Inmigración

Chaimae Hainan, premio Navarra de Colores: "Tengo la visión de dos mundos y aceptarme con esa dualidad es lo bonito"

Marroquí de nacimiento, musulmana de religión y española de nacionalidad, Hainan trabaja como abogada en Cinfa y aprovecha sus conocimientos jurídicos para orientar a personas migrantes en sus procesos de regularización

Chaimae Hainan, en la Plaza del Castillo de Pamplona
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Chaimae Hainan, en la Plaza del Castillo de PamplonaMIGUEL OSES
Chaimae Hainan, en la Plaza del Castillo de Pamplona

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Ainhoa Piudo

Publicado el 15/02/2026 a las 05:00

Chaimae recuerda a sus padres siempre implicados en los problemas de los demás, pendientes de trámites y papeleos que no eran suyos, sino de familias cercanas, también migrantes, para quienes la burocracia puede suponer un auténtico muro. De ahí, cree, nacieron tanto su vocación como abogada- “quería saber más sobre todo eso”, como su activismo social- “te das cuenta de que hay muchísima gente que necesita ayuda”. Ese compromiso es el que ha valorado el Gobierno de Navarra, que le ha concedido a esta joven de origen marroquí el premio Navarra de Colores, que “reconoce a las personas o entidades que destacan por representar los valores de convivencia intercultural y lucha contra el racismo y la xenofobia”. “En Navarra hay muchas personas de origen migrante que están ayudando activamente, a población migrante y no migrante”, recalca. 

¿No se pone en valor lo suficiente? 

Más que no poner en valor, creo que no se visibiliza lo suficiente. Este tipo de premios ayudan a que salga un poco a la luz. 

Se asocia al migrante con la persona que recibe la ayuda, no con quien se implica para que otros la reciban. 

Obviamente, cualquier persona que emigra y desconoce el idioma y la cultura, o que tiene una situación que no está regularizada... todo eso hace que esté en una situación de vulnerabilidad y eso la convierte en receptora de ayuda. Pero también es cierto que en España, donde estamos ya con la segunda generación, con hijos de migrantes, hay muchas personas que están contribuyendo a la sociedad. Trabajando y también ayudando a personas que realmente lo necesiten, con independencia del origen. 

DNI
​Chaimae Hainan (Guelmim, Marruecos, 1998) llegó a La Rioja gracias a un programa de reagrupación familiar. Primero migró su padre y cuando obtuvo autorización de residencia, trajo a su mujer y a sus dos hijas. Chaimae se crió en Autol y vino a Pamplona para estudiar Derecho en la UPNA. Se ha asentado en Navarra y trabaja en Cinfa como abogada. El premio reconoce su implicación en iniciativas sociales y comunitarias. Entre otras, es voluntaria en el servicio jurídico de Ikaskide (Fundación Itaka Escolapios) y forma parte de la Asociación Juvenil Al-Rissala, un espacio de encuentro para la juventud musulmana y no musulmana.

¿Su activismo nace de su propia biografía? 

Sí. Siempre digo que creo que el motor de mis acciones o de la forma en la que veo la vida son mis padres. Desde pequeña he visto que, pese a tener ellos también ese factor de vulnerabilidad de estar en un contexto nuevo al haber migrado, siempre han estado para sus amigos; y no sólo para sus amigos, sino para personas que han tenido las mismas vidas, que han venido de sus países de origen y han tenido enfrentarse a cuestiones que parecen básicas y sencillas pero que no lo son para alguien que no conoce el idioma y las reglas. Citas con Extranjería, citas con el médico, etc. 

¿Sus padres ejercían de figura de apoyo para otras personas en este tipo de trámites? Sí. Tengo mucho recuerdo de verles venir siempre con cartas de amigos, de otras personas, de escucharles que habían quedado con alguien que tenía un problema. Es algo que he vivido, y creo que si no lo hubiese vivido, hubiese visto el mundo de forma distinta. 

Su padre migró primero. ¿Fue por cuestiones económicas? 

Al final, por lo que migran todas las personas: por tener nuevas oportunidades. Estuvo trabajando hasta que regularizó su situación y después nos reagrupó a mi madre, a mí y a mi hermana, que todavía éramos muy pequeñas. 

En ese sentido, ¿fue un llegada relativamente cómoda para ustedes tres? 

Sí, fue cómoda. Especialmente si lo comparas con situaciones que he podido ver después en el servicio jurídico de Ikaskide. Familias enteras con la incertidumbre de qué les pasará, niños que se enfrentan a situaciones a las que no debería enfrentarse nunca un niño. El choque que sufren es gigante. En ese sentido, yo he tenido bastante suerte. Cuando yo llegué mi única preocupación era aprender el idioma, que ya me habían estado enseñando antes, y apuntarme a balonmano. Tuve un proceso mucho más pautado que otros niños. 

