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AVISO A LAS EMPRESAS: Antes de volver a correr en septiembre, hazte estas cinco preguntas

Volvemos de vacaciones. Se encienden los ordenadores, reaparecen las reuniones y la agenda recupera de golpe su urgencia. Pero antes de volver a correr, merece la pena detenerse ante una pregunta menos urgente, aunque mucho más importante: ¿Cómo queremos que sea nuestra empresa dentro de dos años?

Septiembre es un mes clave para las empresas
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Septiembre es un mes clave para las empresas

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Publicado el 07/09/2026 a las 05:00

Septiembre tiene algo de reinicio. Es también una especie de comienzo de curso para las empresas. Los clientes vuelven, los equipos se reorganizan, los presupuestos empiezan a asomarse y el cierre del año deja de parecer lejano.

En muchas pymes navarras, la maquinaria se pone de nuevo en marcha con rapidez. Tal vez demasiada. Porque el mayor riesgo de septiembre no es tener muchos asuntos pendientes. Es resolverlos todos sin preguntarnos si nos acercan a la empresa que queremos construir.

Una empresa necesita vender, atender a sus clientes, resolver incidencias, pagar nóminas y cerrar cada mes razonablemente bien. Todo eso es imprescindible. Pero mantener la actividad no significa necesariamente hacer avanzar la empresa.

Dos años pueden parecer poco tiempo. Sin embargo, en ese periodo pueden cambiar los márgenes, el equipo, la tecnología, la competencia, las expectativas de los clientes, las obligaciones laborales y hasta la manera de dirigir. Por eso, antes de que la actividad vuelva a imponerse, septiembre puede ser un buen momento para hacer una reflexión breve y útil. No se trata de formular grandes declaraciones, sino de responder con honestidad a cinco preguntas.

1. ¿Qué empresa queremos ser?

Quizá queramos una empresa más rentable, más profesionalizada, menos dependiente de determinadas personas o clientes, preparada para un relevo generacional o capaz de entrar en nuevos mercados.

No existe una única respuesta correcta. Cada empresa debe encontrar la suya. Lo importante es que esa respuesta exista y que sea fruto de una elección consciente.

El problema aparece cuando el día a día acaba decidiendo por nosotros. La empresa sigue funcionando, pero avanza por inercia, atendiendo lo inmediato sin construir una dirección compartida.

La estrategia empieza precisamente ahí: eligiendo qué queremos ser.

2. ¿Estamos preparados para una nueva forma de entender el trabajo?

El mundo del trabajo está cambiando: evolucionan las expectativas de las personas, la relación con la empresa, el liderazgo, la organización de los equipos y el valor de la flexibilidad, la autonomía y el aprendizaje continuo.

El modelo tradicional —puestos estables, funciones cerradas, decisiones concentradas y carreras lineales— deja paso a otro en el que las responsabilidades cambian con rapidez y las competencias deben actualizarse de forma continua.

Preparar la empresa para ese futuro no consiste en seguir cada tendencia ni en sustituir personas por tecnología, sino en crear condiciones para aprender, adaptarse y trabajar mejor juntos.

Prepararse para el futuro exige revisar no solo qué saben hacer las personas, sino también cómo queremos trabajar juntos.

3. ¿Qué temas llevamos demasiado tiempo aplazando?

Un cliente que ha dejado de ser rentable. Un proceso que sigue fallando. Una tecnología que se ha quedado corta. Un cambio organizativo para el que nunca parece llegar el momento adecuado. Una conversación incómoda que vamos posponiendo.

Todas las empresas tienen asuntos pendientes. El problema es que lo que se aplaza no desaparece. Normalmente se complica y se encarece. Esperar tampoco es una decisión neutral. Mientras no abordamos el problema, seguimos dedicándole tiempo, recursos y energía. En ocasiones, incluso acabamos acostumbrándonos a situaciones que sabemos que no funcionan.

Septiembre puede ser un buen momento para identificar qué cuestión no debería llegar pendiente al próximo año. No es necesario resolverlo todo de una vez, pero sí elegir qué conversación debemos iniciar y cuál es el primer paso que podemos dar.

Abordar los temas pendientes es también una forma de sanear y preparar la empresa para el futuro.

4. ¿Nuestra forma de trabajar ayuda al negocio o se ha convertido en un obstáculo?

No siempre hace falta hacer más. A veces conviene revisar si la forma de trabajar ayuda al negocio o lo está frenando.

Conviene observar cómo se toman las decisiones, cómo circula la información, qué tareas se duplican y qué parte del negocio depende todavía de correos, hojas sueltas, WhatsApp o de la memoria de determinadas personas. Cuando la información depende siempre de alguien o cada decisión exige localizar a la misma persona, la empresa pierde eficiencia y el equipo se desgasta.

La tecnología, incluida la inteligencia artificial, puede ayudar si responde a una necesidad real. Pero antes de digitalizar conviene entender qué queremos mejorar; de lo contrario, solo haremos más rápido un proceso que ya era ineficiente.

La tecnología tiene sentido cuando responde a una necesidad real del negocio, y no al revés.

5. ¿Estamos tomando las decisiones a tiempo?

Muchas empresas no tienen problemas por falta de conocimiento o capacidad, sino porque aplazan decisiones importantes hasta que ya no queda ninguna alternativa cómoda.

La oportunidad se pierde cuando llegamos tarde a revisar los costes, reorganizar un equipo, abordar la falta de rentabilidad de una línea de negocio o incorporar la tecnología necesaria.

La diferencia entre una empresa preparada y una empresa desbordada no siempre está en los recursos disponibles. A menudo está en el momento en el que se decide actuar.

Cuando la urgencia obliga a tomar una decisión, se pierde perspectiva, las alternativas se reducen y las soluciones suelen ser más costosas. Por eso, decidir a tiempo no significa precipitarse. Significa observar, contar con información suficiente y no esperar a que el problema decida por nosotros.

Anticiparse no consiste en adivinar el futuro, sino en llegar a él conservando la capacidad de elegir.

De las preguntas a las decisiones

Quizá septiembre pueda ser el mes en el que empecemos a despejar el horizonte de nuestra empresa.

No hace falta elaborar un gran plan ni tener todas las respuestas desde el primer día. El punto de partida puede ser mucho más sencillo: detenernos, mirar la empresa con honestidad, formular las preguntas adecuadas y decidir qué debemos empezar a cambiar.

En MIBOR-Afianza acompañan a las empresas a convertir estas preguntas en decisiones. Lo hacen desde una mirada integral que conecta estrategia, personas, organización, tecnología y asesoramiento fiscal y laboral.
No se trata de ofrecer respuestas prefabricadas. Cada empresa tiene su historia, su realidad y sus propios retos. Se trata de ayudar a cada pyme a identificar qué necesita, ordenar sus prioridades y tomar decisiones posibles, eficaces y rentables.
Porque cada empresa necesita encontrar sus propias respuestas, pero ninguna debería permitir que la urgencia decida siempre por ella.
Este septiembre, la pregunta no es solo con qué intensidad vas a volver. La pregunta es hacia dónde vas a dirigir todo ese esfuerzo.

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