Semana Santa
Cinco Llagas en una ciudad asimétrica
Dieciséis de los 27 concejales participan en la renovación de la promesa en agradecimiento al fin de la peste bubónica. El único acto de Semana Santa con presencia oficial del Ayuntamiento de Pamplona, este Jueves con calles bulliciosas de turismo.
Publicado el 14/04/2022 a las 21:06
La primavera se presentó vestida de cuerpo entero, la corporación salió el cuerpo de ciudad y el pueblo, con ganas de gastar adoquín. Decenas de personas se arremolinaron este Jueves Santo en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona, muchos, sin saber bien qué sucedía. “¿Sale alguna procesión ahora?”, preguntaba un turista a los fotógrafos. No exactamente. Salía la corporación, acudieron 16 de los 27 concejales, doce de Navarra Suma y cuatro socialistas, camino de la iglesia de San Agustín, donde se renovó el voto de las Cinco Llagas, una de las diez promesas seculares de la ciudad, esta vigente desde 1601, en agradecimiento al cese de la epidemia de la peste bubónica. En la introducción del acto se apuntó que “la historia es asimétrica y siempre es tiempo de contricción y plegaria”. Pamplona misma también lo es. Desfilaron los ediles envueltos en vivas espontáneos en la plaza, uno a la República y otro a San Fermín. En Mercaderes, unas jóvenes celebraban una despedida de soltera tocadas con velos blancos de bazar chino; mientras, en San Agustín, las Hermanas de la Soledad esperaban de riguroso luto y mantilla; en el templo, la Capilla de Música de la catedral interpretó el ‘Miserere romano’ de autor anónimo (s.XVIII) e ‘Inter vestibulum’, atribuido a Cristóbal Morales (s.XVI); entretanto, en la plaza consistorial sonaban rancheras en al altavoz de un pintor callejero. Clarineros y maceros acompañaron a la corporación, así como nueve policías de gala, cinco mujeres y cuatro hombres.
Tras una breve procesión en las naves, con el paso de las Cinco Llagas, Juan José Cambra, párroco de San Agustín, recordó que “vivimos tiempos similares a los de la peste, todavía en pandemia, con nefastas consecuencias para la ciudad”. Subrayó que unas 170 personas acuden cada día a esta iglesia en busca de alimento.


Mencionó “la violencia brutal e irracional”. “¿No es posible una sociedad fraterna? ¿Un hombre capaz de ser más humano? ¿No llegaremos nunca a entendernos?”, se preguntó y reparó en “la crisis religiosa que se extiende con tal radicalidad, que la indiferencia se percibe ya entre los mismos cristianos”.
