OFRECIDO PORAMARI YOGA
Crecimiento personal
Una joya a orillas del Arga
Cómo descubrí el yoga más liberador, transformador y alegre en pleno valle de Esteribar


Publicado el 18/03/2026 a las 05:00
Como peregrina, he vivido muchas experiencias recorriendo el camino. Pero una de ellas, me sorprendió especialmente. Aunque pensaba que sería una etapa tranquila, hubo algo que varío mi plan.
Mi idea era llegar hasta Pamplona, pero cuando atravesé el puente medieval de Irotz, sentí una energía distinta. Mi mirada se dirigió a un gran ventanal, por el que entraba el sol y a través del cual vi gente haciendo una especie de danza.
Me acerqué atraída por una vibración bonita y, Omkar, al verme, me invitó a pasar con un gesto. Lo que vi allí, a las 10:00 de la mañana de un miércoles cualquiera, era una fiesta limpia.
Personas bailando y trabajándose sin presión, miradas cómplices y sonrisas acariciadas por el sol.
El entorno en el que se encuentra Amari Yoga ya invita a conectar. El cielo azul, luminoso. La energía del río Arga, el ronroneo de los gatos. Empezamos a movernos respirando una secuencia de 4 movimientos. Dulce, casi sensual, la energía iba subiendo poco a poco. Esto me calmaba.
La música que acompañaba los movimientos me hacía sentir muy bien. Había practicado yoga en numerosas ocasiones, pero no de esta manera. La sesión iba fluyendo con una secuencia de asanas que nos conducía a un precioso viaje interno acompañado por el resto del grupo, que, silencioso, disfrutaba de la misma experiencia.


Omkar ha conseguido crear un espacio en el que poder vibrar más alto. Donde no hay juicios, ni dogmas. A lo largo de estos 25 años ha desarrollado un enfoque muy personal del yoga, una espiritualidad libre.
Nada más conocerle percibes que tiene muy vivo su niño interior. El yoga es su juguete y lo comparte para que los demás podamos liberarnos y divertirnos. Una fórmula que funciona.
No en vano, en este medio siglo han pasado por aquí miles de personas. En Amari Yoga no se enseñan posturas, se enseña yoga. Un yoga mágico y alegre, añadiría. Si me preguntaran a qué saben sus clases diría que es un sabor sereno y estimulante. Cruzar su puerta, es entrar en un espacio en el que poder explorar y aprender. Quizá no sea casualidad que la sala esté ubicada en la antigua escuela del pueblo. Cada sesión es diferente y adaptada a todas las personas, combinando ritmo, contenido humanista, trabajo intenso y divertido a la vez. Todo en un ambiente de paz y serena alegría.


Al finalizar la clase, la fiesta matutina, me sentía genial. A la gente le costó un rato desperezarse, y, conforme se alejaban por el paseo del Arga, se oían sus bromas y sus risas. Por eso, os recomiendo conocer a Omkar Carabia y sus clases en esta joya a orillas del río Arga.
También imparte cursos y organiza actividades y retiros en otra sala muy especial que él mismo construyó en Arbizu. Una sala redonda bioclimática con doce árboles enteros trenzados en el techo. He visto fotos y creo que solo estar allí dentro debe resultar sanador.
Un pedacito de Amari Yoga se queda dentro de mí para siempre. Y gracias a su newsletter, o lista de correo, podré seguir leyendo a Omkar un día a la semana. Puedes apuntarte aquí.
Yo volví ya a mi casa, pero si sois de Navarra tenéis la suerte de poder disfrutar de un mago travieso que te puede sanar con su mirada inocente. Un yoga transformador y energético como vía de crecimiento personal y espiritual, alejado de modas y tendencias.
Lo que importa no es lograr una postura perfecta sino hacer perfecta la postura desde el alma que la habita.
Acércate algún día a esta salita a orillas del Camino de Santiago y comprueba que hay más formas de estar en el mundo.





