Libros
Francisco Güell: "El 20% de los bebés nacidos en España procede de la fecundación in vitro"
El doctor en Filosofía y experto en Bioética acaba de publicar el ensayo 'El último in vitro', tras sus investigaciones recabadas desde la Universidad de Navarra. El miércoles presenta este título en Diario de Navarra. ¿El tema principal? El mayor riesgo de enfermedades de las personas nacidas a través de técnicas de fertilidad


Actualizado el 21/01/2026 a las 08:53
Sobre las técnicas de reproducción asistida, las enfermedades que tienen más riesgo de desarrollar los nacidos a través de estos procedimientos, la donación de óvulos y espermatozoides o el funcionamiento de las clínicas privadas de fertilidad. Son algunas de las cuestiones que aborda el investigador Francisco Güell Pelayo en su libro ‘El último in vitro’ (autoedición). Un total de 362 páginas con las que, confiesa, se ha “expuesto mucho”. Pero, insiste, sentía la “obligación moral” de informar a la sociedad sobre esta dinámica tan extendida para que las familias conozcan la realidad antes de tomar una decisión. Del total de bebés nacidos en España, entre el 15% y el 20% procede de la fecundación in vitro (FIV), una de estas técnicas. “En el libro no hablo de moralidad, de si algo es bueno o malo. No juzgo sino que acompaño e informo”.
Francisco Güell (Hondarribia, Guipúzcoa, 1977) es el coordinador e investigador principal de un proyecto europeo (Horizonte 2020), por el que lleva siete años analizando la información proporcionada por estas clínicas en ocho países (España, Bélgica, Suiza, Italia, Eslovenia, Macedonia, Albania y Kosovo). Catedrático y doctor en Filosofía y experto en Bioética, Güell es investigador del Instituto de Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra. El libro se presentará mañana miércoles en el edificio histórico de Diario de Navarra (calle Zapatería 49, a las 19 horas). La entrada es gratuita previa inscripción en Mundo DN.
¿Por qué esta investigación?
La idea se me ocurrió un día en casa de mis padres cuando me llamó por teléfono una amiga de mi hermana. Al día siguiente iba a acudir a una clínica de fertilidad y me pedía consejo. Entonces pensé: ‘¿Qué información sería buena que tuviera antes de tomar una decisión?’ Y así surgió el libro. Para ella y todas las familias que se están planteando la reproducción asistida.
Técnicas con más de cuatro décadas de vida. El primer llamado ‘bebé probeta’ nació en 1978 en el Reino Unido pero actualmente son procedimientos muy extendidos... ¿Por qué ahora este libro?
Porque aunque las técnicas resultan muy habituales, la gente dispone de muy poca información. Las clínicas privadas no cuentan toda la verdad respecto de las tasas de éxito (no es lo mismo quedarse embarazada a que la gestación llegue a término y el bebé nazca sano) o el riesgo de enfermedades mucho mayor que pueden desarrollar estos bebés antes, al poco de nacer o a lo largo de toda su vida. No quiero alarmar pero sí que la gente esté mejor informada. Todos los datos que aporto están referenciados.
PREMATUROS O AUTISMO
¿Y cuáles son estas patologías?
El abanico de enfermedades es enorme. Por eso, ha sido más difícil identificar cuál era el origen. Si solo hubiera sido una patología, la alarma social habría sido mayor. Se pueden dividir en tres grupos. Las enfermedades que ya están antes de nacer (malformaciones congénitas cardiacas, respiratorias...), en el momento del nacimiento (grandes prematuros y mortalidad perinatal) y a medio o largo plazo (trastorno del espectro autista, parálisis cerebral, cáncer...)
Dice que no quiere alarmar pero las madres y padres con hijos nacidos a través de técnicas de fertilidad se van a preocupar...
El hecho de que exista un riesgo mayor no significa que vayan a desarrollar las enfermedades. Es como si mis padres hubieran sufrido cáncer de pulmón. Yo tendría más posibilidades y debería hacerme revisiones. Aunque quizá no lo desarrolle. Como también hay personas que presentan estas patologías y no proceden de la reproducción asistida.
¿Todas las técnicas de reproducción asistida entrañan los mismos riesgos para desarrollar estas enfermedades?
