Mercadillo

La 'nueva normalidad' en Landaben

Después de un cierre obligado de dos meses, el mercadillo de Landaben reabrió ayer domingo con un cuarto de su capacidad (36 puestos exclusivamente de alimentación) y el apoyo popular de 2.000 clientes con mascarilla y acceso controlado

Fotografías de la reapertura del mercadillo de Landaben tras dos meses de cierre obligado
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Fotografías de la reapertura del mercadillo de Landaben tras dos meses de cierre obligadoEduardo Buxens
Fotografías de la reapertura del mercadillo de Landaben tras dos meses de cierre obligado

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Fotografías de la reapertura del mercadillo de Landaben tras dos meses de cierre obligado
Fotografías de la reapertura del mercadillo de Landaben tras dos meses de cierre obligado / Eduardo Buxens

Cristina Mogna

Actualizado el 18/05/2020 a las 06:00

Unos 30 kilómetros separan el polígono de Landaben de Pamplona, donde se ubica el mercadillo desde hace más de dos décadas, del pueblo donde vive Idoia Olascoaga, un sitio en donde “viven más ovejas que personas”. Esta vecina de Etxarri (Larraun) mantuvo ayer contacto con los clientes por primera vez desde el 8 de marzo, último domingo de mercadillo antes de que se decretara el estado de alarma por la crisis sanitaria del covid-19.

Se mostró muy contenta de volver: “Es muy importante mantener este tipo de lugares, porque suponen un contacto directo con el productor. Nosotros estamos encantados porque es como una familia: el cliente que te compra se preocupa por ti y viceversa. Esto mueve una economía que, de lo contrario, no existiría”. Y aunque estos tiempos resultan especialmente difíciles para los pequeños productores y artesanos, Olascoaga aseguró que desde la quesería Bikain no tiran la toalla: “Seguiremos manchándonos las manos”.

El sitio que ocupaba Idoia Olascoaga era uno de los 36 puestos de alimentación autorizados mediante un sorteo por el Ayuntamiento de Pamplona, que fijó la reapertura del mercadillo con un 25% de su capacidad habitual y exclusivamente para comestibles.


ACCESO CONTROLADO

Así lo explicó Juan Antonio Castro, cabo de la Policía Municipal de Pamplona y encargado de supervisar la seguridad durante toda la jornada, entre las 9 y las 14.30 horas: “Estamos permitiendo un aforo de 200 personas, que deben entrar por la calle B y salir por la calle L, para que podamos mantener el control. Casi todo el mundo ya trae mascarilla desde casa, pero en el caso contrario le entregamos una para que pueda pasar”.

Este agente también destacó el buen comportamiento de los clientes y la falta de incidencias importantes: “En general, la gente suele entrar un poco despistada, pero enseguida respeta las indicaciones de seguridad para evitar aglomeraciones. Además, nos acompañan 25 voluntarios del SAR (Salvamento, Ayuda y Rescate Español) repartidos por todo el circuito y cuidando que se guarde la distancia”.

Algunos hábitos de consumo no se han roto con la cuarentena: si antes del 8 de marzo la clientela fija de Landaben solía acudir a primera hora de la mañana para comprar productos de alimentación, la dinámica se repitió en la reapertura, en la que la fila de entrada “que daba la vuelta” se acortaba conforme pasaban las horas. A las 12.30, un total de 1.705 personas habían pasado por el rastro. “Se nota la falta de los puestos de ropa, pero creo que hasta el cierre podrían entrar unas 500 personas más, aproximadamente”, zanjó Castro.

Entre los comerciantes que vieron con buenos ojos las nuevas medidas implementadas se encontraba Aroa Gorriti, de Arbizu, que ofrecía mieles artesanales a pocos metros de la entrada al mercado: “En estos días he estado en mercadillos en Estella y en Alsasua, pero este está muy controlado, es mucho mejor. Me parece súper importante que se haya designado una sola entrada y una sola salida y que la gente lleve mascarilla, porque en otros sitios no se sigue esta recomendación sanitaria”.


“PODÍAN DEJAR MÁS"

Una opinión distinta expresó Irene Soria Meiro, que regenta un negocio de frutas y verduras: “Creo que podrían dejar pasar a más personas que estén en la cola, porque dentro del circuito hay muy poca gente. Encima, nos han cambiado del sitio que ha tenido mi padre desde hace 25 años. ¡La gente se pierde, claro!”.

Los cambios, sin embargo, no impidieron que los compradores más habituales mostraran su entusiasmo por recuperar un espacio en la “nueva normalidad” y saludarse desde lejos. De entre ellos, en su mayoría parejas y personas de tercera edad, resaltó un grupo de amigos jóvenes: “Hemos aprovechado para comprar verdurita -destacó Jon Solar- pero también ha sido una excusa para echar la mañana y vernos un rato”.

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