Entrevista

La levantadora de piedras de las uñas pintadas: "Siento que mi madre siempre está ahí, ella ayudó mucho en esta vida"

Estefi Echeveste, harrijasotzaile de Ituren con dos marcas establecidas este verano, se preocupa por cuidar sus manos. Lo hace en honor a su madre, a la que guarda en su corazón desde su pérdida en 2009, asesinada por un sicario en Cordovilla

Sentada sobre una piedra, con su nombre escrito, la harrijasotzaile Estefi Echeveste Giraldo /
AmpliarAmpliar
Sentada sobre una piedra, con su nombre escrito, la harrijasotzaile Estefi Echeveste Giraldo /
Sentada sobre una piedra, con su nombre escrito, la harrijasotzaile Estefi Echeveste Giraldo /

CerrarCerrar

Natxo Gutiérrez

Publicado el 05/10/2025 a las 05:00

Estefanía Echeveste Giraldo, Estefi como es conocida en su círculo familiar y de amistades en Ituren y en su faceta pública de levantadora de piedra, tiene un espejo en el que mirarse cada día. No necesita buscar en el exterior para encontrar la fuerza de los desafíos de la rutina y de las exigencias del deporte que practica. En su corazón permanece indemne la imagen de su madre, Yamiled. Antes de tocar la piedra con sus manos, repite un ritual. Levanta su cabeza. Mira hacia arriba. Silencio eterno. “Me gusta hacerlo y pedirle la fuerza que necesito a mi madre. Siento que siempre está ahí. Ella ayudó mucho en esta vida. No hizo ningún deporte pero siempre estuvo ahí. Por lo que me cuenta mi familia fue una mujer luchadora”.

El silencio se escurre entre el sonido del agua resbalando en una fuente en Pioinea, una borda de la familia de Estefi donde el recuerdo de Yamiled permanece grabado. Yamiled Giraldo Quintero fue asesinada en Cordovilla el 25 de abril de 2009 por un sicario contratado por el dueño de un club de alterne que se encontraba encarcelado por abusar sexualmente y obligar a prostituirse a mujeres. Fue denunciado por la mujer de Ituren. En represalia, ordenó su asesinato, tal y como quedó probado en el juicio en el que fue condenado como inductor del crimen. Aquel crimen conmocionó a la opinión pública en Navarra.

Estefi , la harrijasotzaile que levanta con el corazón las piedras siguiendo una de las máximas de sus entrenador, es uno de sus cuatro hijos. Cristofer, Willi y Shaila son sus hermanos. “Es un honor ser su hija”, en referencia a la madre que perdió cuando contaba con 6 años de edad. “No suelo hablar de los temas que me tocan. Este deporte -el de los harrijasotzailes- me ha ayudado a salir de mí. No me gusta que nadie sienta pena”.

La levantadora de Ituren con una piedra sobre su hombro /
AmpliarAmpliar
La levantadora de Ituren con una piedra sobre su hombro /EDUARDO BUXENS
La levantadora de Ituren con una piedra sobre su hombro /

CerrarCerrar

Eso sí, Estefi siente cada logro como un paso más en una demostración por hacerse valer ante penalidades, pesares y comentarios poco afortunados de incrédulos de sus capacidades físicas para hacer lo que está haciendo en el deporte. El 14 de junio en Aizarnazabal (Gipuzkoa), donde logró la marca de las 15 alzadas con la piedra ‘copa’ de 100 kilos, percibió el calor de 40 vecinos de Ituren. “¡Estefi , qué afortunada eres!”, escuchó por el apoyo recibido.

Y ciertamente lo es. En Sunbilla, batió un nuevo récord en agosto. Desde hace once años, Idoia Etxeberria ostentaba la marca con la piedra cilíndrica de 100 kilos en 56 alzadas. La harrijasotzaile de Ituren, la de las uñas pintadas, elevó el listón hasta 59.

UNA MUJER DE GRAN SENSIBILIDAD

Las mismas manos que se preocupa en tener pulcras, en atención a la consigna de dignidad y cuidado de la imagen que inculcó su madre en la familia, acarician las piedras. Levantarlas requieren fuerza en un ejercicio que va más allá del puro esfuerzo físico. Entraña vida. Cada vez que se coloca una de gran peso sobre su hombro, tras marcar cada movimiento “con maña y cariño”, siente desahogarse. “No soy mucho de abrirme” a la gente, confiesa, por su carácter tímido y también introvertido. Bajo la apariencia del esfuerzo, amoldado desde hace año y medio a los desafíos de alzar moles de 100 y más kilos, hay una mujer de gran sensibilidad. “En esta zona”, por Ituren y el norte de Navarra en general donde los sentimientos quedan ocultos bajo la capa de la reciedumbre y la nobleza, cuesta “abrirnos”. La disciplina que practica le sirve de cauce de contacto y apertura en la relación con nuevos conocidos allá donde va y deja su impronta por los logros que va sumando.

Los dos últimos logros han ampliado su palmarés envidiable en una corta andadura en la disciplina, que ha dejado ser, como tantas otras, patrimonio exclusivo de los varones. Al año de iniciarse, consiguió diez alzadas con la cilíndrica de 100 kilos también. Pero además, conquistó el subcampeonato de Euskadi, cuyo título encara esta nueva temporada como un deseo y un reto de superación que tiene consigo misma en todo aquello que se propone.

Eso en lo que son los logros deportivos porque en los de la vida hace tiempo que logró de forma callada y constante acumular varios. Se reconoce “mujer afortunada” por el círculo de amistades que se ha labrado en Ituren y por la trama cercana tejida a su alrededor por su familia, donde encuentra el calor necesario. Su talante es reflejo de la tenacidad, humildad y el trabajo cotidiano, ya sea detrás del mostrador en la posada de Ituren, o en un entrenamiento espartano, estructurado en dos días a la semana en la escuela de Herri Kirolak de Joseba Ostolaza, en Orio; otros dos, en el gimnasio y dos últimas jornadas en el monte.

EL REGALO DE SU CUADRILLA

Mayor prueba de la afinidad afectiva que ha ido granjeándose en su cuadrilla de amigos es la intuición que tuvieron todos ellos en octubre de 2023 cuando, en un viaje sorpresa como anticipo de su regalo de cumpleaños, le condujeron hasta la Escuela de Herri Kirolak de Joseba Ostolaza. “No sabía dónde iba. Me dijeron: ‘acompáñanos a hacer un recado’”. Cuando llegó a Orio y se encontró delante del centro de formación deportivo, supo la respuesta a la incógnita de su destino: “¡Estefi , siempre te ha gustado pero no te atrevías!”. En cierto modo, sus amigos le dieron un empujón para convertirse en harrijasotzaile. “De pequeña tenía fuerza”, reconoce, pero siempre había algo que le retenía. Afición por los Herri Kirolak siempre la hubo en su seno familiar, como espectadora de exhibiciones que se organizaban y que quedaban retenidas en la retina y en el corazón de Estefi .

La imagen de Yamiled Girado Quintero, en la exposición ‘Nieva ceniza’ en Ituren /
AmpliarAmpliar
La imagen de Yamiled Girado Quintero, en la exposición ‘Nieva ceniza’ en Ituren /IVÁN BENÍTEZ
La imagen de Yamiled Girado Quintero, en la exposición ‘Nieva ceniza’ en Ituren /

CerrarCerrar

Y he aquí que, cuando sus amigos le condujeron a Orio, se decidió a probar. Delante de sí tuvo una cilíndrica de 50 kilos. “La levanté”. Luego pasó por una segunda, de 63. “Y también la levanté”. El reto fue en aumento. Con una tercera, de 75, el resultado fue el mismo. “Entonces, me dijeron en la escuela que me quedara, que valía para eso”. Hasta probó con resultado satisfactorio con una esférica de 63 kilos.

Las dudas que le atenazaban para no dar el paso necesario se difuminaron. Vino la parte de convicción a su padre, José Carlos Echeveste Ariztoy, al que en un principio no le gustó la idea de que se dedicara a un deporte “de riesgo físico”. En un primer momento, su abuela, María, puso cierto reparos, por la misma razón. Pero los dos -padre y abuela- le confiaron todo su apoyo al punto de regalarle los dos chalecos que le protegen. Es como si extendiesen un abrazo permanente con una segunda piel.

Arropada con la fuerza del afecto, Estefi es una de las mujeres que se ha adentrado en un mundo hasta hace pocos años vetado a su participación. La idea de que el esfuerzo físico no conciliaba con los rasgos de identidad femenina pesaba más que una piedra en la estructura de roles sociales. Ahora bien, en la progresiva incorporación al mundo de los y las harrijasotzailes, hay matices. La moda del crossfit -una combinación de ejercicios físicos de alta intensidad- , ha dispuesto a mujeres a identificarse y reconocerse como levantadoras de piedras. “No todas valen”, aprecia la de Ituren. “Para ser harrijasotzaile -precisa-, hay que hacer baldarras, que son piedras de río, diferentes todas ellas; y levantar la rectangular, cúbica, cilíndrica, copa, yunque... Por levantar una piedra no se es harrijasotzaile”. Ahí es es nada.

‘Ittungo potrilla’, el apelativo cariñoso de su cuadrilla de Ituren

Ittungo potrilla’ es el lema que luce en la camiseta que visten sus incondicionales, entre ellos, su hermano Willi. Se trata de un leyenda, adaptada a su persona y su figura deportiva por su cuadrilla de amigos a partir del apelativo que se popularizó con la canción de la ‘Potra Salvaje’. Estefi Echeveste lo acoge con orgullo, dice. De hecho, la letra versa sobre “libertad, naturaleza y la búsqueda de un camino propio, reflejando la historia de una mujer fuerte y luchadora”. La silueta la harrijasotzaile, con una piedra al hombro, ilustra la parte posterior de la camiseta.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora