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Condena

Dos años de cárcel por atacar la vivienda de su vecina con huevos en Pamplona

La víctima, una mujer de edad avanzada de Pamplona, sufrió los hechos durante 10 meses

Imagen del Centro Penitenciario de Pamplona
Imagen del Centro Penitenciario de PamplonaJ. A. GOÑI
Publicado el 20/11/2021 a las 06:00
Un hombre de 58 años ha sido condenado a 2 años de prisión y al pago de 16.640 euros, entre multa e indemnización, por haber acosado a su vecina de Pamplona con el lanzamiento de huevos a su vivienda durante diez meses. Vecino de Madrid, de nada le han servido sus alegaciones en el juicio de que nunca había vivido en Navarra y de que ese piso de la calle Arrieta solo lo alquiló para su hermano, un supuesto cirujano con el que dijo guardar bastante parecido. “Fueron excusas absolutorias”, concluye la jueza del Juzgado de lo Penal nº 3 en su sentencia, por un delito de acoso y otro de daños.
La retahíla de lanzamientos de huevos que sufrió la vecina, de 87 años, se inició a finales de febrero de 2017, al poco de ocuparse la vivienda del piso inferior, y se prolongó hasta enero de 2018, cuando el acusado dejó la vivienda. Todo empezó una madrugada. Después de haber vivido casi medio siglo en ese piso sin tener problemas con los vecinos, el nuevo vecino subió y “aporreó” su puerta, pidiéndole que dejara de hacer ruido o llamaba a la policía. Ella le contestó que era viuda, que vivía sola, y que estaba durmiendo, por lo que no podía ser la causante de esos ruidos. A partir de esa noche, y a lo largo de 10 meses, el vecino “se dedicó a acosar a la mujer, procediendo a tirar huevos a su puerta y a su terraza”. Con tanta frecuencia se dieron los lanzamientos que la afectada, subraya el fallo, tuvo que contratar varias veces servicios profesionales de limpieza. También le produjo daños en su puerta (la rayó varias veces) y en su buzón. La sentencia recoge quince de estos episodios, que “alteraron la normalidad de la vida de la denunciante y le generaron un estado de nerviosismo, ansiedad y temor, causándole crisis de ansiedad, estrés e hipertensión” y le provocaron “un agravamiento de la salud”. En una ocasión, le insultó desde la terraza y le preguntó “si iba a ir a misa”. A partir de entonces, alertada porque conociera sus rutinas, ella dejó de ir a la iglesia “por miedo”.
GRABADO EN LA TERRAZA
La jueza destaca que el único lugar desde el que se podían lanzar huevos al piso de la denunciante era la terraza del piso que alquiló el acusado, tal y como constataron la policía y las cámaras de seguridad instaladas por la comunidad. En las imágenes grabadas se ve a un hombre que se asoma a la terraza, saca huevos del bolsillo del pantalón y los lanza contra la casa de su vecina. Él declaró en el juicio que el piso lo había alquilado para su hermano, que a veces pasa consulta en la Clínica Universitaria, pero la juez no otorga credibilidad alguna a esta explicación. En primer lugar, porque no ha aportado ni siquiera un dato o una fotografía de su hermano. En segundo lugar, por las grabaciones. “Pese a que su declaración en el juicio se produjo por videoconferencia y con mascarilla, todos los presentes en la sala pudimos comprobar el parecido indudable entre el hombre que aparece en las grabaciones lanzando huevos y el acusado”, resalta la magistrada, quien añade que la administradora de fincas lo reconoció sin duda y la afectada, aunque con menos rotundidad, también.
Corroborada la autoría de los lanzamientos, la jueza los enmarca en el delito de acoso o stalking, que penaliza “la sensación de temor e intranquilidad o angustia que produce el repetido acechamiento por parte del acosador”.
La sentencia es concluyente: “La víctima, una mujer de avanzada edad y que vive sola en ese piso tras haber quedado viuda, ha sufrido las conductas coactivas de su vecino, que durante el tiempo que residió en el piso de abajo, y sin saber el motivo de su conducta, que en cualquier caso denota un perfil compatible con una total falta de empatía, ha sentido miedo, incluso físico, y se ha producido una alteración grave de su vida e incluso de su salud”.
La sentencia considera los hechos un caso de acoso vecinal o blocking, en el que un vecino acosa a otro, en este caso, con lanzamiento de huevos. La jueza le impone 2 años de prisión por el delito de acoso y multa de 8.640 euros por el delito de daños continuado; una indemnización de 4.000 euros a la mujer por el estrés, ansiedad e hipertensión causados, 1.061 euros por la reparación de daños causados en su vivienda y 3.000 euros de indemnización a la comunidad por el cambio de la puerta del ascensor de la afectada.
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