Desafíos de Navarra
Javier Yanguas, gerontólogo: "Envejecer es una época complicada: hay muchas pérdidas y aparece la soledad"
El director científico del Programa de Personas Mayores de Fundación 'la Caixa', Javier Yanguas Lezáun, reflexiona sobre la vejez y recuerda que 4 de cada 10 navarros tendrán pronto más de 50 años


Publicado el 16/05/2026 a las 19:00
Conversar con Javier Yanguas hace reflexionar a fondo sobre la vejez. Pero no sobre los tópicos que se manejan (pensiones, viajes del Imserso, cuidado de los nietos...) sino sobre una realidad que llegará (con suerte) a todos. Javier Yanguas Lezáun (San Sebastián, 1963), hijo y nieto de navarros, sabe de lo que habla. No en vano es uno de los mayores expertos en envejecimiento de España. Doctor en Psicología y gerontólogo, trabaja desde hace más de cuatro décadas con personas mayores y sus familias e investiga sobre esta realidad.
“¿Qué por qué me especialicé en los viejos, como yo les llamo con cariño? Para mí tuvieron mucho impacto mis historias familiares. De niño, viví con mis abuelos paternos y pasaba los veranos con los maternos”, recuerda. Y subraya que, al terminar sus estudios, en contra de lo que hacían muchos de sus compañeros, se decantó por los mayores. “Porque tenían mucho futuro”, se ríe. Director científico del Programa de Personas Mayores de la fundación ‘la Caixa’ desde 2017, colabora con Fundación Caja Navarra en los proyectos sobre nuevas longevidades.
El año pasado publicó su obra más personal, Cuando los volcanes envejecen. Existir desde la mirada del otro: el valor del cuidado (Plataforma Editorial), en el que cuenta cómo transcurrió el cuidado de su madre.
En las casi cuatro décadas que lleva trabajando con personas mayores, ¿cómo cree que ha evolucionado la concepción y la visión de la vejez?
Ha cambiado mucho la manera en la que enfocamos la vejez y el envejecimiento. Antes, cuando uno se jubilaba, llegaba a viejo enseguida, le quedaban cuatro días y eran malos. La gente se retiraba del trabajo y dejaba paso a los demás. Llegaban a los 70 años muy tocados porque habían tenido vidas muy duras. Cuando yo empecé a trabajar en una residencias de ancianos de la Diputación de Guipúzcoa en Eibar en 1989, recuerdo una anécdota curiosa. Cuando un grupo de residentes que habían sido del bando perdedor en la Guerra Civil estaba jugando al billar, se marchaban si llegaban otros que pertenecían a los ganadores. ¡Eso seguía existiendo! Las personas mayores entonces habían vivido la guerra, la posguerra... Actualmente, hay muchos más mayores que entonces y la vejez dura más tiempo, entre un tercio y un cuarto de la vida. Entre los 65 y los 90 años, existe la misma diferencia que entre los 0 y los 25. ¡Y mira que suceden cosas en esa franja de edad! Antes las residencias eran bares baratos donde se jugaba al dominó y a las cartas, se bebía, se bailaba y se ofrecían chocolatadas.
¿Y ahora?
Ya no se considera la vejez como algo único y homogéneo. Existen muchos tipos de longevidades. Las mujeres hace unas décadas no tenían un proyecto de vida propia y ahora hay jubiladas muy empoderadas. También la gente se casaba para toda la vida. En la actualidad, muchas parejas se separan tras la jubilación. El 30% de las personas que se divorcian en España tiene más de 60 años. Pero sigue existiendo el edadismo (discriminación por edad)... Tanto hacia las personas mayores como hacia los jóvenes. Cuando yo era joven, mi abuelo nos decía que lo que nos faltaba era “un par de cojones y un palico”. Las generaciones de mayores siempre creemos que los jóvenes son peores que nosotros.
Me refería a que muchas personas, al jubilarse, parece que pierden valor...
¡Pero es que jubilarte de la actividad laboral no es sinónimo de jubilarse de la vida! Hay personas que dicen lo contrario: “Cuando te jubiles, ya vivirás”. Entonces, ¿qué pasa? ¿Que el trabajo no forma parte de la vida? Es una contradicción. Por un lado, desprestigiamos la vejez pero, por el otro, ahorramos para vivir la buena vida. Hay gente que solo quiere descansar en la vejez y piensa que la felicidad se consigue al no tener compromisos ni obligaciones. Sin embargo, yo no conozco nada bueno en la vida que no provenga de los compromisos (los hijos, la pareja, los amigos...) Creo que existe una mentira con la jubilación y parece la tierra prometida del descanso. Además del desarrollo personal de cada uno, no creo que una sociedad como la navarra pueda prescindir de un 20% de la población. Y dentro de poco, los que nacimos en el baby boom, también formaremos parte y 4 de cada 10 personas tendremos más de 50 años. No nos podemos permitir el lujo de perder tanto talento senior. por eso, hay que integrar a las personas mayores y ofrecerles vías para que contribuyan al bien común. El ‘yo’ se construye siempre con los demás y somos en la medida que somos con otros. ¡Claro que las relaciones, a veces, decepcionan! Pero la decepción forma parte de la vida. Conjuguemos más la primera persona del plural. ¿Qué mensaje lanzaría a una quien se acaba de jubilar?
