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La noche vuelve a sonreír en Pamplona

El primer fin de semana sin restricciones en Navarra llena de gente los bares y las discotecas. La sensación entre quienes salieron de fiesta la madrugada del domingo era de tranquilidad por el horario extendido y la ausencia del pasaporte covid

Un grupo de amigos posa en la puerta de Klab las nuevas restricciones. Cola de entrada al bar Kla-B
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Un grupo de amigos posa en la puerta de Klab las nuevas restricciones. Cola de entrada al bar Kla-B
Un grupo de amigos posa en la puerta de Klab las nuevas restricciones. Cola de entrada al bar Kla-B

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Marta Iraola/Natalia Siniawski

Actualizado el 21/02/2022 a las 12:48

Las noches de fiesta del fin de semana por fin volvieron a ser lo que eran tras dos meses de restricciones por la sexta ola de la pandemia. Ya no hay límite de aforo, ya no hay restricción horaria y ya no hay que enseñar el pasaporte covid a la puerta de bares y discotecas. Tan solo se mantiene una limitación: la obligación de llevar mascarilla en interiores. Una norma que brilló por su ausencia. Había ganas de fiesta y un recorrido por la madrugada pamplonesa del sábado al domingo lo ponía de manifiesto.

“Eran las nueve de la noche y ya no se podía ni andar por Estafeta. Había muchísima gente”, comentaba Marta Fernández. Ella y sus dos amigas habían ido al centro para tomar algo, pero no tenían intención de salir de fiesta después de ver las largas colas para entrar a cualquier bar.

En los porches de la Plaza del Castillo decenas de personas intentaban entrar a la discoteca Subsuelo. Esta es una de las salas que más ha notado el levantamiento de las restricciones. La semana pasada sus clientes no podían estar de pie bailando, necesitaban un pasaporte covid vigente para poder entrar y a la 1 de la mañana tenía que cerrar. “Hemos vuelto al aforo y al horario de siempre”, explicaba Ainhoa Cochero, gerente del local. “A nosotros el pasaporte covid nos ha perjudicado mucho. Cada medida nueva era una traba más para la hostelería”.

A la hora que hasta la semana pasada tenía que cerrar, la 1, este domingo la sala estaba llena y los camareros no daban abasto en las barras. La gente gritaba por encima de la música de Rosalía para pedir sus bebidas. Mientras, a los camareros se les escuchaba pedir más hielo para los cubatas y limón para los chupitos. “Se nota que la gente tiene ganas de bailar y de beber. Hay muy buen rollo”.

En la plaza de los Burgos había otra fila interminable para entrar al Zentral. La cola seguía creciendo a las dos menos cuarto de la mañana. Al entrar, una nueva espera: el guardarropas. El contraste de temperatura obligaba a los clientes a dejar todas las capas de ropa que llevaban.

"ESTAMOS MUY CONTENTOS"

Cuando al fin alcanzaban la pista de baile la primera parada era la barra. Allí Luis Azcona y sus amigos estaban de celebración y observaban al camarero mientras llenaba sus seis copas de champán. “Estamos muy contentos y además muy tranquilos de no tener que estar pendientes del horario. Tener que volver a casa borracho a la una te corta todo el rollo”, explicaba con la copa ya en la mano y la mascarilla colgando del brazo. Como él, la mayoría no llevaba la mascarilla puesta. “Al final es responsabilidad de cada uno. Aquí todos son mayores de edad”, comentaba Loren del Río, responsable del Zentral, mientras por su lado pasaban camareros con cajas llenas de botellas de ginebra y tequila.

Quienes todavía no habían conseguido entrar escuchaban, a través de la puerta abierta, la música a todo volumen. “Tener que pedir el pasaporte covid a la entrada hacía todo el proceso más lento. Ahora todo es más ágil”. A pesar de ello la cola parecía inmóvil.

En los bares de San Nicolás los más rezagados apuraban la última copa antes de ir hacía las discotecas, que ahora están abiertas hasta las seis de la mañana. Lorena Ariceta y Nuria Gayarre se despedían de sus amigos antes de ir a Indara. “Hemos notado más gente en la calle. Ahora ya no hay restricciones, solo la mascarilla y casi nadie se la pone”, comentaban, “ya ni siquiera te piden el pasaporte. Que a nosotras nos da igual porque estamos vacunadas”. Explicaban también que aunque hasta esta semana era obligatorio ellas habían salido a varios sitios y no se lo habían pedido.

Haciendo cola en La Cocina Vasca, otro grupo de amigos, comentaba que se necesitaba un poco más de control porque luego dentro de los bares la gente está sin mascarilla. No eran los únicos sorprendidos con la aparente vuelta a la normalidad. “Hace tiempo que no salgo de fiesta y me ha sorprendido la cantidad de gente que había. Parece que hemos vuelto a antes de la pandemia”, explicaba Iñigo Ortiz en la puerta del bar San Gregorio. Poco a poco la calle se vaciaba y la gente se movilizaba hacía otras discotecas.

Eran las dos y media de la mañana y en la puerta de Klab la gente hacía cola sin tener ninguna seguridad de poder entrar. Paula Benito acababa de llegar con sus amigas. “Se nota que hay muchísima gente, pero como no tenemos la prisa de la semana pasada hemos venido con más calma”. Aitana Santamaría, una de sus amigas, comentaba que el único gran cambio que había notado de una semana a la otra era el horario de cierre. El sello en las muñecas de la gente que salía a fumar les garantizaba la entrada directa. Por lo que la cola seguía sin avanzar, dado que el aforo dentro estaba completo. Después de esperar una hora escuchando la música solo cuando se abría la puerta, Aitana, Paula y sus amigas decidieron irse ante la imposibilidad de acceder al interior.

Reyes Huete tuvo un problema similar. Estaba con sus amigas en la puerta de Indara decidiendo dónde seguir la noche porque no habían podido conseguir entrada. A pesar de este pequeño inconveniente sus ganas de fiesta no decaían. “Disfrutamos más sin restricciones. Teníamos muchas ganas de volver a salir como antes”, explicaba. Estos meses se han tenido que adaptar a las diferentes medidas y han cambiado su manera de salir de fiesta. “Ahora empezamos todo antes, las cenas, las bebidas, todo”.

El primer fin de semana sin restricciones se pareció mucho a lo habitual hasta la llegada del coronavirus a nuestras vidas. Ahora solo hace falta que se mantenga así.

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