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Asesoría
Las residencias que sostienen la vida necesitan ser sostenidas
MIBOR Asesores lleva años acompañando y desarrollando la gestión de centros sociales y asistenciales y destaca la necesidad de una estrategia común acorde a las nuevas realidades que aporte metodología, acompañamiento y visión compartida y que impulse la viabilidad de todos los centros


Publicado el 01/02/2026 a las 05:00
En las últimas semanas han aparecido informaciones de residencias de mayores en Navarra que están al borde del colapso. Situaciones muy preocupantes detrás de las cuales hay personas, equipos y territorios que llevan demasiado tiempo sosteniendo un sistema de cuidados que ha cambiado y evolucionado más rápido que sus propias estructuras.
MIBOR Asesores lleva años acompañando a centros sociales y asistenciales que sufrían crisis organizacional, económica o de gestión. Con un trabajo conjunto con el equipo de cada centro, han logrado superar estas situaciones. Su experiencia les permite afirmar que no estamos ante problemas puntuales, sino ante la consecuencia de un modelo que necesita una actualización profunda y una estrategia compartida.
1. La vocación no es suficiente para sostener centros que ahora son espacios de referencia asistencial
El aumento de la esperanza de vida, los perfiles con deterioro cognitivo, las pluripatologías y la transformación del modelo familiar han generado necesidades asistenciales más intensivas y especializadas. Las residencias de personas mayores han dejado de ser lugares donde “simplemente vivir” para convertirse en espacios de referencia asistencial donde se presta atención sanitaria, social, emocional y comunitaria. Esta nueva visión multidisciplinar viene acompañada de una complejidad creciente que exige coordinación permanente con servicios de salud, trabajo social y entidades locales y exige nuevas estructuras profesionales, equipos estables y modelos de gestión sólidos.
Ante esta nueva realidad, el sector ha demostrado compromiso, esfuerzo y una alta capacidad de adaptación que sin embargo de ha demostrado insuficiente puesto que el sostenimiento de estos centros con una realidad cada vez más compleja no puede sostenerse únicamente con vocación.
2. La fragilidad estructural de los centros rurales
Buena parte de las residencias que atraviesan dificultades actualmente comparten características: ubicación en zonas rurales, escasez de profesionales, infraestructuras antiguas y reducidas estructuras de gestión.
En estas zonas con menos recursos y población, existen varias vulnerabilidades que lastran la gestión y la atención de calidad. Por un lado, es más complicado captar y retener al personal sanitario. Por otro, los costes fijos son más altos y ante la soledad organizativa, la dirección asume tareas técnicas sin disponer de una estructura adecuada.
La consecuencia directa es un sistema extremadamente frágil donde una baja no cubierta, una vacante prolongada o un cambio normativo pueden desestabilizar por completo un centro pequeño. Y la consecuencia indirecta cuando una residencia rural colapsa es un impacto que extiende al territorio ya las familias pierden un servicio esencial y la comunidad es más vulnerable.
3. Open house; una buena base teórica pero un modelo económico inestable y poco equitativo
En este contexto resulta imprescindible reflexionar, con serenidad, pero con claridad, sobre el modelo económico que sostiene actualmente las plazas concertadas en Navarra. La implantación del sistema open house —que permite la libre elección de residencia por parte de la persona usuaria— perseguía un objetivo positivo: flexibilizar el acceso y mejorar la libertad de elección. Sin embargo, la experiencia de estos años demuestra que no ha generado un marco estable ni equitativo para los centros, y está provocando grandes desequilibrios entre unas residencias y otras.
El problema no está en la filosofía del modelo, sino en sus consecuencias económicas ya que los módulos de financiación actuales no se ajustan al coste real, sobre todo en centros pequeños o rurales. La brecha entre el precio público y los gastos de funcionamiento sitúa a muchas residencias al límite de su viabilidad.
Además, el sistema genera una competencia desigual ya que los centros urbanos, con economías de escala y mayor acceso a profesionales, pueden sostenerse mejor que los centros rurales, que parten de estructuras más frágiles. No es un problema de mala gestión, sino de un modelo que no diferencia realidades muy distintas entre sí.
Cuando la financiación no cubre los costes, los centros se ven obligados a recortar servicios o a contener inversiones, lo cual afecta directamente a la calidad. En los casos más extremos, el resultado son colapsos o cierres, con consecuencias sociales evidentes.
4. Una estrategia común para crear un sistema asistencial resiliente y equitativo
La situación requiere una estrategia común, no soluciones aisladas. Navarra ya cuenta con marcos sociosanitarios, protocolos y alianzas locales que han mejorado la atención; ahora es necesario dar un paso más y ordenar el sistema con una visión global.
Un Plan Conjunto permitiría:
Alinear financiación y realidad asistencial
Revisar el encaje entre open house y los módulos de financiación, considerando el contexto rural, los costes reales y la complejidad creciente.
Acompañar a un sector diverso
Navarra tiene residencias públicas, municipales, privadas, cooperativas y entidades sin ánimo de lucro. Todas deben estar representadas para evitar reformas incompletas o injustas.
Reforzar el papel de los profesionales
El sistema se sostiene gracias a equipos que requieren formación continua, itinerarios profesionales, mejores condiciones laborales y espacios de participación.
Construir un modelo cohesionado
Compartir buenas prácticas, crear estructuras de apoyo técnico para centros con menos recursos y garantizar que la calidad del cuidado no dependa del código postal.
Una llamada a construir juntos el futuro del cuidado
MIBOR Asesores ha comprobado que cuando existe metodología, acompañamiento y visión compartida, los centros se estabilizan y recuperan su capacidad de ofrecer una atención de calidad y viable económicamente. Navarra tiene talento, experiencia y compromiso suficiente para liderar un modelo moderno, ético y sostenible.
Solo falta articular un marco común que sitúe en el centro lo esencial: una atención digna, segura y humana para quienes más lo necesitan.
Este es el momento de unir visiones por las personas mayores, por las familias, por las y los profesionales y por la cohesión territorial. Y, sobre todo, por un modelo de cuidados que esté verdaderamente a la altura de la sociedad que queremos construir. Es posible un modelo moderno, ético y sostenible para los centros sociosanitarios