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Conectividad

Prepararse para lo que no debería ocurrir

Cuando una conexión falla y la actividad continúa con normalidad, la infraestructura cumple su función sin llamar la atención
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Punto estratégico de la red de comunicaciones de WÏKAI en la cima de la Higa de Monrealcedida
Cuando una conexión falla y la actividad continúa con normalidad, la infraestructura cumple su función sin llamar la atención

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Publicado el 25/06/2026 a las 05:00

Durante años, las empresas invirtieron en tecnología para trabajar más rápido. Ahora empiezan a invertir para no detenerse. La digitalización ha multiplicado la dependencia de las comunicaciones hasta el punto de que una incidencia de red puede afectar a la logística, la facturación, las compras o la atención al cliente en cuestión de minutos. Por eso, la continuidad operativa se ha convertido en una prioridad silenciosa para compañías de todos los tamaños, también en Navarra.

Las incidencias tecnológicas suelen convertirse en noticia cuando provocan problemas. Un sistema que se cae, una red que deja de funcionar o una interrupción que obliga a detener la actividad. Mucho menos visibles son los casos en los que la avería ocurre y, sin embargo, nada parece suceder.

Los recientes cortes de fibra óptica que afectaron a cientos de clientes de un gran operador en la comarca de Sangüesa y el Pirineo navarro han vuelto a poner de manifiesto hasta qué punto empresas, administraciones y particulares dependen hoy de las comunicaciones para desarrollar su actividad diaria. Durante varios días, usuarios de distintas localidades sufrieron interrupciones de servicio derivadas de incidencias en la red, una situación que volvió a evidenciar la vulnerabilidad de depender de una única infraestructura de comunicaciones.

El episodio ha reabierto un debate cada vez más presente entre responsables tecnológicos y equipos de dirección: qué ocurre cuando la conexión principal deja de estar disponible y no existe una alternativa preparada para asumir el servicio.

Hace apenas una década, muchas aplicaciones y procesos permanecían dentro de las propias instalaciones de las empresas. Hoy, buena parte de la actividad se desarrolla sobre plataformas externas, servicios en la nube y entornos conectados que exigen disponibilidad constante.

La consecuencia es que una interrupción de las comunicaciones ya no supone únicamente quedarse sin acceso a internet. Puede afectar a la gestión de pedidos, al seguimiento de mercancías, a la relación con proveedores, a la facturación o a la coordinación de equipos distribuidos en diferentes ubicaciones.

“Las empresas son cada vez más conscientes de que la conectividad forma parte de su operativa diaria”, explican desde WÏKAI. “Por eso muchas organizaciones ya no buscan únicamente una conexión principal, sino mecanismos que permitan mantener el servicio si se produce una incidencia”.

Entre las soluciones más habituales se encuentran las conexiones redundantes, los radioenlaces de respaldo o la combinación de diferentes tecnologías y operadores para reducir los riesgos asociados a una única infraestructura.

La tendencia también responde a un cambio cultural dentro de las organizaciones. Si durante años las estrategias de protección se centraron en aspectos físicos o en la seguridad informática, cada vez adquiere mayor relevancia la capacidad de seguir operando ante cualquier interrupción de los servicios esenciales. Los especialistas hablan de resiliencia operativa, un concepto que engloba la capacidad de una organización para mantener su actividad incluso cuando se producen incidencias imprevistas.

En Navarra, donde gran parte del tejido económico está formado por cooperativas, pymes industriales, empresas agroalimentarias y negocios distribuidos por todo el territorio, esta cuestión adquiere una relevancia especial. Muchas de estas organizaciones operan desde ubicaciones alejadas de los grandes núcleos urbanos y dependen de comunicaciones estables para coordinar procesos que no admiten interrupciones.

Por ello, cada vez más empresas incorporan sistemas de respaldo que hace apenas unos años estaban reservados a grandes infraestructuras críticas. La paradoja es que el éxito de estas inversiones suele medirse precisamente por aquello que no ocurre. Cuando una conexión falla y la actividad continúa con normalidad, la infraestructura cumple su función sin llamar la atención. Y es precisamente ahí donde muchas organizaciones empiezan a encontrar el verdadero valor de estar preparadas para lo inesperado.

En ese escenario, operadores especializados como WÏKAI han visto crecer el interés por este tipo de infraestructuras de respaldo. La firma navarra, que da servicio a empresas, cooperativas, administraciones y particulares de toda la Comunidad Foral, trabaja en el diseño de sistemas de comunicaciones redundantes, radioenlaces de alta capacidad y arquitecturas preparadas para mantener la actividad cuando se produce una incidencia. Una realidad que refleja cómo la continuidad operativa ha dejado de ser una preocupación exclusiva de las grandes corporaciones para convertirse en una necesidad cada vez más presente en Navarra.

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