oiartzun y Villabona, en las que todavía se conserva esta modalidad, protagonizaron la recreación.

PELOTA CON HISTORIA
“De aquí vendrá el tenis”, se oía entre el público. Y no se equivocaban. El tenis real evolucionó a raíz de un juego de pelota francés con muchas similitudes con la pelota vasca. La pasaka o el bote luzea, las dos modalidades más antiguas, formaban parte del día a día de los clérigos durante los siglos anteriores. “Hubo un tiempo en que era común ver a los curas jugando a pelota en frontones y plazas”, aseguraba María Villafranca, vecina de Pamplona. Justamente ese fue el propósito que NAPIKE quiso ilustrar, esa tradición tan antigua para la cultura de los juegos de pelota. Para ello, los cuatro pelotaris, vistieron con sotana y zapatos negros, para rememorar la práctica. “Se nota el peso de la sotana y con el sudor, se vuelve más incómodo”, afirmaba Julen Chiapuso. A las doce del mediodía hicieron un pequeño receso para rezar el Ángelus. Lo presidió el deán de la catedral, Carlos Ayerra, con el canónigo y músico Aurelio Sagaseta, al txistu.
A las 12.30 acabó el partido. Julen y Andoni se llevaron la victoria con un resultado de 5 a 4 sobre Ibai y Jon.
UN DUELO MUY DISPUTADO
“Muy igualado”. Esas eran las sensaciones de un público que no paraba de preguntarse cómo golpeaban la pelota con tanta facilidad. Otros, más expertos, lo explicaban: “El núcleo es de madera de boj y al estar rellena de trapo, hace que sea mucho más blanda”, afirmaba Ion Larrainzar, aficionado del deporte. Ellos, lo reafirmaban: “La pelota es más blanda, sí. Pero ha sido complicado. Se iba fuera todo el rato porque no hay mucho espacio”, afirmó Chiapuso, miembro de la pareja ganadora, quien lleva jugando a pelota desde los seis años. “Luego con 18 ya probé la pasaka. Solemos jugar una vez al año y algún que otro partido amistoso. Lo que más me gusta es el trinquete, pero ha sido una experiencia nueva muy buena”, explicaba entre paredes con historia, donde los canónigos antaño hacían deporte.
La pasaka, una modalidad desconocida
La pasaka utiliza un sistema de puntuación similar al del tenis. Cada punto se cuenta como “15”, “30,”, “40” y si ambos equipos llegan a 40 puntos (“iguales”), las parejas cambiarán de campo. En caso de que se marque un tanto, continuarán en el suyo, pero si vuelven a empatar, pasarán de nuevo al rival. Asimismo, un “cantor” se coloca en la parte izquierda para ir cantando los tantos. Antiguamente, en mitad del partido, se rezaba el Ángelus, una práctica que que desapareció a finales de los 90 pero que, en algunos lugares de Francia, se sigue manteniendo.
