Pamplona camina sobre su historia
Una multitud arropa la celebración de los 600 años de la cuidad en sus calles y en la honra a Carlos III en la catedral


Publicado el 09/09/2023 a las 06:00
A aunque fuese de forma figurada, por obra y arte de la interpretación, Carlos III revivió con su corona replicada de la que remata su lecho mortuorio en la catedral para estampar la firma de un documento “de 29 artículos” que dio luz a una ciudad. El sello estampado sobre el Privilegio de la Unión junto a la Casa Consistorial -todo un icono que ordenó construir “sobre un barranco”, como significó Pedro Palacios en una recreación histórica- refrendó la desaparición de disputas entre San Cernin, San Nicolás y Navarrería, tres burgos y un espacio común al que atar su futuro.
La novedad recreativa devolvió a la hoy ciudad a sus albores, entre personajes ataviados con atuendos del medievo, la curiosidad atrapada por el magnetismo del teatro histórico y un tiempo veraniego que hizo sudar lo suyo a intérpretes y miembros de la corporación municipal que recorrieron en cuerpo de ciudad el trazado de ida y vuelta entre el Ayuntamiento y la catedral. A diferencia de la mañana, en que hubo ausencia intencionada de los ediles de EH Bildu, Geroa Bai y Contigo-Zurekin por obviar su encuentro con la monarquía, la representación municipal desfiló compacta, sin las fisuras que en debates de encendidos plenos haría palidecer de estupor a quien promulgó la unidad hace justo ayer 600 años. “Carlos el tercero de su nombre”, como señaló Darío Español, conductor de la recreación, “puso orden donde no lo había. Bien podría servir de ejemplo para ahora”, remató su acompañante, Pedro Palacios.
Por ser día rotulado en rojo en la agenda histórica de Pamplona, con sus seis siglos de unión forjada, las calles del Casco Antiguo lucieron pendones con su trazado protector sombrío en una tarde veraniega, que fue rotando a plomiza con 28 grados instalados a las siete y media de la tarde en la plaza Consistorial. Antes de que el cuerpo de ciudad se adentrase por las calles estrechadas por líneas de puestos artesanos y gentío numeroso, los bajos del Centro de Salud de Conde Oliveto dieron cobijo a rostros menudos y corazones ilusionados de mayores por la aparición deseada de los gigantes y cabezudos.
Rebasada las cinco y media de la tarde, la llegada de la comitiva de altura y cuerpo ancho con legión de fieles seguidores a pie y en silletas coincidió con los últimos retoques del cuerpo de ciudad en el zagúan del Ayuntamiento. Un redoble de atabal predispuso a los gigantes a abrir la marcha. En ese instante, La Pamplonesa entonó ‘Unida por el Privilegio’, una marcha de Saül Gómez, compuesta por encargo del Ayuntamiento para celebrar precisamente la unión. El cortejo de Corporación en cuerpo de ciudad, timbaleros, guardia de gala, banda municipal de txistularis, dantzaris de Duguna y La Pamplonesa comenzó el recorrido por la historia. Tras desviarse por San Saturnino y enfilar Mayor, Eslava, plaza de San Francisco, la del Consejo, Zapatería, Calceteros y Mercaderes, alcanzó la catedral, a esos de las seis y veinte, a través de Curia, cuyos orígenes -como Dormitalería- están asociados a la reconstrucción de la Navarrería después de la “gran guerra de 1276”, como explicó Pedro Español, que redujo su antigua estructura a cenizas.
LA OFRENDA A CARLOS III
Desfiló con el estandarte del sello municipal el edil de UPN, Aitor Silgado Goicoechea; y con la bandera verde de la ciudad, Edurne Turrillas, de Duguna. La curiosidad musical acompañó al séquito en su avance de una ciudad encantada, atestada de público y asfixiada por el calor. La banda de txistularis incluyó en su repertorio Iria, “de Santiago Irigoien”, como observó Fermín Garaikoetxea, en alusión al compositor de Lesaka.
Ya en la catedral, frente al mausoleo de Carlos III y Leonor de Trastámara, el deán de la catedral, Carlos Ayerra, rezó un responso después de una introducción de José Antonio Goñi, maestro de ceremonias, al que acompañaron los también canónigos Óscar Azcona y Alfredo López Vallejos. A la conclusión, después de la ofrenda floral de la alcaldesa, Cristina Ibarrola, Ayerra fue estrechando uno a uno la mano a los ediles, alrededor del mausoleo. Treinta voces -17 graves y 13 - de la capilla de música de la catedral, dirigida por Ricardo Zoco y acompañada al órgano por Julián Ayesa, interpretaron Lob Gott,ihr Christen de Nikolaus Herman Arm J.s Bacha, Recuerde el alma dormida, de Alonso Mudarra; y Comencerai a faire un lay, de Teobaldo I ‘li roi de Navarre’ ,enterrado en la catedral a los pies de Carlos III. Todo un privilegio.
