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Pamplona

Dos pequeños negocios con encanto de Pamplona buscan relevo

María Oroz apura sus últimos meses en el Café Leiho de la Bajada de Javier. Lo mismo que Javier Goñi, de la librería Horizontes del Ensanche. Ambos suman un siglo de vida laboral

Ampliar María Oroz, en la gran ventana de su pequeño café Leiho, en la Bajada de Javier
María Oroz, en la gran ventana de su pequeño café Leiho, en la Bajada de Javiercedida
Publicado el 06/11/2022 a las 06:00
Juan Goñi observa desde el interior de su papelería cómo algunas personas de cierta edad se paran a ver el escaparate. En ocasiones, este comerciante entabla conversación. “¿Te acabas de jubilar? Le pregunto, y se sorprende de que esté en lo cierto. Se nota en esa tranquilidad que permite observar las cosas de distinta manera”, comenta. Esta es la aspiración de Goñi, de 68 años y dueño de Horizontes, en la calle Paulino Caballero 43. También la de María Oroz Espila, dueña de Café Leiho, en la Baja de Javier 9, que pronto cumplirá los 65. Ambos empezaron a trabajar por cuenta ajena con 14 años antes de montar su propio negocio cuando se quedaron en la calle. En locales de reducido tamaño, sin empleados salvo en ocasiones puntuales, han sabido adaptarse a los tiempos conservando el espíritu del pequeño comercio de cercanía, de trato cercano. Ahora buscan relevo, un emprendedor dispuesto a continuar sus pasos. “Si hace falta puedo estar unos meses enseñándole”, coinciden ambos.

María Oroz: “En 1985 me aconsejaron abrir un café como los de París”

María Oroz Espila abrió el Café Leiho en 1985 en la Baja de Javier número 9. “Trabajaba desde los 14 años en un comercio y me quedé en paro. Los jefes no tenían dinero para pagarme la indemnización y me ofrecieron este local de 35 metros. Mi círculo más cercano me habló de que en Francia había unos locales muy coquetos que se llamaban degustación de café y que podía tener éxito en Pamplona”, relata María, que no tenía ninguna experiencia cafetera. Contactó con Cafenasa, que le asesoraron y formaron y con ellos lleva 37 años. “Muchos pensaban que no iba a durar mucho”, recuerda.
Leiho, ventana en euskera, es una “ventana a la amistad”, que es lo que se lleva después de tantos años con una clientela fija. “Vecinos del barrio, estudiantes de la escuela de idiomas, que después de un examen venían a descargar la tensión, artistas de la escuela de teatro, personas que van a sacarse sangre al centro de salud… Aquí he forjado muchas amistades”, expresa. La calidez y el trato cercano le hicieron merecedores de un Solete Repsol en 2021. “No me enteré hasta que me lo dijo un cliente que lo vio en internet”, comenta.
El Leiho tiene como una de sus peculiaridades que ofrece los cafés en vaso de cristal. “Un día me quedé sin tazas y le dije a un cliente si no le importaba que le sirviera en vaso. Y así empezó todo”, recuerda. Al principio compraba en la pastelería Salcedo coronillas y otros dulces. Después se pasó a los bizcochos que le hacían unas chicas. “Hasta que un día probé a hacer en casa bizcochos con unas recetas de Arguiñano que salían en el periódico. Ahora tengo 27 bizcochos diferentes, de castañas, higos, uvas, limón, semillas de amapola… y sigo utilizando aquellas recetas”, relata. 
La música y las exposiciones temporales de arte son las otras señas de identidad de este pequeño local, que reformó hace 27 años conservando los muros de piedra y ladrillo. La propia María se ha vuelto una gran aficionada a la pintura. "Durante la pandemia empecé a pintar acuarelas", señala. Para la venta del negocio se ha puesto en manos de Mariaje López-Vailo, asesora especializada en la compraventa de inmuebles que tienen un carácter y un valor especial. "Me gustaría encontrar una persona que respetara el espíritu y el ambiente de este pequeño café", expresa María. 

Juan Goñi: “No quise estudiar pero me volví un experto en libros de texto”

Como no quería estudiar, a Juan Goñi le mandó su familia a la librería Sánchez Escudero de la plaza de la Cruz como aprendiz con 14 años. Por cosas del destino, este librero acabó siendo casi un experto en libros de texto y material escolar. Cientos de chavales de Jesuítas, Santo Ángel y del instituto han pasado en las últimas décadas por la librería papelería Horizontes de la calle Paulino Caballero. Ahora, con 68 años, ya quiere poner punto y final a 54 años de vida profesional. A pesar de ello, la tienda está repleta de género porque confía encontrar relevo.
Juan Goñi Larrea, junto a las estantería de la librería Horinzontes, llenas de réplicas
Juan Goñi Larrea, junto a las estantería de la librería Horinzontes, llenas de réplicasP.G.
Juan Goñi se quedó sin trabajo a los 34 años cuando sánchez Escudero cerró. Corría el año 1988. “Estaba casado y con un hijo pequeño, así que me lancé a abrir mi propia librería. Entonces no era nada fácil. Los traspasos estaban por las nubes y los créditos con unos intereses altísimos”, relata. Al hacer balance de los momentos “buenos y malos” se siente orgulloso de “hacer bien a la gente”. “Aquí venían familias de toda condición y a veces les dices, ‘ya me pagarás cuando puedas’. Son los valores del pequeño comercio que se están perdiendo, esa labor casi de psicología”, lamenta. Cuando llegaron las grandes superficies, Horizontes dejó de vender libros de texto. Por consejo de su hijo, Juan Goñi introdujo artículos de regalo relacionados con el mundo de la música. Relojes de vinilo y de pulsera, jarras personalizadas, instrumentos musicales de miniatura, cajas musicales… “Y la verdad es que la cosa funcionó”, apunta este gran aficionado al rock que siempre tiene el hilo musical en la tienda. “Toco la guitarra. Con 16 o 17 años montamos un grupo, Los Chapas, y llegamos a sacar un vinilo.”, comenta. También amplió el surtido de juguete técnico y educativo e introdujo réplicas de coches y motos antiguas. “Tengo Harleys, la primera caravana que se fabricó, autobuses londinenses, avionetas…”, enumera.
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