Protagonistas

Así edificamos la democracia: Diario de Navarra reúne a cinco de los hombres y mujeres que levantaron los cimientos del actual régimen

Sobre los miedos de unos y los anhelos de muchos, un puñado de hombres y mujeres levantaron los cimientos del actual régimen político. Diario de Navarra los reúne para revivir aquel gigantesco reto.

Iñaki Cabasés, Juan Cruz Alli, Víctor Manuel Arbeloa y Milagros Rubio hojean las páginas de un tomo con los ejemplares de Diario de Navarra de 1978 /
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Iñaki Cabasés, Juan Cruz Alli, Víctor Manuel Arbeloa y Milagros Rubio hojean las páginas de un tomo con los ejemplares de Diario de Navarra de 1978 /JESÚS GARZARON
Iñaki Cabasés, Juan Cruz Alli, Víctor Manuel Arbeloa y Milagros Rubio hojean las páginas de un tomo con los ejemplares de Diario de Navarra de 1978 /

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Iñigo Salvoch

Publicado el 20/11/2025 a las 05:00

"Creo que las cuatro personas que estamos hoy aquí éramos personas de convicciones”, defiende Milagros Rubio, poeta y concejal de izquierdas durante 36 años en Tudela, mientras se sienta en una butaca de la biblioteca de la sede de Diario de Navarra, en la calle Zapatería. ¿A los políticos de hoy les faltan convicciones? -echa el anzuelo el periodista-. “No sé, pero si las tienen no lo demuestran demasiado”, interviene el que fuera primer presidente del PNV en Navarra y exconcejal de Pamplona, Iñaki Cabasés. Se acaban de saludar ambos, después de muchos años, con Juan Cruz Alli, expresidente navarro con UPN y CDN, y con el que fuera primer presidente del Parlamento de Navarra, el socialista Víctor Manuel Arbeloa. A la cita no ha podido asistir Jaime Ignacio del Burgo, expresidente de la Diputación foral, convaleciente tras una intervención que no le impide mandar sus reflexiones por escrito.

Entre los otros cuatro, las conversaciones sobre los años pasados, los achaques, los paseos por Pamplona y los nietos van dejando, poco a poco, paso a los recuerdos de la época en que se conocieron y en la que, en medio de grandes tensiones políticas, fueron capaces de escucharse y poner en marcha la Navarra de libertades y derechos que hoy conocemos y en la que la tradición histórica y foral se encajó en una nueva realidad constitucional. Uno a uno van contando cuál fue su papel en aquellos días, las dificultades y anécdotas y la inevitable mirada, 50 años después, a los riesgos y retos del presente.

Víctor Manuel Arbeloa: “En el Parlamento empezamos tres: el presidente, una secretaria y un bedel”

Víctor Manuel Arbeloa (Mañeru, 1 de enero de 1936) admite sin tapujos que cuando murió Franco, en 1975, él no era “nadie” en el mundo político. “Pasé el mes de febrero en la cárcel de Pamplona junto a tres compañeros por no pagar una multa injusta que nos habían impuesto”, rememora. No olvida que ya antes había sido juzgado en el primer juicio del nuevo Tribunal de Orden Público, y condenado, en un primer momento, y absuelto después, por criticar los atropellos de los dos bandos en la guerra civil. “Había escrito varios libros y uno de ellos fue secuestrado por ambas censuras”. Por aquellos días, publicaba artículos en los periódicos y muchas ‘Rimas del Pueblo’.

Arbeloa había iniciado y acompañado la refundación del PSOE y de la UGT en Navarra en mayo de 1974. “No me siento orgulloso de nada, pero sí muy contento de todo lo que hicimos bien”, reflexiona hoy satisfecho. Cuando se le pregunta en qué momento se convenció de que el proceso democrático no tenía vuelta atrás, señala al resultado de la primeras elecciones de 1977: “Estuvo claro que la democracia a la europea en España era cosa hecha”.

Otra cosa es que tocara improvisar sobre la marcha. En 1979, cuando Víctor Manuel Arbeloa fue elegido parlamentario foral con las siglas del PSOE y designado primer presidente de esta institución todo estaba por hacer. “Al día siguiente de constituirse el Parlamento foral, 23 de abril de 1979, éramos tres: el presidente, una secretaria y un bedel. Empezamos literalmente de cero. Éramos casi nada, pero lo tomamos tan en serio, que pronto actuamos como un verdadero Parlamento”, resalta. Sin embargo, aquella situación no solo era nueva para sus protagonistas, sino también para los propios ciudadanos. “A veces recibía cartas a nombre del ‘Parlamento Floral’ y hasta del ‘Parlamento Forestal’. Algunos, confundiéndolo con la Diputación foral, venían a pedirme dinero, subvenciones… Tuve que recorrer Navarra entera para darlo a conocer, llevar los boletines, invitar a los alcaldes a los plenos… Pero en aquellos años de plomo etarra, y roto en dos el partido hegemónico, UCD, había plenos que no sabíamos cómo iban a terminar, y algunos invitados, más que satisfechos, se iban asustados. Pudimos, con todo, rematar la tarea principal que fue el Amejoramiento del Fuero”, se enorgullece.

Sobre el presente reflexiona: “Comparar tiempos es difícil y arriesgado. Hoy vivimos mucho más prósperamente, en una democracia consolidada, dentro de la Unión Europea. Sí que echo de menos aquel espíritu reconciliador muy vivo, que fue el lema de nuestra Transición, de la Constitución española de 1978 y del Amejoramiento navarro”.

Es cierto que años después, Arbeloa vivió la experiencia de ser europarlamentario (1987- 1994) y conocer de cerca “la mejor socialdemocracia europea que, según el programa de Bad-Godesberg (1952), tenía como fundamento la Filosofía griega, el Cristianismo y la Ilustración”. “Cualquier institución política -concluye-, si no tiene un fundamento sólido, acaba teniendo el falso fundamento del poder, cuyos valores son muy otros que los del humanismo integral, basado en la dignidad de la persona humana y sus dos recias alas de libertad y de justicia”.

Iñaki Cabasés: “Lo peor que podría pasar hoy es volver a las andadas de falta de libertades”

Iñaki Cabasés Hita (Pamplona, 15 de febrero de 1952) asumió en 1981 la presidencia del PNV en Navarra. Tenía solo 29 años cuando le eligieron sus compañeros y ya les advirtió por delante: ¡Ojo, que si me elegís voy a ejercer”. Y eso es lo que hizo en un momento en el que los partidos políticos empezaban a salir del “ostracismo” de la dictadura. No le faltaban, dice, “mucha ilusión y ganas de trabajar” para “incorporar la positiva imagen, creatividad y aportaciones que ha realizado históricamente el nacionalismo vasco en el desarrollo de Navarra”.

Cabasés reconoce hoy que entonces era “muy consciente” de que se iniciaba una democracia “muy endeble y de muy baja calidad, condicionada por los poderes judicial, militar y policial, herederos de la dictadura y que seguían en pleno ejercicio”. El golpe del 23 de febrero del 81 -añade- fue un hecho “muy elocuente de esa situación que se vivía con una constitución trufada de franquismo, empezando por el mantenimiento de la monarquía instituida por la dictadura”. De aquella noche recuerda que estaba en casa elaborando unas enmiendas para una norma foral cuyo plazo acababa el día siguiente. Entonces un amigo le llamó para que fuera a su casa y así estar seguro. “Le dije que no se preocupara -relata hoy-, que como presidente del PNV en Navarra no iba a llegar ni al kiosko de la Plaza del Castillo, donde teníamos la sede, si salía de casa”.

Cabasés destaca como una de las mejores cosas de aquella época “el espíritu creativo colectivo que permitió poner en marcha instituciones que no solo no existían, sino que no se quería que existiesen; desde el Parlamento, hasta la Universidad Pública, pasando por todo el proceso de cambio social y del desarrollo del autogobierno reconocido inicialmente”. Por contra, opina que lo peor fue “el retroceso que impuso la presión de los poderes fácticos a la que se plegaron los grandes partidos y que yuguló, y aún se mantiene, el recorte en el autogobierno y algunos elementos de la libertad individual y colectiva”. En todo caso, la recuerda como una época “muy intensa” de debate político “que se caracterizó por la firmeza ideológica de los participantes y un ambiente amable y de respeto personal que ayudaron a hacer mejor las cosas”.

En este sentido, el nacionalista que lanzó el chupinazo como concejal de Pamplona en 2012 afirma que echa de menos “la práctica que vivimos en los inicios de este periodo histórico en el que sabíamos convivir y respetarnos en la diversidad, personas de muy distintos talantes e ideologías”. “Es evidente -describe- el deterioro hoy de las relaciones personales y del respeto entre diferentes, sustituyéndose el debate político por el insulto y la descalificación”.

Y lanza un aviso a las nuevas generaciones: “Creo que la democracia está hoy muy amenazada por la radicalización de los discursos, el nulo respeto institucional y hasta personal, la corrupción y el condicionante de ciertos poderes económicos sobre la libertad de prensa y de opinión”. “Espero -desea- que la ciudadanía se percate de que lo peor que le puede pasar es volver a las andadas de la falta de libertades. Debe ser consciente de lo fácil que es perder la sociedad del bienestar y de que nos estamos cargando nuestro entorno natural y el medio ambiente”. Por ello anima a los jóvenes a asumir el compromiso: “está en sus manos cambiar la sociedad”.

Jaime Ignacio del Burgo: “La aprobación de la Ley de Amnistía fue uno de los momentos más emotivos”

Jaime Ignacio Del Burgo (Pamplona, 31 de julio de 1942) recuerda que en su primer acto político celebrado en el Colegio Mayor Larraona, el 26 de febrero de 1976, defendió que había que reformar la Ley Paccionada de 1841 para devolver al pueblo navarro el libre ejercicio de su soberanía foral y la plenitud de su autogobierno. “En dicha conferencia, frente al ‘Nafarroa Euskadi da’ que atronaba en las calles de Pamplona, proclamé que ‘Navarra es Navarra. Navarra es España’. Y añadí que solo mediante referéndum el pueblo navarro podría renunciar a su identidad”, rescata.

Del Burgo sostiene que estas ideas impregnaron entones la ideología del Partido Social Demócrata Foral (PSDF), del que, en enero de 1977, fue elegido presidente, junto a Juan Cruz Alli como secretario general. El programa social demócrata foral fue después asumido por el Partido Liberal presidido por Jesús Aizpún. “Formamos la coalición Unión de Centro Democrático para presentarnos a las elecciones de 15 de junio de 1977. Obtuvimos 6 de los 9 parlamentarios asignados a Navarra...”. “Mi mayor orgullo -reconoce hoy Del Burgo- fue presidir la UCD que fue capaz, haciendo frente además al terror de ETA, de cumplir todos sus objetivos políticos. Y también haber participado en la redacción de la disposición adicional primera y la disposición transitoria cuarta de la Constitución, sin las que no hubiéramos podido conseguir el Amejoramiento del Fuero”. Revive hoy como el momento más crítico, el que transcurrió desde el otoño de 1977 hasta el primer semestre 1978, aunque presume de que formaron un equipo “imbatible”. Y se convenció de que la democracia ya no tenía vuelta atrás en el momento “en el que el pueblo español aprobó por una mayoría arrolladora en referéndum la Ley sobre la Reforma Política el 15 de diciembre de 1976”.

Vivió de primera mano los avatares de las primeras Cortes constituyentes en Madrid, en las que “todo estaba aún por hacer”. “La Comisión de Asuntos Constitucionales del Congreso -rememora- debatió en mayo de 1978 una proposición del PSOE para proclamar la República. Felipe González anunció que respetaría el resultado de la votación. En contra, votaron UCD, Alianza Popular, Minoría Catalana y PNV. A favor (no llegaron al 30% de la Cámara), el PSOE, el PC y diputados del Grupo Mixto. No volvió a hablarse de esta cuestión en los siguientes trámites del proyecto constitucional”.

Entre las anécdotas señala que cuando se atascaba la Comisión, Alfonso Guerra (PSOE) y Abril Martorell (UCD) resolvían la discrepancia durante la madrugada. Y un chascarrillo de aquellos meses convulsos: “Fue la confusión del terrorista Apala con un detective privado que vigilaba a un senador por encargo de su pareja. Cuando iban a identificarlo, salió corriendo por el callejón de la Iglesia de Cristo Rey, se detuvo cuando los policías le dieron el alto pistola en mano. El senador no se enteró de nada. Al detective por poco le da un infarto”.

Pero, sobre todo, Del Burgo destaca que la Transición fue un período de “reconciliación” y “consenso”. Y afirma que uno de los momentos más emotivos de su vida política fue la aprobación de la ley de amnistía de 1977, la primera aprobada por las Cortes después de su constitución. “Me sentaba en la Mesa del Senado junto a Ramón Rubial, mítico presidente del PSOE y vi cómo se le deslizaban las lágrimas. ‘Miremos hacia delante. Es lo único que importa”, decía.

Y a sus 83 años, Del Burgo saca la fusta política y critica que Zapatero y Sánchez “han reventado el espíritu del 78. Viven mejor resucitando las ‘dos Españas’. Hoy -insiste- ya nadie habla de entendimiento y concordia entre el Gobierno con el líder del Partido Popular. Se ha perdido el respeto en los debates. El jefe de la bancada socialista -denuncia-, asediado por la corrupción de su propia familia, está dispuesto a vender la unidad de España en pedazos. Pero vulnerar la Constitución no es tarea fácil”.

Milagros Rubio: “La violencia más grave era la de ETA y no la condené. Vuelvo a pedir perdón a las víctimas”

Milagros Rubio Salvatierra (Tudela, 11 de junio de 1952)relata que ya antes de la transición estaba comprometida socialmente. “Quizá por eso me propusieron para encabezar la lista de la candidatura municipal tudelana de la Asociación Navarra de Ayuntamientos de Izquierda”. En 1979, con 26 años, fue concejala de Tudela y siguió después con Batzarre hasta 2015. “Me tocó ser cabeza visible de una izquierda que, aunque legalizada, todavía era reprimida”, explica. “Poco después del nombramiento como concejala, un guardia civil mató a Gladys del Estal en una pacífica sentada tras la represión de una fiesta ecologista siendo yo alcaldesa en funciones. Ahí comenzó una larga época de amenazas de muerte y represalias. Así que cuando llegó el 23-F, no dormí en mi casa. Y menos mal porque fueron a buscarme”, desliza.

“Con 26 años, quería cambiar el mundo. Mis recuerdos de entonces -subraya-, tienen que ver con las dificultades de esos años. Por solidarizarme con 11 mujeres de Bilbao que interrumpieron su embarazo, los concejales de extrema derecha me recibían en el pleno con carteles llamándome asesina. Fui perseguida, multada por organizar actos que a veces ni conocía, fui amenazada, me quemaron el coche y el ayuntamiento no lo condenó, allanaron mi casa dejando pintadas ultras en las paredes, algunos familiares tuvieron problemas para encontrar trabajo por apellidarse como yo y un largo etcétera que no ha sido reconocido como violencia política”. “Pero la violencia más grave -adopta un tono serio y emocionado que silencia a los presentes- era otra y no la condené. Internamente condenábamos a ETA, pero en ese contexto hacerlo público creíamos que podía ser hacer el juego a los represores. Grave error por el que vuelvo a pedir perdón a las víctimas”.

Finalmente, Rubio hace una reflexión sobre cómo fue posible el entendimiento pese a las tensiones del momento. “Era un momento diferente. Había un deseo común: salir del franquismo, eso facilitó el consenso. Aun así -prosigue-, había diferencias tanto dentro de los grupos políticos de la derecha, la extrema derecha no estaba de acuerdo en la legalización del Partido Comunista, por ejemplo, como de los grupos de la izquierda, unos por la reforma y otros por la ruptura”. Finalmente, destaca la política tudelana, “la conjunción de la movilización popular y de las decisiones institucionales logró el paso de la dictadura a la transición y a la democracia. El hecho de que el horizonte fuese una mejora sobre lo anterior facilitaba debates de altura”, dice. Frente a ello, Rubio cree que en la actualidad, “a veces veo más preocupación por despotricar contra los adversarios que por mejorar la vida de la gente”, pese a que en positivo ve un debate “libre” y “sin terrorismo”. Y alerta: “También llega aquí la corriente ultraderechista que recorre buena parte del mundo poniendo en cuestión derechos democráticos.

Juan Cruz Alli: “Cualquier tiempo pasado no fue mejor”

Cuando se le pregunta por su contribución a la Transición, el expresidente Juan Cruz Alli Aranguren (21 de septiembre de 1942) se arroga solo el “pequeño” papel de ciudadano “que participó en la creación del ambiente favorable a la movilización para el cambio de régimen y la llegada democracia”. Lo hizo desde los movimientos socio-culturales y los foros políticos del entorno de ‘Cuadernos para el Diálogo’ y organizaciones como ‘Causa Ciudadana’, de la que surgió el Partido Social Demócrata Foral, que formó parte de la UCD.

A partir de la presidencia de Suárez, Juan Cruz Alli apoyó el proceso constitucional y la gestión de la UCD en Navarra como asesor del diputado y presidente de Diputación Juan Manuel Arza. “La actitud centrista-liberal-democrática defiende hoy- fue el espacio de encuentro de ideologías diferentes que, contra los extremismos, hicieron posible la transición”. Y no tiene duda de cual fue el punto de no retorno para la democracia: “La promulgación de la Constitución, a pesar de los añorantes de franquismo y del 23-F”.

Afirma que todo era nuevo, porque se estaba construyendo un régimen constitucional homologable a las democracias europeas, “mientras que las mentalidades y las estructuras autoritarias seguían vivas en el país, dificultando su sustitución”. El éxito fue posible -dice- gracias a la fórmula “de la ley a la ley”, con la que “se desmontó el franquismo con el apoyo mayoritario de la ciudadanía en la reforma política y la Constitución. Fue una rigurosa hoja de ruta marcada en el procedimiento, sobre la que hubo improvisaciones”. De entre estas últimas destaca la importancia que tuvo la “temida” legalización del PC, “imprescindible para dar credibilidad al proceso”.

Frente a las agitadas aguas políticas del presente, Juan Cruz Alli también rescata “el consenso entre muy diferentes ideologías, comportamientos y antecedentes históricos”, lo que, afirma, fue “una convicción-virtud derivada de la necesidad”. “Fue un método de trabajo para alcanzar el fin superior de crear un régimen constitucional con forma de Monarquía parlamentaria. Habiendo acuerdo en cuanto al fin a alcanzar, debía lograrse sobre los medios, asumiendo las diferencias, renunciando al guerracivilismo partidista”, señala.

Por todo ello, habla sin tapujos sobre algunos vicios de la política: “Es radicalmente antidemocrática la dialéctica del amigo-enemigo, del que no está conmigo está contra mí, de la falta de respeto a las personas y su libertad, de hacer política desde los maximalismos ideológicos y de patrimonializar las instituciones. Aunque hoy no se practique esta cultura democrática, quizá lo mejor es que, a pesar de ello, el país y el régimen constitucional sobreviven con riesgos, porque ‘cualquier tiempo pasado no fue mejor”, finaliza.

Reencuentro: el respeto entre los adversarios

Víctor Manuel Arbeloa es el primero en llegar al reencuentro de los antiguos adversarios políticos, programado en la sede de Diario de Navarra en la calle Zapatería de Pamplona. Tras él, aparece Juan Cruz Alli y pocos minutos después lo hace Milagros Rubio, que se ayuda de dos bastones deportivos por un problema lumbar y que está acompañada de su pareja. Se han desplazado en tren desde Tudela. Iñaki Cabasés, que había estado haciendo tiempo tomándose un café, clava la hora de la cita. Allí se enteran de que Jaime Ignacio Del Burgo, aún convaleciente de una intervención, ha excusado su presencia. “Dadle muchos saludos de mi parte”, ruega Milagros Rubio, quien parece sinceramente apenada de no poder estrechar la mano del hombre que se encuentra en las antípodas de su pensamiento político. En la cita podría haber habido más nombres. Seguro que no están todos los que son, pero sí son todos los que están.

Una breve visita por las instalaciones de la sede del periódico ayuda a que vayan aflorando los recuerdos de los días en que juntos, desde la variedad de pensamientos, forjaron una Navarra de libertades y derechos. En la segunda planta, en la antigua biblioteca y rodeados de colecciones de las distintas cabeceras del siglo pasado, los cuatro políticos se detienen ante un tomo abierto con los ejemplares de Diario de Navarra del año 1978.

_“¡Pobre obispo, qué disgustos le dimos! -exclama Víctor Manuel Arbeloa, quien fue sacerdote antes que político, al ver una fotografía de José Menéndez Asensio, el antecesor de José María Cirarda en las diócesis de Pamplona y Tudela-.

_“Es que Menéndez era un místico -replica Juan Cruz Alli-. ¡A quien se le ocurre venir a esta tierra siendo un místico!”.

_“Le llegamos a ocupar el Palacio Episcopal dos veces, pero fue muy bueno con nosotros, no nos castigó”, recuerda agradecido Víctor Manuel Arbeloa.

Siguen hojeando los ejemplares del tomo y Juan Cruz Alli se detiene en las páginas de esquelas. Para su sorpresa, encuentra en ellas a un antiguo amigo del Instituto que murió joven, con 31 años. Alguien le dice a Alli si le quedan amigos vivos o ha escrito ya el obituario de todos.

_ “Yo estoy dispuesto a seguir escribiéndolos”, señala en tono jocoso el expresidente.

_“Pues yo te he encargado el mío -ataja Iñaki Cabases-, pero no me haces caso”.

_“Escribirlo por adelantado no tiene interés”, se deshace como puede Alli.

Pasan más páginas. Entre las crónicas políticas del 78 también se cuelan informaciones locales. Milagros Rubio se fija en una noticia de la sección ‘Tudela y su Ribera’.

_“El Tarazonica volverá a funcionar”, lee Juan Cruz Alli el titular.

_“No volvió a funcionar...” certifica casi con pena medio siglo después la política tudelana.

_“Era un referente: ‘Eres más lento que el Tarazonica’, decían en Tudela”, ilustra Alli.

Los cuatro políticos ascienden ahora a la cuarta planta, a la nueva biblioteca, donde van a grabarse los vídeos para la edición digital de Diario de Navarra. Y las reflexiones comienzan a adquirir mayor gravedad. Milagros Rubio hila una conversación sobre la “polarización política” del momento y el “electoralismo puro y duro de todos los partidos políticos”. “Pienso -añade- que se pierde la esencia de la democracia, que es saber escuchar a los diferentes”, sugiere ante la mirada atenta de sus en otros tiempos adversarios políticos.

Y pese a que los cuatro son políticos de tiempos analógicos, la grabación de los vídeos fluye como la seda. La oratoria, la claridad de sus mensajes, lo hace muy fácil. El reencuentro se les ha hecho corto y se quedan con ganas de seguir conversando. Con la misma naturalidad con la que han llegado, se despiden con un abrazo en la calle y vuelve cada uno a sus tareas cotidianas.

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