A esa edad, existen tres tipos de personas. Las que, como explicaba antes, creen que la felicidad o el bienestar estriba en la ausencia de compromisos pero al poco tiempo se dan cuenta de que su vida está vacía. Y ¡ojo! Que yo creo que el placer es importante y todos necesitamos un poco de hidratante para el alma. El segundo tipo de personas es el que al llegar a la jubilación cree que la actividad es una especie de salvoconducto contra la enfermedad. Y se llenan la agenda: van al gimnasio, cuidan de los nietos, cantan en coros, van al cine, viajan... Pero no tienen un compromiso real. El tercer grupo es el de las personas con propósitos y conciencia de estar aprovechando la vida. En este periodo de transición, que es pasar de la vida activa a la jubilación, necesitamos saber qué queremos experimentar. Al final de la vida, la gente suele quejarse de haber hecho lo que querían los demás (sobre todo las mujeres) y no haber pasado más tiempo con la familia y amigos por haber trabajado demasiado. Muchos se arrepienten de no haber puesto luces más largas y no tener un norte. Según las investigaciones, a la gente sin propósito, la vida se le hace muy larga.
DECLIVE FÍSICO Y COGNITIVO
En la vejez llega muchas veces el declive físico y cognitivo propio de la edad...
Si tenemos suerte en la vida, nos morimos de mayores. La alternativa es muy mala (se ríe). ¿Cómo le haces frente a esta nueva realidad? Pues aceptando, siendo flexible, buscando objetivos. Todos firmaríamos por llegar a los 90 años con buena salud. Pero hay que aceptar las goteras. La filósofa francesa Simone de Beauvoir decía que nos negamos a reconocernos en el viejo que seremos. Aspiramos al don de la eterna juventud, no nos damos cuenta de que la vida es finita y nos aterra pensar que estamos aquí de paso. La gente prefiere no hablar de vejez y cuidados, una equivocación. Vivimos en una irrealidad en la que pensamos que nada malo nos va a ocurrir. Pero la condición humana es vulnerable. Pensar que estamos de paso en este mundo, y que como mucho daremos 80 o 90 vueltas al sol, más que ponernos contra las cuerdas nos ayuda a sacar más partido a la vida y a aprovechar el tiempo.
¿Por qué no nos gusta hablar de cuidados?
Porque pensamos que cuidar consiste solo en el cambio de pañal, en la ducha, el baño... Pero el cuidado es una mano amiga y una parte nuclear de nuestra existencia. Una parte esencial del ser humano. En las excavaciones de Atapuerca (Burgos) se descubrió el cráneo de una niña con acromegalia (crecimiento anormal de los huesos). No hubiera podido vivir sin cuidados. Lo que ya ocurría en la Prehistoria, hace decenas de miles de años. A todos nos gustaría llegar sin ningún problema a los 90 años pero no va a ser así. En Navarra no toda la población va a envejecer. Las verdades estadísticas no son verdades personales.
La vejez, además, es una etapa de la vida que entraña muchas pérdidas...
Existen dos grandes aceleradores del sufrimiento humano: las pérdidas y las transiciones (jubilación, que los hijos se vayan de casa, un divorcio...) Envejecer es una época complicada de la vida precisamente porque tienes que hacer frente a muchas pérdidas y aparece la soledad. Si uno llega a mayor, lo lógico es que lo haga muy solo (sin pareja, amigos, hermanos, cuñados...) La vejez, a veces, resulta un lugar muy solitario. No somos conscientes de cómo las personas mayores tienen que adaptarse y deberíamos ensalzar esa dificultad.
Y entonces surge la soledad no deseada...
