Plaga urbana

Pamplona ha retirado 180 bolsones de procesionaria de 54 árboles

Considerada como plaga urbana, existen pinares como los de Medillorri y Mendebaldea, que suman 76.000 m2 , siendo un 31% de propiedad municipal

Las trampas colocadas en diferentes ejemplares de Castaños de Indias atraen a las larvas para poder calcular la dimensión de la plaga
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Las trampas colocadas en diferentes ejemplares de Castaños de Indias atraen a las larvas para poder calcular la dimensión de la plaga
Las trampas colocadas en diferentes ejemplares de Castaños de Indias atraen a las larvas para poder calcular la dimensión de la plaga

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Noelia Gorbea

Publicado el 02/04/2022 a las 06:00

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. Lo decía Pablo Neruda y lo corrobora toda la gente que aguarda con impaciencia a que el sol empiece a ganarle el pulso a las bajas temperaturas. Incluso a este temporal en pleno arranque de nueva estación. Pese a contratiempos, la llegada del buen tiempo también trae aparejada lo que ya se considera una plaga urbana en Pamplona.

De ahí que el consistorio ya haya movilizado medios para combatir a esas especies que insisten en alterar la buena marcha de parques y jardines. Por empezar por el principio, existen gran cantidad de pinares como los de Medillorri, Mendebaldea y Beloso. Los dos primeros, como ejemplo, suman 76.000 m2, de los que un 31% son de propiedad municipal. Es, generalmente en estas especies, aunque también en cedros, donde los bolsones blancos de procesionaria (los nidos) empiezan a componerse en los extremos de las ramas. Una vez eclosionan y crecen, las orugas descienden por el tronco hasta el suelo, momento en que se entierran bajo el suelo. Este proceso, que podría parecer inocuo, genera múltiples problemas, tanto en los árboles (secado) como en las personas (pelillos urticantes).

SIN QUÍMICOS 

Por ello, desde 2009 el Servicio de Jardines va revisando y cortando las puntas de las ramas con bolsones accesibles para quemarlos. En lo que va de año se han retirado alrededor de 180 de 54 árboles. Además, desde hace seis años, se realizan campañas de colocación de ‘anillos de procesionaria’ en los ejemplares a los que es difícil acceder (más de 15 metros de altura); un dispositivo plástico que recoge a la oruga en su bajada por el tronco y que lleva incorporada una bolsa con sustrato en la que el insecto se entierra pensando que ha llegado a la superficie. Ya hay colocados 8 anillos en Pamplona. “En alianza natural, también ponemos cajas-nido en las zonas arboladas afectadas para atraer a los pájaros, sus depredadores naturales: carboneros, herrerillos etc”, enumeran los técnicos.

En esta misma línea de respeto hacia el medio ambiente, merece la pena poner sobre la mesa la decisión municipal adoptada en 2008. Desde aquel año, el Ayuntamiento de Pamplona decidió no emplear insecticidas químicos de síntesis para llevar a cabo el control de plagas en la ciudad. “Es lo que se llama política ‘Fito 0’, cuyo objetivo trata de no provocar daños a la naturaleza ni a la ciudadanía en el proceso de gestión de plagas de arbolado y arbustos urbanos”, explican.

Las nubes de polilla del boj

En su ciclo de crecimiento, la oruga que luego da lugar a la polilla del boj, defolia los arbustos llegando a afectar incluso a sus partes leñosas, lo que pone en riesgo su supervivencia. Solo en los parques históricos de Pamplona hay 5.600 metros lineales de boj, entre Taconera, Medialuna, Vuelta del Castillo y en el cementerio. Los técnicos inspeccionan manualmente las hojas.

Apunte

¿Somos conscientes de la gravedad del problema? Si me lo permiten, evidentemente no. Llevamos años escuchando (sin atender) las consecuencias más directas del cambio climático. Y aunque pasos se están dando, más nos valdría acelerar. No son pocos los que consideran que ya que el planeta les ha sido dado, ahí quedará cuando se vayan; lo mismo tirando un papel en el bosque que no reciclando los residuos que generan. Y eso siendo conscientes de que el pronóstico del estado en que quedarán las grandes ciudades para las próximas generaciones empieza a ser desolador. Somos como ese inquilino indeseado al que prestan un piso encantador y decide desgastarlo, romperlo y, en verano, destrozar los cristales aunque sea consciente de que en invierno no tendrá otra que pasar frío. 

CIFRAS

30
KILÓMETROS La polilla del boj es de procedencia asiática y se detectó en 2006 en el suroeste de Alemania. Desde entonces se ha extendido rápidamente y en Pamplona se la vio en 2013. Al parecer, se propagó a través del cultivo en vivero y, al no tiene depredador local y poder volar hasta 30 kilómetros, se extendió deprisa por la Comarca.

2019
ESPECIAL INCIDENCIA Para combatir la plaga, el consistorio empleó extractos naturales de ajo o quassia amara, para intentar hacer menos apetitoso el boj a las orugas de Cydalima.

87
TRAMPAS se han colocado en Pamplona para proteger a los castaños de indias.​

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