Restauración
Las murallas de Pamplona, en todo su esplendor
Situado junto a los corralillos del encierro, bajo el Archivo y frente al edificio de Educación del Gobierno foral, el baluarte de Parma constituye el último paso para culminar la restauración total de los 5 kilómetros de muralla de Pamplona


Publicado el 05/09/2021 a las 06:00
No hace falta ser historiador para intuir la importancia geoestratégica de Pamplona en la Edad Media y en los primeros siglos de la Edad Moderna. Sin abrir un libro, un peatón que recorra el centro pamplonés, se topará en varias ocasiones con alguno de los tramos de los 5 kilómetros de muralla que históricamente ha protegido la ciudad, primero como reino independiente y, culminada la invasión y conquista por Castilla, como plaza próxima a Francia. Pamplona debía ser defendida de los ataques exteriores, no se podía perder. De ahí, su perímetro fortificado.
Pues bien, en 2022, la capital navarra verá completamente recuperado este enorme lienzo de piedra -sus murallas-, con la restauración del Baluarte de Parma, situado junto a los corralillos del encierro, bajo el Archivo de Navarra -la que fuese residencia de los virreyes hasta 1840- , frente al actual edificio de Educación del Gobierno de Navarra, y la continuación del paseo de Ronda -la trasera de la calle Descalzos- y al que se llegaba, desde allí, tras cruzar el desaparecido portal de la Rochapea y su puente levadizo. Las obras de restauración comenzarán este mes de septiembre.
En los tiempos actuales, en los que los ataques pueden realizarse desde un dron, sin más intervención humana que introducir las coordenadas del objetivo, la muralla de Pamplona tiene un escaso, si no nulo, sentido defensivo. Pero sí una importancia histórico-artística protegida por el Estado desde 1968 y refrendada en 1985 por la Ley de Patrimonio Histórico Español. Las murallas y la Ciudadela pamplonesa -cuya conservación premió la Unión Europea en 2012- son un tesoro patrimonial difícilmente comparable, en gran medida por las progresivas restauraciones acometidas durante las últimas décadas. Tanto es así, que un pamplonés del siglo XVI jamás conoció las murallas tan relucientes como en la actualidad. Y además, con la sensación de entonces de que todo el conjunto amurallado no era sino el preludio, la constatación de un eventual ataque externo.
FINANCIADO POR EL ESTADO
Esa inquietud del pamplonés secular ha desaparecido con el correr de la historia. Pamplona ya no es el enclave geoestratégico del medievo. En pleno siglo XXI, en medio de una pandemia, la ciudad culminará en 2022 la restauración total de sus murallas, con los trabajos que comenzarán en septiembre en el baluarte de Parma. A principios de febrero de este año, el alcalde Enrique Maya, acompañado del concejal de Proyectos Estratégicos, Movilidad y Sostenibilidad, presentaron el proyecto, con un presupuesto de 1.021.723 euros, y financiado en un 65% (664.120 euros) por el Estado a través del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana. El Ayuntamiento correrá a cargo con el resto del presupuesto (357.603 euros).
Tanto Maya como Alonso presentaron el proyecto como un hito histórico en la ciudad. Y no es para menos. Pese a estar algo escondido, frente al río Arga, el baluarte apunta con su vértice al barrio de la Rochapea en un enclave histórico y querido en la ciudad, junto a uno de los puntos más filmados de Pamplona: los corralillos del encierro. El proyecto de restauración lo acometerán los arquitectos Marta y Miguel Monreal Vidal.
Según se recoge en la memoria técnica del proyecto, las obras comenzarán con el desbroce y rebaje del talud en la base de la muralla, eliminando las tierras y vertidos acumulados de instalaciones viejas, especialmente en la zona más baja. Este paso previo permitirá la colocación del andamiaje. Todo este proceso incluye la tala y desbroce selectivo de la vegetación y arbolado próximo a la muralla.
