Día Mundial del Farmacéutico
Pedro Iturria, farmacéutico en la calle Estafeta: "Un conocido me comentó una vez que parecía que venían a confesarse"
En 47 años al frente de su farmacia en Pamplona ha visto la evolución de los medicamentos, de las recetas a las TIS o la digitalización


Publicado el 27/09/2026 a las 05:00
En sus 47 años de trabajo al frente de su farmacia, en la calle Estafeta 87, Pedro Iturria Sarasibar ha sido testigo en primera persona de la evolución de la profesión: desde los medicamentos en frascos de cristal hasta los blister de pastillas, desde las llamadas de teléfono para pedir existencias una a una hasta las peticiones a través de ordenador a golpe de un clic, de las recetas en papel a las tarjetas sanitarias...
Pero algo no ha cambiado: “El trato con los pacientes sigue siendo igual. Las personas llegan a la farmacia y hay una comunicación. Confían en el consejo y en lo que les das”.
A sus 75 años, Iturria sigue acudiendo cada día a la farmacia ya que se encuentra en situación de jubilación activa. Es un enamorado de su profesión y afirma que “algún día” tendrá que pensar en serio en jubilarse. Entre tanto, reflexiona al pensar que toda su vida ha estado marcada por los medicamentos.
Y es que su madre, Marina Sarasibar, era la farmacéutica de Huarte y su casa estaba ubicada en la planta primera. De aquellos años recuerda cómo el médico podía presentarse en la botica, cuando no había ni Seguridad Social, a las dos de la mañana buscando algún fármaco para un paciente grave que había que atender. “He vivido siempre entre medicamentos”, añade.
Tras estudiar farmacia en la UN, trabajó tres años en el Centro Farmacéutico Vizcaino, en Vitoria, hasta que su madre le comentó que se traspasaba la farmacia de Conchita Navascués, en la calle Estafeta. Decidió lanzarse. Era febrero de 1979 y hoy sigue al frente de esta farmacia donde también trabaja su hijo Pello. Es la tercera generación de farmacéuticos en la familia. El relevo.
CERCANÍA
Accesibilidad y confidencialidad. Son, a juicio de Iturria, dos características de estos profesionales que vuelan sobre el mostrador y llegan a los usuarios. “Es cierto que ahora todo está informatizado y eso ha sido un gran cambio. Permite mejorar el conocimiento sobre los fármacos, acceder con más rapidez, conocer las contraindicaciones, efectos secundarios... Todo ayuda para una mejor atención al paciente”, explica. Y cualquier ayuda es bienvenida. “La evolución de los fármacos ha sido enorme desde hace 20 o 30 años. Hay muchos que ya no están en el mercado como el Optalidón”, recuerda. “Lo retiraron porque tenía un barbitúrico. Y antes también eran muy comunes los inyectables por vía intramuscular. Ahora casi no quedan”.
No todo es tecnología. Los profesionales de hoy se encuentran día a día con otros retos que antes no eran cotidianos, como la atención de mayores polimedicados o pacientes crónicos. “Muchas veces tenemos que ayudarles. Les preguntamos si han entendido bien las indicaciones del médico, la posología. Es normal que digan que sí y luego resulta que no es así. No recuerdan los nombres o cuándo tomarlos, solo los colores de las pastillas”.
Por eso, sistemas como los dispensadores de medicación son útiles para evitar confusiones, afirma. Es uno de los servicios que ha ido creciendo en las farmacias junto con otros muchos: toma de tensión, de peso, mediciones de azúcar, del perfil lipídico para el colesterol... desgrana Iturria. Un reguero de servicios, que se unen a las fórmulas magistrales, encaminados a la atención personalizada.
Y un plus que no se ve: el ojo del profesional para detectar posibles problemas. “Hay casos en que ves que hay interacciones claras entre fármacos que va a tomar un paciente, por ejemplo si le han recetado uno en el hospital y tenía otro pautado”, explica.
La comunicación con los profesionales de medicina y enfermería está a la orden del día para solventar estos problemas, asegura. Ahí ayuda también la tecnología. Por todo ello añade que las personas que acuden a la farmacia suelen ser agradecidas. “Te explican cómo les ha ido y te cuentan su caso. Un conocido me comentó una vez que parecía que venían a confesarse”, afirma entre risas. ¿Y la jubilación? Pedro mira su hijo que seguirá su camino con nuevos retos e insiste: “lo tendré que pensar bien”.