Ignacio Zoco y María Ostiz reciben en Madrid el "Francisco de Javier"

  • Barcina destacó de la pareja navarra su "forma sencilla y directa de ser y actuar" por la vida

MARÍA ANTONIA ESTÉVEZ. . MADRID

Publicado el 02/12/2011 a las 01:04

Música y fútbol, las dos pasiones que acompañan la vida de Ignacio Zoco y María Ostiz brillaron ayer con poderío durante la entrega del III Premio Francisco de Javier que ambos recibieron de manos de la presidenta Yolanda Barcina. Si por el lado de la música, un arrebatado Iñaki Fresán levantó vivas y larguísimos aplausos entre el público, por el lado del fútbol aquello fue la apoteosis. Pocas veces se habían visto juntas tantas viejas glorias del Real Madrid acompañando al que es hoy su vicepresidente en la Asociación de ex jugadores de su club. Allí estaban Paco Gento, Amancio Amaro, José Emilio Santamaría, Emilio Butragueño, José Martínez "Pirri", Enrique Pérez "Pachín" Benito Rubiñán, José Luis Pérez-Payá, Emilio Macua. entre varios más, la mayoría acompañados por sus esposas. Y junto a ellos, todos los que Zoco y María más quieren y aprecian, su familia, sus amigos, la gente de su tierra que llenó salón de actos del Museo de la Ciudad de Madrid hasta los topes.

Unas palabras del delegado del Gobierno centraron el acto y en ellas no pudo menos de estar presente Osasuna. "Cuidado con Osasuna -dijo Estébanez al nutrido grupo madridista-, entre las risas de la gente, porque está el séptimo y puede seguir escalando puestos mientras que vosotros no podéis escalar ya nada". Desde sus asientos, Juan Pascual Leache, vicepresidente del Club osasunista y el exjugador Adolfo Marañón que habían venido de Pamplona para sumarse al homenaje, sonreían complacidos.

El buen nombre de Navarra

Antes de entregar el premio en compañía de su consejero de Cultura, Sánchez de Muniáin, la presidenta Barcina señaló cómo este galardón con el que el Gobierno foral reconoce a quienes contribuyen al buen nombre de Navarra, "tiene sentido concederlo este año a una pareja ejemplar y admirable, conocida y reconocida a lo largo del tiempo por el conjunto de la sociedad española" y les dio la enhorabuena "por vuestra forma sencilla y directa de ser y de actuar, por vuestro modo de entender la vida y por ofrecer a todos un ejemplo personal y familiar, discreto y cabal, de gran valor". La presidenta no pudo obviar que se encontraba entre muchos navarros y quiso transmitir un mensaje de confianza en estos tiempos difíciles. "Debemos tener confianza en que sabremos superar esta situación, gracias al carácter esforzado de nuestros ciudadanos, que no conocen la palabra imposible cuando se trata de superar dificultades con esfuerzo y sacrificio". Y concluyó: "Os agradezco de corazón a cuantos viviendo en Madrid sentís como propios los asuntos de Navarra. Navarra necesita de todos vosotros, de vuestro ejemplo de personas trabajadoras, leales y cumplidoras; de vuestra voz que explica y convence sobre muchos temas que en Madrid o en otros puntos de España resultan lejanos o incomprensibles; y de vuestro compromiso por mantener y defender el importante papel que Navarra ha tenido y tiene en el conjunto de la Nación española". Fue a continuación que la presidenta entregó a Zoco y María Ostiz el premio y fue después cuando los compañeros madridistas subieron al escenario para felicitarle y hacer la foto de familia.

Imposible reproducir en unas líneas las palabras de Zoco y María en sus discursos de agradecimiento. Los recuerdos biográficos, las emociones, las evocaciones de la tierra común, la mirada al camino recorrido. todo fue tan espontáneo en Zoco como bien condimentado con poesías e incluso con una canción por parte de María. Había lágrimas en muchos de los presentes. Pero pronto Iñaki Fresán subió al estrado y acompañado al piano por Juan Antonio Álvarez-Parejo interpretó vigorosamente canciones, villancicos y jotas. Tuvo que regalar una propina.

Finalmente, con vino de Pago Larráinzar, todos los asistentes se reunieron en el hall para celebrar a los premiados. Todos los navarros que fueron mozos en los años en los que todas estas viejas glorias ponían en pie los estadios de medio mundo, acudieron a saludarles y a recordar aquellos tiempos en los que, otro de los presentes, el también Premio Francisco de Javier del pasado año, Pedro Ábrego, reunía a unos y otros en su restaurante El Txistu.

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