Movilidad
Un tándem enrevesado
En la primera cita de paseos guiados por la red ciclable de Pamplona, que este sábado tanteó la zona norte y el domingo llegará a la sur, se reivindicó permitir pedalear por la acera a los mayores de 60 años


Publicado el 19/09/2021 a las 06:00
Det finnes ikke dårlig vær, det finnes bare dårlig klær. No, no nos hemos vuelto locos. Estas letras, incomprensibles a primera vista, fueron el paradigma perfecto para la situación que se vivió este sábado en la Plaza del Castillo de Pamplona. No existe el mal tiempo, sino ropa inadecuada. Un proverbio noruego que se hizo fuerte entre los presentes casi a base de necesidad.
Convocada la primera cita de paseos guiados en bicicleta por la red ciclable de la capital, la mala suerte quiso que una incesante e insistente lluvia también dijera sí a sumarse a la experiencia. De ahí que no quedara otra que darle la vuelta al asunto. Por ello, ataviados con ponchos y pantalones de agua, una veintena de participantes (se inscribieron 26) decidió salir de casa dispuesta a echar un pulso a la adversa meteorología. “Pamplona es Pamplona y no nos podemos olvidar”, decían a cobijo de los porches de la Plaza del Castillo.
Con Jesús Sukuntza a la cabeza (miembro de la asociación de Medios de Transporte Saludables), la finalidad no era otra que presentar las redes ciclables que conectan con los diferentes barrios y solventar las dudas que pudieran surgir acerca de las nuevas conductas que exige la Ordenanza de Movilidad que rige en la ciudad desde agosto de 2019.
Pero más allá de conocer los entresijos de Casco Antiguo, Txantrea, Rochapea, San Jorge y Buztintxuri, los ciclistas tenían clara su reivindicación. “Consideramos urgente que se nos permita circular por las aceras a los mayores de 60 años”, coincidían unos y otros. “La calzada, hoy por hoy, es peligrosa y una caída a nuestra edad no es lo mismo”.
Era el caso de Mertxe Goñi, pamplonesa de 67 años que se niega a renunciar a la bicicleta. “La uso para moverme por la ciudad, ir a la piscina... e incluso para ir a visitar a mi hijo que vive en Sarriguren”, aseguraba haciendo hincapié en un mismo mantra: “En Pamplona no hay distancias”. Y también de Laia y de Isabel. “Si no cambian las cosas, nos van a obligar a aparcar la bici”.
Y justo entonces, de repente, las nubes dieron un respiro. “¡Salimos”. La voz de Sukuntza puso al grupo en marcha, dispuesto a llegar al avituallamiento, en Trinitarios, a mitad de un trayecto de unos 25 kilómetros.