Pamplona

La jubilación en tiempos de pandemia para tres hosteleros, un zapatero y una peluquera en Pamplona

Pertenecen a la generación de finales de los años cincuenta. Han trabajado desde que eran menores de edad y ahora, cuando llega el tiempo de la jubilación, les ha tocado la pandemia. Esta es su historia

La jubilación en tiempos de pandemia para tres hosteleros, un zapatero y una peluquera
AmpliarAmpliar
La jubilación en tiempos de pandemia para tres hosteleros, un zapatero y una peluqueraDN
La jubilación en tiempos de pandemia para tres hosteleros, un zapatero y una peluquera

CerrarCerrar

Pedro Gómez

Actualizado el 28/03/2021 a las 06:00

Pertenecen a la generación de finales de la década de los 50. Nacieron cuando España y Europa despegaba tras una dura reconstrucción. Se incorporaron al mercado laboral cuando eran menores de edad. En su juventud vivieron la Transición, después la crisis de los noventa y más recientemente la de 2007. Les ha tocado trabajar muchos fines de semana, jornadas de mañana, tarde e incluso noches. Han tenido las vacaciones más cortas que largas, no han disfrutado de permisos de maternidad ni paternidad ni ayudas a la conciliación. Han afrontado el cambio de la peseta al euro, la adopción de las nuevas tecnologías, una normativa cada vez más compleja y la competencia de las grandes superficies y de internet. Y cuando ya planeaban su merecido retiro llegó la pandemia del coronavirus.

Los protagonistas de este reportaje se esforzaron en dar a sus hijos “una vida mejor” y lo consiguieron. Por eso no han tenido relevo generacional. “Ya tienen buenos trabajos y la vida montada”, coinciden. ¿Eligieron un mal año para vender o traspasar su negocio? No le dan vueltas al asunto. Explican que estamos en época de cambios, de transformación. En los últimos años las nuevas generaciones han “huido” de negocios absorbentes con horarios complicados, como son el comercio y la hostelería. Pero ahora crece el desempleo y empiezan a valorarse otras cosas. Estos comerciantes y hosteleros defienden que sus negocios son rentables y una vez pasado el bache garantizan una vida cómoda “si saben cuidar a la clientela”.

Las asociaciones de comerciantes de Pamplona ya alertaron recientemente que la falta de “savia nueva” es uno de problemas al que se enfrenta el comercio y la hostelería de la ciudad. Sin relevos, crecen los locales vacíos. En 2020 la pandemia ya alteró los planes de retiro de algunos comerciantes y hosteleros. El restaurante San Ignacio, la juguetería Kide, confecciones la Algodonera, rótulos Elizburu, calzados Tiberio o Valleverde son algunos de los negocios que desaparecieron “por jubilación”. “El hecho de que mi jubilación haya coincidido con la difícil realidad de la pandemia ha hecho imposible una despedida que siempre imaginé tranquila, sin prisas y con palabras para cada una de las personas que han hecho posible este recorrido lleno de trabajo y pasión”, escribía la dueña del restaurante San Ignacio, Nuntxi Moreno, en su carta de despedida hace casi un año. Un sentimiento común a todos.

El sector de la hostelería lo tiene especialmente complicado, tal como han expresado la Asociación de Hostelería de Navarra y la de pequeñas empresas, ANAPEH. En el Casco Antiguo y el Ensanche existe toda una generación de hosteleros “en una edad muy complicada”. Y los que se han visto obligados a tirar de los ahorros o pedir un crédito ICO están “arruinando” su jubilación después de años de “trabajo y de pagar impuestos y cotizaciones”, han advertido en varios ocasiones.

Agustín Herrera, bar Gorriti: “Tengo todavía un margen de dos años”
 

 

La jubilación en tiempos de pandemia para tres hosteleros, un zapatero y una peluquera

Agustín Herrera, con 63 años, hace ya un tiempo que está preparando el relevo para poder jubilarse después de estar 32 años al frente del bar Gorriti de la calle San Gregorio. El local lleva un tiempo a la venta, una opción que prefiere al traspaso o al alquiler. Destaca que se trata de un bar pequeño, de 53 metros cuadrados, pero con licencia especial (en condiciones normales podría abrir hasta las 3,30 de la madrugada) y reformado en 2015. Junto a los arcos de ladrillo rústico destacan elementos modernos de hierro. “Tengo un margen de uno o dos años. Sé que esto de la pandemia va para largo, pero es lo que nos ha tocado”, explica este hostelero, que admite que no tiene releve generacional: “Mi hijo pequeño ha estado temporadas trabajando, pero ya le dije, haz lo que quieras”.

La primera referencia que Herrera tiene del bar Gorriti es de 1964. Al parecer el bar lo montó un matrimonio. Ella provenía de algún caserío de Gorriti y por eso le pusieron ese nombre. En 1976, el establecimiento cambió de dueño pero mantuvo el nombre. La familia Herrera lo compró en 1988 y también decidió mantener el nombre. “Antes teníamos el bar Ciudadela”, recuerda Agustín. En ese local de la calle Ciudadela funcionaba desde 1964 el Centro Roncalés, que después se trasladó a la Cuesta de Labrit. “El Ciudadela se quedó vacío, pero su dueña no quería venderlo. Mi hermano Manuel, que tenía mucho arte para convencer, fue con un ramo de flores a ver a esta señora, que vivía en la Casa de Misericordia. Y consiguió el objetivo”, relata Agustín Herrera.

