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Poblado de Santa Lucía

Saturnina Dos Santos: “Pasé de una chabola a vivir en un piso con luz y agua”

Nieta de trasmontanos portugueses, parte de su infancia transcurrió en el asentamiento de chabolas de Barañáin

Ampliar Reviviendo su historia ante un despliegue de imágenes, Saturnina Dos Santos De los Ángeles
Reviviendo su historia ante un despliegue de imágenes, Saturnina Dos Santos De los ÁngelesEduardo Buxens
Publicado el 27/11/2022 a las 06:00
Los padres de Saturnina Dos Santos De Los Ángeles -“pobrecitos ellos”-, trajinaban con animales sin un rumbo conocido en búsqueda de sustento con el que alimentar a sus diez hijos. Hace 57 años recalaron en La Bañeza (León) y allía nació ella, que desde pequeña quiso llamarse Carmen y que como tal responde en Traperos de Emaús, donde trabaja hoy. Nieta de trasmontanos portugueses, parte de su infancia transcurrió en el asentamiento de chabolas de Barañáin. “Venían unas monjicas y nos llevaban a los niños a la escuela de Etxabakoitz. Las monjas nos duchaban allí, en el colegio. Recuerdo que tenía miedo a la ducha. Muchos de nosotros descubrimos allí la ducha”.
Los recuerdos de su niñez se pierden en el barrio pamplonés donde la alegría correteaba ladera abajo camino a las aulas. Los domingos eran de juegos y sueños. Había voluntarios que “nos llevaban a pasar el día a Salesianos”.
El Poblado de Santa Lucía fue un bálsamo frente al paisaje de inmundicia que había conocido hasta entonces. “Tener un techo supuso mucha la diferencia. Pasar del chabolismo a aquellas primeras casas de Santa Lucía, con luz y agua, fue como pasar del infierno al cielo”. Según relata, tuvo el privilegio de estrenar las primeras viviendas antes de la remodelación a partir de 1994 que redujo la capacidad del centro a 20 a cambio de mayor confortabilidad. Participó de la remesa inicial de niños de Santa Lucía que estudiaron en el colegio de San Jorge, antes de que la escolarización en centros de Pamplona se convirtiese en hábito por el bien de su integración.
Entre ambos períodos, decidió probar suerte con una pareja en un nuevo destino. La apuesta sentimental se zanjó con una separación y su regreso a Santa Lucía, “embarazada de cinco o seis meses de Samuel”, su primer hijo. La vuelta le esperó con el dolor de haber perdido a su padre en su ausencia. Por malentendidos e incumplimientos de normas, como reconoce, debió abandonar su morada provisional junto a su madre para vagar por el País Vasco como feriante. En su nuevo periplo, le llegó el tiempo de dar a luz a Samuel en San Sebastián.
Años después, el destino le devolvió al Poblado como acogida del realojo de las Casas de Múgica. Llegó con un recién nacido en sus brazos, fruto de una segunda relación y al que las Navidades le rociaron con una lluvia de regalos. Después de tanto quiebros, la suerte asomó a su vida con el traslado familiar a un piso. Aún tendría que sortear una nueva traba tras el nacimiento de su cuarto hijo. “Mi marido nos dejó”.
La ayuda de Traperos de Emaús, como recuerda, le permitió encarar una dura etapa. “Muchas personas ya me dicen: ‘Qué bien has educados a tus hijos. Si son payos. Estoy muy orgullosa de ellos. Esta gente (por Adsis) peleó mucho por que tuviésemos un piso. Doy gracias a Dios por haberla conocido”.
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