Reciclaje
5.749 domicilios de Pamplona no utilizan nunca los contenedores de tarjeta
A pesar del dato negativo, que supone un 22% de las viviendas, el sistema con registro de aperturas ha multiplicado la materia orgánica recuperada


Publicado el 22/02/2022 a las 06:00
La implantación de los contenedores con tarjeta y registro de aperturas en Mendillorri y Sarriguren (octubre), Ensanches y Beloso (noviembre) ha traído buenas noticias a la Mancomunidad, “a pesar del ruido” y de que 5.749 domicilios, un 21,9% de los 26.258 totales, se muestran insumisos al sistema. No lo utilizan. La materia orgánica recuperada de manera separada, principal objetivo, se acerca del 50%, frente al 18% anterior y, en el contenedor de al lado, el de resto, la cantidad recogida se ha reducido en casi una tercera parte. En conjunto, la materia orgánica ha pasado de 81.640 a 301.977 kilos, según constatan con el pesaje de los camiones. Con estas cifras, la entidad continuará desplegando el nuevo sistema de apertura en otras zonas, las siguientes en el calendario, Barañáin y Echavacoiz Norte, el 28 de marzo. En este nuevo impulso al sistema de tarjetas, llegarán a 45.000 viviendas y 3.000 establecimientos, unas 103.000 personas. En Azpilagaña y Nuevo Artica, zonas pioneras, lleva en marcha desde que en 2018 se iniciara el programa piloto.
En estas semanas, informadores de la Mancomunidad iniciarán el trabajo puerta a puerta para entregar las tarjetas de apertura y explicar cómo funciona el sistema. Esperan llegar de manera directa al menos al 80% de los domicilios y al resto, por carta. También mandarán misivas a los domicilios donde todavía no utilizan los contenedores con tarjeta. Acuñarán distintos códigos postales, porque el uso oscila en función de las zonas, según el mapa que ha elaborado la Mancomunidad con sus propios datos, puesto que las tarjetas están asociadas a domicilios, con el registro de apertura. Hay puntos negros en el Ensanche y en Azpilagaña y, por el contrario, David Campión felicitó a los vecinos de Mendillorri y Sarriguren, donde el sistema ha calado.


El hecho de que no se utilicen los contenedores trae como consecuencia el bolseo, la basura en la calle. Tras los primeros días de mayor confusión la situación se ha estabilizado, pero Campión reconoció que en líneas generales se ha incrementado con los contenedores de tarjetas. “Si antes la media eran unas 4.000 bolsas al día en todo el ámbito de la Mancomunidad, ahora son unas 5.000”, apuntó. Es decir, un millar de bolsas más. Recogerlas supone un coste añadido de un millón de euros al año. A pesar de todo, Campión incide en que se trata de cifras menores, “frente al comportamiento ejemplar de la mayoría de la ciudadanía.
Otra de las piedras en el camino del sistema son los impropios, los residuos depositados en el contenedor equivocado. El porcentaje ha aumentado con el sistema de tarjetas, de un 8 a un 15% aproximadamente, y esto entorpece el proceso de reciclaje y en muchos casos, lo aborta.


APUNTE
No es difícil imaginar una Pamplona medieval hedionda, plagada de excrementos y restos orgánicos en sus calles rebozadas por el barro, una ciudad insalubre similar al París que recreaba Süskind en El perfume o a la abadía de Annaud en la adaptación al cine de El nombre de la rosa, de Eco. Las cosas han cambiado y el sistema de recogida de basuras se erige como un símbolo del -buen- desarrollo urbano, humano y social. Cuesta creer que un 21,9% -si vemos el vaso medio vacío- siga sin separar sus residuos orgánicos. Si el problema es el sistema de tarjeta, se debería insistir en la pedagogía. Si el problema es otro, se debería insistir en lo mismo, en formar a los ciudadanos. La conciencia medioambiental debería ser un imperativo de nuestro tiempo. No los insumisos.
Ruperto Mendiri