¿Cuántos años tenía? 

Siete u ocho, no recuerdo bien. 

¿Conserva recuerdos claros? 

Sí, me acuerdo perfectamente del primer día del cole. Es algo que quedará siempre conmigo. Mis padres, los dos, nos dejaron a mi hermana y a mí. Ella, más pequeña, se quedó tan contenta y a mí me costó más. Fue entonces cuando fui más consciente de que estaba en otro país. Soy una persona a la que le cuestan los cambios y aquello era un mundo nuevo. Luego es verdad que me adapté fácil gracias a la ayuda de profesores y compañeros. 

Esto fue en Autol (La Rioja). ¿Cuándo llegó a Pamplona? 

Estudié en Autol hasta la ESO y en Bachiller me fui a Arnedo, pero seguíamos viviendo en Autol. A Pamplona vine yo sola para estudiar la carrera. 

¿Tenía vocación clara por el Derecho? 

Creo que parte de mi decisión viene de esa lectura de cartas y trámites con la Administración que he vivido en casa, de ver que al final hay mucha gente necesita ayuda. Quería saber más. Con todo, yo me dedico a lo mercantil, soy abogada en Cinfa, que es una empresa farmacéutica. 

¿Y cuándo comenzó su activismo social más formalmente? 

Al acabar la carrera empecé en el servicio jurídico de Ikaskide, de Fundación Itaka Escolapios, donde hoy sigo. Al mismo tiempo estaba en el servicio jurídico de la Casa de la Juventud. 

¿Qué papel desempeña, en qué asesora a las familias a las que acompaña?

En lo que tiene que ver con su proceso de regularización, porque son personas que están sin autorización de residencia. Se trata de guiarles en el proceso, indicarles qué documentación necesitan, los plazos, etc. Muchas veces haces más acompañamiento psicológico que otra cosa. Pero sólo escucharles y que tengan ese espacio para desahogarse es súper importante. Muchas personas llegan reprimiendo absolutamente sus emociones, no son capaces de soltar.

¿Son de muchas nacionalidades distintas? 

Suelen ser de distintos países africanos, pero también de Europa del Este o latinos. Incluso algunos españoles, a los que asesoramos con otro tipo de cuestiones administrativas.

Usted es una mujer, joven y con velo. ¿Supone eso una barrera con algunos colectivos, les sorprende verle al otro lado de la mesa? 

Puede ser, quizás algunos no se esperaban eso, pero no he tenido nunca una mala experiencia en este sentido. Con personas de Marruecos o Argelia es una ventaja, al final ven que eres como de las suyas y les puedo atender en su idioma. 

Y fuera del voluntariado, ¿le ha supuesto el velo alguna dificultad? 

No. No llevo mucho tiempo, es una decisión que tomé hace año y medio, y tanto en mi trabajo como fuera de él he sentido bastante comodidad. Desgraciadamente, una de las preocupaciones de las chicas musulmanas es la limitación que el hiyab o velo pueda suponer en cuanto al trabajo. No debería ser así, pero lo es. Y yo no he tenido esas limitaciones. 

Además de en Ikaskide, ¿colabora con alguna otra entidad? 

Estoy también en la asociación Al Rissala, de jóvenes que son musulmanes y que están intentando hacer actividades entre jóvenes musulmanes y no musulmanes también.

¿Cuántos integrantes son? 

Somos once socios fundadores, pero se nos unen voluntarios. Buscamos brindar un espacio seguro y de integración para jóvenes de origen migrante, que tienen esa dualidad de vivir entre dos mundos. También para personas en situación de exclusión social y económica. 

¿Usted se siente todavía entre dos mundos? ¿No ha ganado uno la batalla? 

No. Yo siempre he estado rodeada de personas que han nacido aquí, pero soy una persona que tiene la visión de dos mundos. No soy 100% ni una cosa ni otra, soy una mezcla y con esa mezcla yo me quiero. Esa es mi identidad y, al final, eso es lo bonito. Aceptarte tal y como tú eres, con esa dualidad.

Hainan es abogada y trabaja en Cinfa
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Hainan es abogada y trabaja en CinfaMIGUEL OSES
Hainan es abogada y trabaja en Cinfa

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“No se pueden arrebatar derechos fundamentales por el origen”

¿Convivimos migrantes y población local en Navarra o simplemente coexistimos? ¿Hay un engranaje real? 

No lo creo, creo que hay más una coexistencia. Sí se está empezando a dar que hombres y mujeres de origen migrante están ya yendo a la universidad, está habiendo ese contacto. Pero no veo eso a nivel general, no hay esa cohesión. 