No. La reproducción asistida es algo genérico pero hay que diferenciar tres técnicas. La inseminación artificial (introducción de los espermatozoides en el útero), la fecundación in vitro (FIV, en el laboratorio a partir de un óvulo y un espermatozoide y la posterior transferencia del embrión) y la inyección intracitoplasmática (ICSI). La inseminación artificial es la técnica menos invasiva y la inyección, la que más porque para ella se selecciona solo un espermatozoide y se inyecta directamente en el óvulo. Cuanto más invasiva sea la técnica, mayor será el riesgo. En España, más del 90% de los procesos de fertilidad proceden de ICSI, la más invasiva pero la que más beneficia a las clínicas.
¿Qué ocurre con la donación de óvulos y espermatozoides?
La reproducción asistida surge en los setenta para dar respuesta a la infertilidad de las parejas. Pero después se ha ido avanzando y cada vez hay más donaciones (de óvulos, esperma o ambos) para parejas del mismo sexo, distinto o mujeres solteras. En algunos países, como Alemania, hace años que la donación de óvulos está prohibida. Pero España es líder mundial en número de clínicas, de niños nacidos y de turismo reproductivo. A las mujeres que donan óvulos se les paga entre 1.000 y 3.000 euros (por 15 o 20 unidades) y luego se venden a precio de oro. Es un gran negocio para las clínicas. Los niños nacidos de donaciones de gametos tienen, además, el riesgo de desarrollar problemas psicológicos, por no saber quiénes son sus padres biológicos. En España la donación es anónima y las leyes muy laxas pero en otros países se ha prohibido el anonimato y existen protocolos para que cuando el niño cumpla 12 años se organice un encuentro con los padres y los donantes. Se han creado asociaciones de nacidos por donación de gametos y ya están alzando su voz.
¿Y los embriones congelados?
Es la técnica más arriesgada. No es lo mismo que los embriones estén ‘frescos’ que congelados. En estos casos, a medio y largo plazo, existe mayor riesgo de desarrollar diabetes, trastornos del lenguaje, melanomas... ¿Por qué no se habla de esto? Muchos especialistas (neonatólogos, pediatras, obstetras, cardiólogos...) lo llevan viendo hace años en las UCIS neonatales pero no existen estudios y no se dice nada. Sin embargo, la salud pública debería estar más comprometida. El título del libro habla precisamente de esta realidad. Que sea el último bebé in vitro que se conciba sin información.
¿Muchos se sentirán culpables?
Siento de corazón el sufrimiento que el libro pueda ocasionar a algunas familias pero mi obligación es prevenir y proteger. Los padres nunca son responsables de los posibles daños porque confiaron y nadie les dijo nada.
MÁS DE 40.000 EUROS
¿Por qué cada vez se recurre más a las técnicas de fertilidad?
Sobre todo porque se retrasa la edad de tener el primer hijo y muchos ginecólogos, cuando la mujer cumple 40 años o más, la derivan a la reproducción asistida directamente. Pero hay gente que va a las clínicas a someterse a estos procesos y no los necesitan. Me han escrito mujeres, que ahora están en pleno proceso de reproducción, y me han contado que, aunque a sus primeros hijos los tuvieron de manera natural, a los segundos, si ellas suman más de 40 años, les recomiendan ir a las clínicas.
Pero estas técnicas también se llevan a cabo en la sanidad pública...
Sí pero con algunas restricciones (que la mujer sea menor de 40 años, que se trate de parejas del mismo sexo...) Aunque son las comunidades autónomas las que legislan y cada una tiene una normativa. En las clínicas privadas, cada intento (que incluye varios) cuesta entre 6.000 y 12.000 euros pero hay gente que se deja hasta 40.000 porque insiste durante años. El 20% de los bebés nacidos en España procede de la fecundación in vitro pero las parejas que van a las clínicas son muchas más. La tasa de éxito es baja y mucha gente se quedan en el camino. Y esos datos no se conocen.
Según insiste, muchas parejas que acuden a las clínicas no tienen necesidad. ¿Entonces qué deberían hacer?
En muchas ocasiones, no existe ningún problema de salud y solo hay que esperar un tiempo. En otras, pueden existir dificultades por infecciones u otras causas que se pueden revertir (por ejemplo, con una cirugía). Una de cada cuatro parejas que acuden a la fecundación in vitro y no tiene éxito, asiste después a la medicina restaurativa y logra un embarazo de manera natural.