De la dictadura a la democracia

“La lucha obrera era un mecanismo para cuestionar la dictadura”

Joseba de la Torre, catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la UPNA

A: MIGUEL OSÉS F: 8-4¿2025 P: L: PAMPLONA T:ENTREVISTA A JOSEBA DE LA TORRE
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El profesor de la UPNA Joseba de la Torre, en su despacho de la universidadfermín osÉs
A: MIGUEL OSÉS F: 8-4¿2025 P: L: PAMPLONA T:ENTREVISTA A JOSEBA DE LA TORRE

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Marialuz Vicondoa

Publicado el 24/11/2025 a las 05:00

Defiende Joseba de la Torre Campo (Pamplona, 1961) que lo que puede hacer el historiador de la economía es someter los problemas de hoy a la luz de la experiencia histórica. A eso se dedica este catedrático de Historia e Instituciones Económica de la Universidad Pública de Navarra. Y así lo dijo en la última lección inaugural del curso académico del centro. Añadió aquel día que se acude al historiador económico para que el conocimiento del pasado ayude a buscar analogías de hoy y contribuya a tomar medidas urgentes que eviten errores ya vividos. Con esta finalidad, De la Torre, haciendo hueco entre las montañas de documentos de su despacho, arroja luz sobre qué ocurrió durante aquellos conflictivos años de mitad de los setenta.

¿Los años 1974 y 1975 son los más convulsos laboralmente?

En España no había habido desde 1918 tanta conflictividad. Después de la Primera Guerra Mundial se había producido inflación, incremento de beneficios empresariales y caída de salarios reales, lo que provocó mucha tensión. Hasta mediados de los años 70 no se había vuelto a producir conflictos de tanta intensidad.

 ¿En Navarra fue diferente?

Según José Vicente Iriarte Areso, en “Movimiento obrero en Navarra 1967-1977”, Navarra estaba en la 4ª o 5ª posición en número de conflictos y horas perdidas después de Barcelona, Guipúzcoa, Vizcaya... Ocupar ese puesto es estar en el top de las zonas más conflictivas. Es que donde había industria había conflictos.

 Por la importancia de la industria, ¿Navarra tendría que ocupar puestos más arriba?

Estar entre las zonas de mayor conflictividad obrera es un síntoma de que se estaba viviendo un proceso social y político complejo. 

¿Cuál fue el desencadenante? 

En un marco general marcado por la dictadura de Franco, las condiciones de trabajo y la evolución de los salarios no iban al mismo ritmo que la actividad económica y los beneficios empresariales. Había un desajuste a favor de estos últimos. Eso se produce en un marco institucional donde no hay libertades básicas (ni de sindicación, de opinión, de asamblea...) Las primeras reivindicaciones obreras, en los años sesenta, son salariales. Luego, se piden mejoras de las condiciones de trabajo (reducción de jornada, seguridad...) y acaban reclamando el final de la dictadura.

¿Por qué se concentran en 1975? 

Porque en España se produce la primera crisis del petróleo entre 1973 y 1974. El incremento del precio es muy superior al de los salarios y la pérdida de poder adquisitivo alimenta la protesta. El impacto inmediato de la primera crisis del petróleo se produce fundamentalmente en las grandes empresas que han surgido en Navarra especialmente a partir del Programa de Promoción Industrial (PPI). Porque hasta entonces el modelo industrial tenía costes energéticos muy bajos, porque el petróleo era muy barato. Llega el otoño de 1973 y el precio del petróleo se multiplica por 4. Y todas las economías occidentales que habían crecido con factura petrolífera muy barata ven que su estructura de costes se tambalea. 

Y afecta de lleno a las empresas que nacieron bajo el cobijo del PPI.

 Sí, es que la mayor parte de esas industrias forman parte de la industrialización tardía, son muy intensivas en mano de obra, consumen mucha electricidad, emplean a mucha gente... El volumen de las plantillas hace que en la vida diaria en las fábricas vaya surgiendo una organización sindical. Es entonces cuando CC OO, que había nacido a principios de los años 60 de manera clandestina, se infiltra en el Sindicato Vertical y cuestiona ese ‘estatus quo’. Los obreros organizados empiezan a tener capacidad de movilización. No hay que perder de vista que para declararse en huelga por un conflicto laboral había que ser muy valiente porque el sistema represivo de la dictadura no se andaba con chiquitas. Los conflictos se dispararon en el invierno de 76. Hay que tener en cuenta que la mayor conflictividad era industrial, pero también había protestas vecinales y reivindicaciones de los agricultores.

 ¿Cuáles eran las reivindicaciones principales? 

Las de CCOO, según recoge Iriarte, eran primero de tipo laboral (negociaciones de convenio, incremento de salarios y ajuste a la inflación, cumplimiento de los 40 días de trabajo, 30 días de vacaciones, que el IRPF y Seguridad Social recayera en las empresas al 100%...) Pero además hay otras que tienen ya un tono político rotundo, que lo que hacen es reclamar que la dictadura se acabe. En esta línea se pide libertad de asamblea, que entonces estaba prohibida y por la que te podían echar del trabajo si estabas implicado como organizador o participante en manifestaciones (otro derecho inexistente). Se reclama el reconocimiento al derecho a la huelga, libertad de sindicación... Porque lo que regía en la dictadura era el sindicato vertical (que agrupaba por sectores a empresarios y trabajadores porque los sindicatos de clase habían sido abolidos en 1939). 

¿Había reivindicaciones en este sindicato vertical? 

Sí, era el marco de concertación que la dictadura franquista puso en marcha bajo los planteamientos del ala dura de la Falange. Quienes dirigieron la política laboral estaban convencidos de que con un único sindicato integrado por patronos y obreros se podía avanzar en la industrialización del país y mantener disciplinada a la clase obrera. La clandestinidad obliga buscar una fórmula desde dentro del sistema para luchar por el reconocimiento de derechos laborales y de las libertades en general. Si al principio pedían derecho a la libertad de expresión, de sindicación y política, además de libertad de reunión, finalmente, las clases obreras terminaron reclamando amnistía para todos los encarcelados y exiliados por motivos sindicales y políticos. Y todo eso lo pedían las organizaciones de trabajadores en 1974, es decir, en plena dictadura, así como la readmisión de todos los despedidos. Porque estos conflictos llevaban consigo la pérdida del puesto de trabajo para los más significados. Se establecía así una cadena de solidaridad porque los despidos de una fábrica llevaban a que desde otros talleres y plantas pidieran su libertad. Todas estas reivindicaciones llegaron finalmente a incluir la libertad para decidir sobre la vinculación del pueblo navarro con el resto de los pueblos del Estado español. Esto era una reivindicación de carácter puramente política característico del final de la dictadura. Es un ejemplo de que la reivindicación laboral se transformaba necesariamente en la lucha política por las libertades. 

¿Cómo se interpreta esa transformación?

 Sobre esto se sigue discutiendo hoy. Hay quien sigue sosteniendo que la transición fue decidida por las élites del franquismo, incluso por un grupo muy reducido. Pero la historiografía más solvente defiende que sin los movimientos sociales no hubiera habido transición a la democracia.

 ¿Y usted qué cree? 

Que probablemente fue así. Había habido un gran desarrollo económico, 5 millones de personas habían cambiado en los años 60 de domicilio por el proceso industrial y el éxodo rural. Esto quiere decir que se había producido una movilidad social espontánea que generaba procesos de transformación y cambio. Y la dictadura era una anomalía que ya duraba más de treinta años y que se combatió desde abajo. 

Entonces, la conflictividad laboral de 1974 y 1975, ¿es esencial para el cambio político? 

Sí, sí, es algo que suma. De todas formas, la crisis económica continúa en el 1976 y 1977. Porque los efectos de la crisis por los precios del petróleo se van a prolongar ante la inacción de los últimos gobiernos franquistas. Porque es una crisis internacional, aunque se agudizó más en España.

 ¿Por qué?

 Porque se venía de un desarrollo económico que consumía mucho petróleo. Las empresas usaban tecnologías que no iban a poder aguantar la crisis porque no podían sostener la factura energética y tenían plantillas grandes a las que había que pagar salarios golpeados por la inflación. La caída de la actividad es más profunda que en otros países porque la respuesta del gobierno fue ineficaz y la industria del desarrollismo resultó inviable. En consecuencia, la crisis en España fue más intensa y se prolongó más tiempo que en otros países europeos.

¿Qué conflictos destacaría en esos años?

Los de aquellas grandes empresas del distrito industrial de Pamplona, las que habían surgido al calor del PPI. Algunas ya existían, como casi todas las vinculadas al grupo Huarte. También los nuevos sectores de electrodomésticos, coches y sus auxiliares ... que producen productos que demanda una sociedad que busca mejorar su nivel de vida. Son miles de trabajadores los primeros en movilizarse por cuestiones laborales, pero en sus protestas se mezclan las cuestiones de naturaleza política. La lucha obrera sirvió como mecanismo para cuestionar a fondo la dictadura franquista.

En aquellos años, había miedo en la calle. ¿Cómo los recuerda personalmente?

 Éramos unos críos. Recuerdo una huelga de los trabajadores de Imenasa en el barrio de San Juan. Acabamos con unos trabajadores escondidos en una iglesia después de una carga de la policía al salir de la escuela. En ese caso, los obreros se la estaban jugando porque los empresarios en ese contexto tenían casi todo a su favor. En aquella época, gran parte de los conflictos se producían como respuesta a los despidos que se habían producido. 

¿Era negativa la imagen del empresario? 

Es la vieja historia de si el empresario es un héroe o un villano. Puede ser las dos cosas. Es un héroe por arriesgar su capital y crear empleo. Pero puede ser un villano cuando vienen mal dadas. Pero es que no existía un marco de negociación colectiva democrático para que patronal y sindicatos pudieran dialogar. Los empresarios eran vistos entonces como los villanos de la película.

“Ahora se sale de las crisis sin destrucción masiva de empleo”

 Al releer el pasado, ¿qué lecciones pueden sacarse para hoy?

 Que los conflictos se resuelven buscando acuerdos y consensos. Las crisis económicas que se han sucedido en los último 50 años se han saldado casi siempre con destrucción masiva de empleo y devaluación salarial para luego volver a crecer. Eso ha hecho que durante medio siglo hayamos estado con la mayor tasa de desempleo entre los países desarrollados. Sin embargo, desde 2020 se ha producido una ruptura de ese esquema. Perverso. Para solucionar la crisis del COVID19 se recurrió a otros instrumentos de ajuste bien distintos a los del pasado, como acuerdos y concertación para proteger empleo y empresas, o posponer el pago de la deuda de las empresas, ayudas a los autónomos... Esto es lo diferente, que por primera vez se ha salido de la crisis económica sin destrucción masiva de empleo, creando trabajo y absorbiendo a 5 millones de población migrante. No es exactamente una lección del pasado, pero sí supone una ruptura con un problema estructural de nuestra economía. Y confío que no tenga vuelta atrás cuando lleguen de nuevo las crisis. 

¿Hay motivos preocupación en la industria navarra en actualidad? 

No estamos en una situación como para relajarse. La crisis de 2008 se saldó con la destrucción de 15.000 empleos en Navarra. Ya hubo crisis industrial y hubo respuestas de ajuste duro. Tener músculo industrial como tenemos permite salir mejor de las amenazas de crisis. Las crisis llegan y lo que hace falta es contar con mecanismos que permitan dar la vuelta a la situación. Son llamativos y dramáticos los casos vividos recientemente como los de Sunsundegui o BSH. Pero no quiere decir que esto nos esté conduciendo al declive industrial. Navarra tiene suficientes fortalezas, instituciones públicas y privadas como para plantear estrategias para enfrentarse a las recesiones. Los territorios industriales tienen fortalezas añadidas.

DNI

Joseba de la Torre Campo (Pamplona, 1961) es catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), donde ha sido director del departamento de Economía (1992-1994) y decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (2007-2012). Doctor en Historia por la Universitat Autónoma de Barcelona (1989), fue profesor de la Universidad del País Vasco. Se incorporó a la UPNA en 1990 como profesor titular y como catedrático desde 2001. Ha sido investigador invitado en la Maison de Ciences de l`Homme (París, 2000, 2002 y 2004) y Visiting Scholar en el Center for European and Mediterranean Studies de la New York University (2013 y 2014). Ha recibido el Premio Ramón Carande de la Asociación Española de Historia Económica (1989) y el Premio BBV a la trayectoria investigadora (2000). Sus estudios de historia económica se han centrado en los últimos años en la política económica, industrial y energética durante el franquismo y la transición democrática.

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