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Vino
El futuro de Bodegas Ochoa está en el suelo
En Bodegas Ochoa, la viticultura regenerativa está articulando una manera de trabajar que implica más conocimiento, investigación y trabajo. Ochoa defiende que el suelo es como un tejido que la naturaleza ha ido cosiendo poco a poco. Un tejido que lo sostiene todo: la viña, el vino y las personas


Publicado el 11/10/2026 a las 05:00
Hay una parte del vino que no vemos cuando descorchamos una botella. Está bajo nuestros pies. La salud del suelo determina buena parte de la capacidad de una viña para afrontar la sequía, gestionar el agua y mantener un equilibrio que, finalmente, también se expresa en la uva. Por eso, en Ochoa, la viticultura regenerativa se ha convertido en una de las principales líneas de trabajo de los próximos años.
La bodega, ecológica desde 2015 y con prácticas de respeto al suelo desde mucho antes, ha ido evolucionando hacia un modelo que no busca únicamente reducir el impacto de la agricultura, sino mejorar activamente la salud del ecosistema. Cubiertas vegetales, reducción de la labranza, materia orgánica, biodiversidad y una gestión cada vez más precisa del agua forman parte de este camino. En un territorio como Traibuenas, donde se encuentran buena parte de los viñedos de Ochoa, con veranos muy cálidos, baja humedad y escasez de agua, cuidar el suelo no es solo una cuestión ambiental. Es una necesidad para garantizar el futuro del viñedo.
Más conocimiento, y mucho más trabajo
La viticultura regenerativa no consiste en aplicar una receta. Al contrario: exige observar más. Conocer cómo evoluciona cada parcela, cuándo intervenir y cuándo es mejor no hacerlo. Analizar el suelo. Estudiar su actividad biológica. Observar la respuesta del conjunto de plantas y organismos. Probar, medir y volver a probar.
Ese trabajo tiene un coste que no siempre aparece cuando hablamos del precio de una botella. Ochoa destina desde hace décadas alrededor del 10% de su presupuesto a I+D+i y participa en diferentes proyectos relacionados con la adaptación al cambio climático, la biodiversidad, el agua y la salud del suelo. Entre ellos se encuentra REPLANTVID, que estudia diferentes estrategias para mejorar los suelos en la replantación de viñedos, y REVIVE, centrado en desarrollar herramientas para avanzar hacia una agricultura más regenerativa.
El objetivo no es investigar por investigar. Es generar conocimiento que permita tomar mejores decisiones en el viñedo, cuidar ese tejido que lo sostiene todo Y ahí empieza también el valor de un vino.
Del cuidado de la tierra a la copa
Un suelo vivo y estructurado puede mejorar su capacidad para retener agua y favorecer el desarrollo de las raíces. Una mayor biodiversidad contribuye a construir un ecosistema más equilibrado. Y conocer mejor cada parcela permite tomar decisiones más precisas sobre la viña.
El resultado buscado no es hacer un vino “sostenible” como concepto de marketing. Es conseguir uvas de calidad y vinos capaces de expresar mejor el lugar del que proceden. En definitiva, hacer vinos interesantes que reflejen un proyecto que también lo es.
Una inversión para las próximas generaciones
Para una familia vitivinícola con seis generaciones de historia, hablar de futuro no es una declaración abstracta. Significa preguntarse qué viñedos quedarán dentro de treinta años y en qué condiciones podrán seguir cultivándose.
La viticultura regenerativa es, para Ochoa, una respuesta a esa pregunta. Una inversión que quizá no siempre se perciba en una etiqueta, pero que está detrás de cada botella: más observación, más investigación, más trabajo y una visión a largo plazo. El futuro del vino no depende únicamente de cómo elaboramos una botella. Depende de que la tierra que la hace posible siga viva. Y esa es la apuesta de Ochoa: cuidar hoy el suelo para poder seguir haciendo los vinos del mañana.