José María Pérez e Inmaculada Iturralde, bar Koishta: “En 55 años he pasado por una decena de bares”
 

 

 

La jubilación en tiempos de pandemia para tres hosteleros, un zapatero y una peluquera

José María Pérez González empezó de camarero con 13 años en el bar parroquial de Burlada. Ahora, con 68 años y 55 de oficio, pretende jubilarse. Por eso ha puesto a la venta el bar restaurante Koishta en la calle Olite. El 1 de mayo hará 23 años que abrió este establecimiento, pero en su currículum figura casi una decena de establecimientos de Pamplona y Burlada.

“Fui de los que inauguró el Iruñazarra. Después trabajé en la cafetería Santi, en González Tablas, un local impresionante. Sin salir del Ensanche estuve en el Oslo y luego en el Le Mans de San Juan, que era de los mismos dueños. Y en el Trébol”, enumera. Después volvió a Burlada, donde junto a otro socio montó el Bogart. También en Burlada estuvo tras la barra del Unzu y la cafetería Edén.

Fue entonces cuando surgió la oportunidad de comprar el Koishta, bar que lo abrió lo regentaba un hostelero de Ochagavía. José maría decidió conservar el nombre, Koishta, un paraje de la selva de Irati. “Los comienzos fueron complicados porque teníamos tres hijos pequeños. Ahora ya son mayores, cada uno tiene su vida y su trabajo”, comenta. En el Koishta ha permanecido estos casi 23 años, junto a su esposa, Inmaculada Iturralde Galech, como cocinera. “Se le dan muy bien los menús tradicionales”, expresa. Hace unos meses, Pérez tenía “casi vendido” el bar restaurante a un cocinero, “pero con la pandemia se echó atrás”. “La calle Olite es muy buena zona. Tenemos una clientela fiel y buena terraza. La clave está en tratar a la gente con cariño”, expresa.

Jesús Rípodas Alzueta, zapatero: “Mi tío me enseñó el oficio en la calle Jarauta”
 

 

La jubilación en tiempos de pandemia para tres hosteleros, un zapatero y una peluquera

Jesús Rípodas Alzueta considera que su tío Juan Alzueta acertó trasladando su negocio de reparación de calzado de Jarauta a la calle Monasterio de Urdax en 1975. “Fue de los primeros negocios en abrir en esta zona de San Juan, un barrio alejado del centro, que estaba en construcción, pero que ya tenía su tirón y su prestigio. Ha sido y sigue siendo un barrio muy comercial”, comenta Jesús. Hace un par de meses colocó el cartel de Se vende por jubilación. Ya tiene un interesado: la tienda de moda B&E , que es lindera y pretende ampliar el negocio. Jesús Rípodas, de 61 años, echará la persiana el 30 de abril. “Mi idea era que el negocio se lo quedara algún joven. Yo estaba dispuesto a enseñarle el oficio. Me da pena porque en esta zona de San Juan no hay más zapateros”, comenta.

A su memoria le viene su época de aprendiz, en 1978, con su tío Jesús. “Lo primero a lo que me dediqué fue a lijar gomas. Y poco a poco el resto de cosas, a coser y encolar”. La maquinaria tiene sus años “pero funciona muy bien”. “Las lijadoras las trajeron de Holanda y la máquina de coser la compré de segunda mano pero es de muy buena calidad”, comenta. En estas tres décadas, admite que ni la forma de trabajar ni la demanda han cambiado mucho. “El 80% de los clientes siguen siendo mujeres. El calzado de buena calidad merece la pena arreglarlo. A la gente le gusta alargar la vida del zapato que le sienta bien”, explica.

Yolanda Anguiano López, peluquería Yovier: “A los 13 años me fui a la academia de peluquería”
 

 

La jubilación en tiempos de pandemia para tres hosteleros, un zapatero y una peluquera

A los 13 años y en contra de la voluntad de su padre, Yolanda Anguiano se apuntó a la academia de peluquería de Patxi Mata en la plaza del Castillo. Allí aprendió el oficio e hizo sus primeras prácticas. “Mi abuelo materno era peluquería. No sé si me viene de ahí la vocación”, dice. Hace dos meses se jubiló después de 51 años en el oficio. “He sido feliz en mi trabajo y ahora estoy feliz de tener tiempo para mí. Me adapto fácil”, expresa.

Yolanda no tuvo unos comienzos fáciles. Para poder costearse la academia, se quedaba a limpiar el local. En los primeros años le tocó trabajar muchas horas y fines de semana. “Yo era tímida y obediente y muy trabajadora”. Lamenta no haber defendido mejor sus derechos. Por ejemplo, no le dieron día libre para ir al funeral de su abuelo. Con las primeras propinas, se compró unos pantalones vaqueros. “Mi madre se enfadó bastante, pero a mí siempre me ha gustado ir en vaqueros”.

Buena parte de la precariedad laboral se terminó cuando decidió ponerse por su cuenta, en un piso de la calle Marcelo Celayeta. Al nacer su hija decidió montar la peluquería en el salón de su casa. Sin embargo, las peluquerías de pisos empezaban a pasar de moda y decidió instalarse en Martín Azpilcuela. Yovier Estilistas ha pasado ahí dos décadas, con una clientela que ahora le echa de menos. “Me ha gustado cuidar los cabellos, con masajes y productos de calidad”. Siempre ha tenido inquietud por seguir formándose. “Con la asociación de peluqueros hemos hecho muchos viajes por Europa”.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora