Iniciativa

80 menores con autismo siguen aprendiendo en la escuela de verano en Pamplona

La Asociación Navarra de Autismo (ANA) organiza un año más esta iniciativa en el colegio púbico Ermitagaña

Alumnos, profesionales y voluntarios, en la Escuela de Verano que organiza la Asociación Navarra de Autismo en el colegio público Ermitagaña.
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Alumnos, profesionales y voluntarios, en la Escuela de Verano que organiza la Asociación Navarra de Autismo en el colegio público Ermitagaña.IRATI AIZPURÚA
Alumnos, profesionales y voluntarios, en la Escuela de Verano que organiza la Asociación Navarra de Autismo en el colegio público Ermitagaña.

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Sonsoles Echavarren

Publicado el 13/08/2026 a las 05:00

Juegos en el patio, baños en la piscina, paseos en piragua por el río, actividades para favorecer la atención, para practicar la lectura, la escritura, la motricidad... Ochenta menores de entre 3 y 16 años con algún tipo de Trastorno del Espectro Autista (TEA) siguen asistiendo a clase. Aunque sea verano. Aunque sus colegios estén cerrados. 

“Porque necesitan continuidad y porque las familias vivían el verano con gran angustia”. Así lo explica la directora de la Escuela de Verano de la Asociación Navarra de Autismo (ANA), Amaya Núñez Galar, al frente de esta iniciativa que se desarrolla en el colegio público Ermitagaña de Pamplona desde el 15 de julio a finales de agosto.

Veinte profesionales (maestros, psicólogos...) y ochenta voluntarios lo hacen posible día a día desde 2014. “Si los menores están regulados, tienen más capacidad para aprender. Por eso, lo que ofrecemos es una escuela, no un campamento de ocio”, recala esta psicóloga, que comenzó siendo voluntaria de ANA hace ya doce años.

El programa divide a los niños en tandas de cinco días (de lunes a viernes, el mínimo permitido es de dos semanas), en jornadas de 9 a 14 horas, con comedor incluido. Cada participante cuenta con un voluntario y las clases se dividen, según las necesidades y capacidades. 

VACACIONES EN NAVARRA

Las familias, recuerda Amaya Núñez, aplauden esta iniciativa y muchas vienen de fuera de Navarra (Mallorca, Cataluña, Irlanda, Luxemburgo...) “Hay familias que repiten todos los años y que se reservan sus vacaciones de verano para venir a Pamplona y que sus hijos puedan participar de la escuela”. 

Una de las profesionales que trabaja todo el verano en la escuela es la maestra de Educación Infantil Uxue Goñi Flamarique, vecina de Ansoáin y de 23 años. “Yo no sabía ni lo que era el autismo pero empecé como voluntaria y me produjo un impacto muy grande. Solo quería conocer y aprender cada vez más sobre esta realidad”. La preparación de las actividades, recalca, comienza antes de la escuela. “Estudiamos los informes de los alumnos y, según las necesidades, preparamos los materiales específicos (juegos, lectura, atención, motricidad...)”

Las aulas, todas con el nombre de un animal (caracol, elefante, pingüino...) “porque es algo que identifican muy bien”, agrupan a un máximo de seis alumnos y cuentan con dos profesionales y un voluntario por niño.

 “Se establecen todas las rutinas del día con apoyo de dibujos y cada uno trabaja lo que necesita”, explica la directora, Amaya Núñez. Y recalca la importancia de los voluntarios para que todo el trabajo salga adelante.

 Entre ellas, por primer año, colabora la psicóloga colombiana Laura Sepúlveda Santamaría, nacida en Barranquilla hace 34 años y vecina de Pamplona, a donde vino a cursar un máster en Intervención Educativa y Psicológica en la Universidad de Navarra. “Siempre me ha interesado mucho el mundo de la discapacidad. Tuve una tía con Síndrome de Down, que vivió con mi familia, hasta casi los 65 años. Tenía unas rutinas muy marcadas”. No dudó en apuntarse como voluntaria a la escuela de ANA de la la pasada Navidad y ha continuado en verano. “Me gusta mucho la forma en la que trabaja la asociación con los niños. Cómo están pendientes de lo que necesita cada uno para sentirse cómodo. Se ve toda la experiencia que hay detrás y no resulta nada fácil”, apunta esta psicóloga que en un su país trabajó en una clínica especializada en personas con trastornos del neurodesarrollo, como autismo, TDAH...

 Entre todas las actividades que han practicado, se queda con el paseo en piragua por el río Arga, con Naroa, una de las niñas a las que acompaña. “Fue algo único. Yo nunca había montado pero conseguimos disfrutar las dos”. Cada día, recuerda, es diferente del anterior. “Hay que ver cómo venimos cada uno, cómo hemos dormido... Cada día es una oportunidad perfecta para aprender”. 

Mientras habla, la escucha con atención la directora, quien recalca la formación que ofrecen a los voluntarios. “Antes de empezar se les envían unos tutoriales explicándoles las rutinas. Nunca están solos. Casi todos hemos sido inicialmente voluntarios y les cuidamos”, insiste. Aunque las rutinas son importantes, subraya, también trabajan la flexibilidad. “Si por ejemplo, hay obras y tenemos que ir a otros columpios, lo tenemos que hacer. En la vida, también hay cambios y hay que enseñarles a afrontarlos”.

 Lo explica mientras señala a un niño que se balance en una hamaca en el patio del colegio. “Es movimiento les ayuda a regularse, a tranquilizarse. Pueden salir de clase cuando lo necesitan y así regresan mejor. Si nos empeñáramos estuvieran toda la mañana sin moverse, algunos se pondrían muy nerviosos”. 

300 EUROS POR SEMANA

 El coste de la Escuela de Verano asciende a 300 euros por semana (de lunes a viernes, cinco horas diarias, con comida incluida). La inscripción debe hacerse por un mínimo de dos semanas consecutivas, “para garantizar la continuidad del trabajo y permitir que los profesionales establezcan objetivos individualizados”. 

Desde 2017, el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra financia los proyectos vacacionales, apoyo que ha crecido gracias al trabajo de la Asociación Navarra de Autismo y las familias integrantes. 

Así, las familias presentan la factura de las escuelas y el Departamento reembolsa una parte según la renta. Después, ANA analiza cada caso para devolver, cuando es posible, un porcentaje adicional y así reducir el coste final para los participantes.

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