¿Qué nos falta para avanzar? 

La clave son los prejuicios. Vivimos en una sociedad en la que es muy fácil tenerlos. A Navarra le falta ser más abierta en ese sentido, dar oportunidades para conocer a la persona. Se está logrando poco a poco con gente joven, pero creo que aún falta mucho. 

¿Tiene la sensación de que flotan en el ambiente mensajes de odio hacia la población magrebí que antes no se escuchaban? 

Sí, y es algo que me va a preocupar siempre. Me parece injusto que yo, por el hecho de ser marroquí, aunque en realidad ya soy española, tenga que cargar con todos los actos y acciones negativas de todas las personas de origen marroquí. En cierta medida lo entiendo, pero no es equitativo. Al final cada persona se representa a sí misma con independencia de su origen. Yo soy una persona musulmana, soy de origen marroquí. Lo digo siempre que puedo porque forma parte de mi identidad y es algo de lo que estoy plenamente orgullosa. Pero si yo yerro, o hago algo que no casa con la ética o con la moralidad estándar, no significa que todos sean iguales que yo. Eso es lo que más nos afecta a la población musulmana y eso es lo que hace que se incite al odio. Además, hay bastante desinformación y falta criterio y pensamiento propio. Es más fácil señalar que cuestionarse dónde está realmente el problema. Es evidente que si señalas a una persona porque crees que viene a quitarte el pan estás juzgando por juzgar y sabes que ese no es el problema. 

¿A la población local nos cuesta ponernos en la piel de quien llega de fuera y juzgamos a la ligera? 

Navarra es un ejemplo claro de que hay muchas personas que se dedican en alma y cuerpo a ayudar a personas en situaciones de este tipo. Aun así, a la población local le cuesta. Ponernos en la piel creo que no podemos hacerlo ninguno al 100%. Por mucho que yo entienda tu situación no la he vivido. 

¿No alimenta la propia Ley de Extranjería la vulnerabilidad, ese vivir en los márgenes de la sociedad de muchas personas durante mucho tiempo? 

Es verdad que pone a las personas en una situación de vulnerabilidad y exclusión tremendas. Y eso impide la integración. Cuando no se tienen ni siquiera los derechos más básicos reconocidos, cuestiones como integrarse o crear lazos pasan a un segundo plano. No te sientes invitado. En cambio, esa persona seguramente sí va a estar con otras en su misma situación, porque se entienden. Es como cuando alguien tiene un problema de salud, que se siente comprendido en su vulnerabilidad por personas que comparten esa enfermedad. 

¿El racismo es un problema estructural en las sociedades occidentales?

Sí. Sí. Sí lo es. 

¿Qué piensa cuando ve la impunidad con la que actúa la policía migratoria de Estados Unidos? 

Para mí Estados Unidos siempre va a ser el peor ejemplo en cuanto a derechos humanos, es como una purga, un sálvese quien pueda. Las personas tienen derechos fundamentales como seres humanos y no se les pueden arrebatar simplemente por tener otro origen. Además de denigrante refleja falta de ética, de moralidad y de todo lo que implica ser un ser humano. 

Mohamed Amnay, mediador intercultural, delegado de la Comisión Islámico de España en Navarra y premio Navarra de Colores en 2023, hacía un poco autocrítica. “Nuestras asociaciones y comunidades islámicas, incluidas muchas mezquitas, no están haciendo el papel que deberían, no estamos arropando como se debe a los recién llegados ni a los jóvenes migrantes que necesitan orientación”. ¿Qué le parece? 

Estoy y no estoy de acuerdo al mismo tiempo. Entiendo el mensaje que quiere decir Amnay, que además conoce la situación muchísimo mejor que yo. Y por supuesto creo que hay que hacer autocrítica, siempre, pero también hay que tener en cuenta las limitaciones. Una persona o una comunidad puede ofrecer ayuda en la medida en la que puede, con los recursos que tiene y también hay que tener en cuenta las limitaciones. No sé hasta qué punto se puede hacer más de lo que se está haciendo, o se les ofrece hacer más de lo que ya hacen. En la asociación en la que estoy, Al-Rissala, intentamos crear comunidad musulmana, crear vínculo con la sociedad y también intentar ayudar en la medida en la que es posible. Al final es una balanza: hay que ver tanto lo positivo como lo negativo. Si pienso que todo lo hago bien, poco voy a avanzar. Pero pensar que no estás haciendo nada, que no merece la pena, te lleva a desistir. Por ejemplo, las mezquitas, hasta donde yo sé, están haciendo ahora recogida de mantas y demás para personas que están en situación de calle. ¿Se puede hacer más? Siempre, claro. Pero es mejor que nada.

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