Una vez se coloquen los andamios, se procederá a la retirada de toda la vegetación que ahora aflora entre los sillares de piedra, un trabajo similar al que se hace en el mantenimiento de los 5 km de muralla pamplonesa. La limpieza de la piedra no pretende dejar el lienzo -la pared- impoluta, sino mantener la pátina de vejez. Una vez concluida esta labor de limpieza, se repondrán los sillares y se reconstruirán las zonas dañadas. Hasta que no se retire la vegetación, los técnicos no sabrán la afección de la piedra aunque, según recoge la memoria, es sana en la parte más alta. La zona inferior se encuentra más aquejada por la vegetación.
Tras esta fase de limpieza, se reconstruirán los bordes de las cañoneras, de los parapetos y de las troneras, elementos todos ellos que demuestran el carácter defensivo del baluarte. Tras la limpieza y repicado de los restos de mortero en mal estado, se rejuntará la fábrica de piedra con la misma mezcla utilizada en todo el conjunto fortificado: agua, cal y arena, esta última procedente del río de Puente la Reina de Jaca y de Andosilla. Las obras incluyen la reposición y adecentamiento de la escollera de protección, situada en la base de la muralla y que evita la erosión de los cimientos.
En el plazo de diez meses, el baluarte de Parma lucirá en todo su esplendor. Con él, Pamplona dará por concluida la restauración de uno de sus patrimonios más notables: 5 kilómetros de historia en los que perderse.
La fortificación que compite con San Fermín
Junto al baluarte de Parma, se sitúan los corralillos del encierro, uno de los ejes de las fiestas de San Fermín y elemento incontestable de su reclamo internacional. “Conseguir que esta parte de las murallas sea rehabilitada, contribuirá al cambio de posicionamiento turístico que persiguen los objetivos y acciones del Plan Estratégico de Turismo de Pamplona”, consideran desde el Consistorio.
Sin embargo, la realidad demuestra que las murallas están todavía muy lejos de igualar en popularidad a las fiestas pamplonesas. Quién sabe si la pandemia generará nuevos públicos para Pamplona.
La ciudad y sus muros
Los primeros asentamientos humanos en Pamplona se remontan a la Edad de Bronce o comienzos de la Edad de Hierro. La Pamplona romana conoció la primera muralla en la zona de Navarrería
76 a.C.
Fundación de Pamplona. Pompeyo instala su campamento en el invierno de aquel año (o 75 a.C.). La civitas romana se formó sobre el asentamiento previo y, según María Ángeles Mezquíriz, tenía unas 12 hectáreas de extensión con un perímetro amurallado que llegaría hasta el inicio de la avenida de Carlos III desde la zona de Navarrería.
CRISTIANIZACIÓN VISIGODA
En la época visigoda (572-711), Pamplona se configura como ciudad episcopal, gobernada por obispos. En aquel periodo, mantiene la extensión y estructura romanas.
CAPITAL DEL REINO
Pamplona se convierte en capital de su reino homónimo (fundado en el siglo IX, Iñigo Arista) y la Navarrería se diseña como una ciudad fortaleza, rectangular, restringida con murallas y flanqueada por torres. Se comunicaba con el exterior con 4 puertas.
LA NUEVA POBLACIÓN EN DOS NUEVOS BURGOS
La despoblación de Navarrería hizo que los monarcas otorgasen fueros para atraer nuevos habitantes. Es cuando se crea el burgo de San Cernin (siglo XI) y la población de San Nicolás (siglo XII). Cada territorio estaba separado del otro por murallas.
1423
El Privilegio de la Unión. Carlos III el Noble, tras décadas de enfrentamiento entre los tres burgos vecinos, unifica la ciudad en un solo territorio. El recinto amurallado en el siglo XVI era fruto de la unión de las tres murallas existentes. Para formarlo se levantaron tres nuevos lienzos, logrando así una prolongación casi lineal de las murallas.
BALUARTES Y CIUDADELA
La destrucción del castillo de Santiago -en la actual plaza del Castillo- llevó al reino de Castilla a iniciar las defensas en baluartes, revellines y bastiones, más efectivas contra la artillería. En 1576, Felipe II manda construir la Ciudadela.