Que muchas veces se une a los problemas de salud mental (depresión, suicidio...) La soledad está muy ligada a las pérdidas y al deterioro físico. Pero no solo surge en la vejez sino también en otros momentos (cuando nos divorciamos, nos despiden, tenemos que cuidar de nuestros padres...) Pero, ¿cómo no te vas a sentir sola cuidando de tu madre cuando no rindes en el trabajo y piensas que deberías estar con tus hijos? Sola, culpable y con sentimientos ambivalentes: quieres que tu madre esté bien pero, al mismo tiempo, deseas que se muera. Es algo propio del ser humano. Si no aceptamos nuestra vulnerabilidad, no nos estamos enterando de la fiesta.
"La historia de los cuidados no es la del Cid Campeador"
Yavier Yanguas no solo figura como un experto en la teoría sobre las personas mayores. También lo es en la práctica. Durante nueve años, su hermana menor (enfermera y psicóloga) y él cuidaron de su madre, que falleció por las consecuencias de una hemorragia cerebral. Y así surgió su libro ‘Cuando los volcanes envejecen. Existir en la mirada del otro. El valor del cuidado’ (Plataforma Editorial, publicado en 2025), en el que entrelaza su testimonio personal y su bagaje profesional.
¿Por qué era necesario ese libro?
Mi madre murió en 2008 a los 72 años. Se acababa de jubilar hacía poco y era una mujer hipertensa pero muy activa. Sufrió una hemorragia cerebral mientras esquiaba. Del accidente salió bien físicamente pero muy cambiada en términos de personalidad, emociones... En poco tiempo, empezó a tener problemas cognitivos, demencias... Presentaba mucha patología frontotemporal (en la parte frontal del cerebro), por la que sufría problemas de conducta, del lenguaje, desinhibición... Yo siempre había escrito libros o capítulos técnicos pero no existía ninguno, o al menos que yo conociera, en el que se explicara el cuidado de una persona desde los sentimientos del cuidador. Por eso, cogí nuestra historia personal y traté de contar qué es el cuidado que, de alguna forma, somos todos. Somos volcanes y, si tenemos suerte, envejecemos. En el mundo solo existen tres tipos de personas: las que cuidan, las que necesitan cuidados y las que precisarán cuidados en el futuro. Se trata de la historia de todos pero esta sociedad no ha querido contarla porque es de mujeres y no tiene ni media épica. El relato de los cuidados no es el de ningún héroe, de ningún Cid Campeador. Se trata de un relato callado y abnegado.
¿Cómo afrontaron el cuidado de su madre?
Al principio, la cuidamos en casa y al final, cuando ya no la podíamos manejar, la tuvimos que llevar a una residencia. Para mi hermana y para mí resultó muy duro. A pesar de ser profesionales sociosanitarios, era nuestra madre. Bueno, tampoco era entonces muy madre porque la hemorragia la había cambiado tanto que ya parecía otra persona. Tuvimos que hacer varios duelos: la madre que conocíamos murió en la hemorragia y luego teníamos a otra persona a la que tuvimos que aprender a querer de manera voluntaria. Nos despedimos varias veces e hicimos diferentes duelos. ¿Qué repercusión está teniendo el libro? Ya va por la tercera edición y estoy muy contento. Me ha ayudado a entender el punto de vista femenino sobre el cuidado. Me he sentido muy reconfortado porque muchos cuidadores me han escrito para darme las gracias y confesarme que la lectura les ha ayudado, ya que se han sentido reconocidos. El hecho de pensar que he podido ayudarles en algo me hace muy feliz.
Como a ustedes, a muchas personas le “toca” cuidar a sus padres cuando sus hijos aún no son pequeños y están en la 'cresta de la ola' en su trabajo...
Es la llamada ‘generación sandwich’. Mucha gente, sobre todo mujeres, petan.
¿Qué les diría a quienes estén en esta situación?
Que hay que asumir la propia vulnerabilidad y que hay que aplicar estrategias para cuidar mejor. Además, es muy importante compatibilizar la vida personal con los cuidados. Nos cuesta reconocerlo pero darlo todo por los hijos o por los padres resulta un error. Uno se puede comprometer con sus hijos pero ellos tienen que volar. O puede cuidar a sus padres pero no asumir todo el cuidado. Hay que aprender a vivir en un equilibrio inestable, en el que las cosas no va a ser como te gustaría que fueran sino como pueden ser. El problema son las consecuencias emocionales en términos de culpa.
¿Y usted? ¿Teme la llegada de la vejez? ¿Cómo se la plantea?
Me gusta mucho la vida y me da pena que se pase tan rápido. Cuando estamos bien es muy bonita. No temo a la vejez y me gustaría equilibrar mi actividad: abordar retos que he dejado de lado, dedicar tiempo a la familia y amigos, escribir, hacer cosas por los demás. En suma, dejar un mundo un poco mejor. Disfrutando mucho de la vida, que para eso estamos también aquí.